Luke
Mi día era perfecto y todo iba bien hasta que dos inviduos, asquerosos, habían cruzado la puerta.
Mis padres.
Ellos maltrataron a mi hermana de forma psicológica y no fue física, porque antes de que eso pudiera pasar la saqué de esa casa de locos.
No podía perdonarles y menos porque gracias a ellos madure de golpes y de una forma violenta y rápida. Nada de con calma, de la noche a la mañana, tuve que trasformarme en un adulto.
Trabajar, estudiar, para pagar la casa y no me valían unas notas mediocres, tenían que ser las mejores de la clase para conseguir becas.
Así hice, pase un tiempo sin dormir, pero logré mi objetivo. Nos saqué a mí y a mi hermana pequeña desde cero, sin apoyo si quiera.
Después de lo que había vivido este tiempo no iba a soportar que se presentaran en casa de Triana, mi novia.
Cuando al fin la vida me iba bien, para llevarse a la primera persona que quise de verdad, a Naima y la querré siempre.
—judicialmente tú no firmaste nada para llevartela—la luchadora subió junto a Naima y a Millan.
Bajó y se sentó junto a mí—¿está quién es?
—mi novia actual—dije en un susurro.
—rompiste con Mónica, eso es otra prueba por la que no eres maduro, además pareces inestable. Al juez le encantará ver que no estás capacitado para cuidar a una adolescente—Triana me dio la mano y me la apretó. Dándome a entender que yo podía hacer lo mismo si necesitaba soltar fuerzas de algún modo.
—Mónica está muerta
—seguro que tú influiste en su muerte de alguna manera—la luchadora se levantó amenazante y fue al salón de una malahostia increíble.
Era lo que lograban mis padres en las personas. Odio y más odio, sólo habían logrado manipular a una persona, a Naima. Sabía que ella se iría con ellos si así querían, pero yo no iba a permitirlo.
—se llaman Aldara y Alma—Triana venía con ambas niñas en las manos y las sostenía con calma—tienen más de seis meses, medio año, apunta también para el juez que ha sido capaz de cuidar a dos bebés él sólo—mi madre giró los ojos molesta y miró a las niñas con asco. No iba a permitir que mirase a mis hijas de tal manera.
—pero como puedes dejar que ella que no es su madre las coja, no las vio nacer si quiera—replicó el estúpido de mi padre. Yo cogí un pequeño portaretratos que había en la mesa y se lo di.
El día que nacieron esas dos, la primera chica que las tuvo en brazos un rato largo fue Triana.
Ambos impeccionaron la foto y se quedaron como estaban.
—¡Naima! —gritó mi madre esta vez—¿no vas a saludarnos? —no oí respuesta y eso me agobió.
No quería que bajase a verles, es más, no quería ni que se acordase de su existencia.
La niña bajó y respiré fuerte, ella se acercó a mis padres poco a poco y yo sólo tenía ganas de levantarme e impedirle que se acercara más, pero sabía que eso también lo utilizarían mis padres en contra mía. Por lo que me quedé quieto en el sofá.
—Naima—la llamó Triana. La niña miró a la rubia y se paró en seco.
Quizás la luchadora podía parar esto, se había hecho muy buena amiga de ella y eso posiblemente iba a ser útil—recuerda que hagas lo que hagas, eres libre—los ojos de mi hermana lucieron y parecieron que me destellaron—señores Tui, soy Triana Rey luchadora famosa en las peleas clandestinas. Me guste o no, la gente obedece mi palabra, las masas se mueven por mí. No me gustaría tener que hacer que se arrepientan de nada—allí estaba, Triana, de pie, protegiendonos a ambos con una fuerza descomunal y con un cariño que me dieron ganas de llorar.
Su postura era dominante y no parecía querer quitar los ojos de mis padres. Yo más que nadie, sabía, que no era un farol y que si se proponía hundirles, lo podía hacer y sabía que lo haría.
Naima se acercó a ella y la abrazó con fuerza.
Triana me levantó y me abrazó también. Estábamos los tres juntos.
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Desde que te vi
Teen FictionA Triana la dijeron de pequeña que si juegas con fuego te quemas y a Luke que si te metes en medio de una pelea clandestina acabas con un puñetazo en la cara. Un periodista, estudioso, responsable. Una choni, bruta, loca y con una empatia que roza e...
