No es exactamente lo que me hubiera gustado escuchar pero debo reconocer que el ojiazul que tengo al frente merece el derecho a la duda.
Toda la historia que envuelve al pequeño que Alex sostiene en sus brazos es simplemente... triste.
Izan duerme plácidamente entre sus brazos, y Alex tiene una mirada diferente, más...tierna. Le queda espectacularmente bien este nuevo rol. Creo que en unos pocos días ha madurado más de la cuenta.
Me conmueve verlo acariciar la manito de su hijo al tiempo que relata lo sucedido. Me duele saber que una madre enferma y egoísta ha privado al niño de disfrutar de su papá y al mismo tiempo me hace rever el error que estaba a punto de cometer.
- Yo también tengo algo para contarte- digo con el corazón desbocado por la ansiedad. No sé cómo va a tomar lo que tengo para contarle.
-Sea lo que sea no creo que sea tan difícil como ser padre sin tenerlo previsto- comenta más para sí mismo que para mí.
-Créeme que lo es-
-Antes de que me lo cuentes quiero que sepas que agradezco que me hayas escuchado. ¿Qué es lo que debes decirme?- pregunta mientras acurruca a su hijo un poco más como si quisiera recuperar el tiempo perdido.
-Estoy embarazada- largo de una sola vez y sin preámbulos. La cara de Alex es indescifrable. No dice nada, no se mueve. Se queda estático como si su cerebro todavía no pudiese procesar lo que le estoy contando.
-Alex... es tuyo. No llegue a hacer el tratamiento.
El silencio que sigue a mis palabras es... escalofriante. Su boca no pronuncia sonido alguno. Alex me mira como si fuera la primera vez que me ve. Creo que está lejos. Muy lejos de aquí y ahora.
- Cuando te esperé en tu trabajo era para contarte lo.- susurro.
De manera pausada Alex deja a Izan otra vez dormido en el sillón . No dice nada. Lo arropa despacio y lo besa.
Mis piernas son prácticamente de gelatina, me aferro a la mesita que tengo frente a mí y espero con los ojos cerrados la explosión de reclamos que se viene.
Dos grandes manos rodean mi cintura con delicadeza y el calor de su respiración entrecortada golpea muy cerca de mi boca.
Su aroma tan varonil y fresco inunda mis sentidos. No quiero abrir los ojos. Tengo miedo que mi imaginación me esté jugando una mala pasada
-Tal vez...- escucho decir -solo tal vez si me hubieras dado esta noticia diez días atrás mi reacción hubiera sido otra- susurra contra mi boca.
La humedad de sus labios me envuelven en una espiral de sentimientos que no puedo contener. Todo el miedo al rechazo, la angustia y la incertidumbre se traducen en un torrente de lágrimas que no puedo contener. El abrazo se hace más fuerte y necesitado. Envuelvo su cuello con mis brazos y permito que el beso se haga más profundo e intenso. El calor que emana de su cuerpo aunado a su característico aroma varonil encienden mi cuerpo haciendo que miles de terminaciones eléctricas se activen.
Las manos de Alex acarician mis caderas y mi espalda baja con fiereza y necesidad.
El calor, los besos y nuestros cuerpos producen un cóctel embriagador que no quiero dejar de lado.
Nuestras frentes de unen cuando al fin nos separamos en busca de oxígeno. Los labios de Alex están rojos e hinchados producto de la fiereza de nuestros besos. Sus ojos son una tormenta azul que me hipnotiza.
-Te amo.
- Y yo a tí.
- Tenía miedo que me rechazaras con mi hijo.- dice Alex al tiempo que me envuelve con sus brazos y apoya su barbilla en mi cabeza.
Una suave risa escapa de mis labios al tiempo que confieso con los ojos cerrados- Yo también.
Un suave llanto se escucha a nuestra espalda. El pequeño Izan está sentado en el sillón restregando sus ojitos mirando la escena con carita de sueño.
-Me parece que debo contarle a Izan que va a tener un hermanito.- dice Alex contra mis labios.
¡La felicidad tiene esos extraños momentos!
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Mi deseo.
RomantikSabrina Sanders busca comenzar de nuevo. Aunque nunca le faltó nada económicamente, su vida siempre fue muy solitaria. Desea por fin formar una familia pero no quiere compromisos ni ataduras con nadie. Está decidida a ser madre soltera a pesar de su...
