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Miércoles

Entro en la academia con mi guitarra a la espalda. En la recepción hay más personas, esperando a la audición. Están hablando entre ellos amistosamente. Decido integrarme y empezar a hablar con alguien. Me acerco a una chica morena, más o menos de mi altura y de ojos marrones. Su estilo denota que le gusta el rock -pantalones pitillos negros, una camiseta de The Beatles unas zapatillas negras- y que, probablemente, cante ese género.

―¡Hola! ¿Qué tal?

―Bien, un poco nerviosa por la actuación, ¿y tú?

―También un poco nerviosa -coincido con ella y nos sonreímos -. Soy Chiara.

―Fátima, encantada.

―Igualmente. Mucha suerte en la audición -le deseo sinceramente.

―Lo mismo digo. ¿Vas a hacer la audición en acústico? -asiento con la cabeza- ¡Me encantan las canciones así! -se ríe y yo le sonrío.

―No sabía si se podría poner una pista musical o si era a capella... Así que me he traído la guitarra por si acaso -admito un poco avergonzada. Se me olvidó preguntárselo a Eduardo.

―Se puede pista musical. Es a tu eleción. Yo he elegido pista musical -se saca del bolsillo un pen drive -. He hecho, por lo menos, cinco copias de la canción y he añadido varias pistas más por si acaso..

―Hay que ser precavidas -compartimos unas risas -. ¿Qué canción has elegido?

―Don't stop me now de Queen.

―¿¡EN SERIO!? -Fátima asiente con la cabeza, contagiada por mi felicidad -Yo voy a cantar Love of my life.

―Queen nunca pasa de moda -celebra Fátima, alzando el puño. Repetiría su gesto, pero me da vergüenza, así que me limito a sonreír.

Carolina nos avisa de que tenemos que seguirla. Por lo visto, la academia cuenta con una sala de tamaño medio destinada a dar conciertos, supongo que de los alumnos de la academia. Eso es lo de menos ahora mismo.

Saludamos a los cuatro profesores, que serán nuestros jueces y están sentados en la primera fila. Carolina nos indica con un gesto que nos sentemos en las butacas. Una vez que estamos todos sentados, Eduardo se levanta de su asiento y se gira para estar en frente de nosotros.

―¡Buenas tardes! Soy Eduardo Pérez, uno de los profesores de canto de la academia. En primer lugar, gracias por venir. Todos estamos deseando escuchar vuestro talento. Seguro que todos tenéis buenas voces, pero, como sabéis, solo contamos con dos plazas. Voy a comentaros cómo se va a realizar ls prueba. Os iremos llamando y suberéis al escenario. Allí, los que vais a utilizar pista musical, le dejáis el pen drive al técnico y luego cantáis. Después, os mandaremos por carta si habéis sido aceptados o no. ¿Entendido?

―Sí -gritamos todos al unísono.

―Bien. Podemos empezar ya.

Eduardo va llamando uno por uno. Todos los candidatos cantan sus canciones y me doy cuenta del gran nivel que hay. Tienen voces bonitas y han seleccionado canciones que se ajustan a su voz.

Llega mi turno.

Me subo al pequeño escenario. Me presento y comunico qué canción voy a cantar y tocar. Los acordes de la guitarra acompañan mi voz, haciéndome disfrutar. Cada palabra, cada frase la siento en mi corazón y se nota en mi voz y en mi manera de interpretar. Acabo la canción y me siento satisfecha. He dado lo mejor de mí. Estoy contenta con mi actuación. Eso es lo principal. Si no me aceptan, no pasa nada en absoluto.

Tras de mí cantan tres personas más y la audición termina. Me despido de Fátima y en vez de irme a casa, me doy una vuelta por la zona. Quiero hacer una cosa si se da el caso.

Y se va a dar.

Diviso a Alex sentado en un banco, en frente de un supermercado, con el vaso de plástico en el suelo para que le dejen dinero. Me da pena verle así, que tenga que depender de la limosna de los demás. Me dan pena todos los vagabundos. No puedo ni imaginarme cómo será vivir así. ¡No quiero imaginarme dónde duerme!

Alex sonríe al verme. Le devuelvo la sonrisa. Me siento a su lado.

―¡Buenas tardes! ¿Qué te trae por estos barrios?

―¡Buenas tardes! He tenido una audición en una academia de música -le muestro la guitarra.

―¿Qué tal te ha ido? -pregunta con curiosidad.

―Yo creo que bien. Solo quedan dos plazas y nos hemos presentado 10. Pero, bueno, yo he salido contenta -me encogo de hombros.

―Eso es lo importante: estar contento con el trabajo de uno mismo. Si luego te aceptan, ya es la guinda del pastel. ¿Cuándo te lo dicen?

―El viernes nos mandaran una carta con la respuesta.

―Ojalá tengas suerte y te acepten -me desea.

―Gracias.

Toca hacer mi plan: Saco la guitarra de la funda y dejo la funda abierta en el suelo. Cojo el vaso de plástico y vierto el dinero que hay en él. Alex me mira confundido.

―Te voy a devolver el favor que me hiciste -le explico.

Empiezo a tocar y a cantar. La gente se para a escucharme, haciendo un círculo. Unas se quedan un rato y otras más tiempo. La funda se va llenando de monedas de diferente valor. Disfruto dando este pequeño concierto. Observo algunos móviles que me graban, pero no me importa. Estoy haciendo lo que más me gusta y, además, estoy ayudando a Alex.

Tras estar aproximadamente unos veinte minutos cantando, me detengo. La gente me aplaude y me dice que canto genial y, después, siguen su camino. Dejo mi guitarra apoyada en el banco mientras Alex cuenta el dinero que han echado a la funda.

―Aquí hay casi 26€ -me comunica feliz y riéndose.

―¡Eso es increíble!

―Es muchísimo más de lo que te presté -se pone a dividir el dinero y me entrega la mitad.

―De eso nada. Todo es para ti -le señalo.

―Ahora soy yo quien no puede aceptarlo. Tú has cantado, te mereces, al menos, una parte de la recaudación.

Sonrío ante su generosidad y humildad. Es genial que una persona que necesita dinero tenga estos principios. Es realmente admirable.

―Lao-Tsê dijo: «Da y tendrás en abundancia». Me ayudaste cuando lo necesité y solo quería devolverte la ayuda de la manera que sé.

―¡Muchas gracias, de verdad! -se limpia una lágrima que se le ha escapado.

―No hay de qué.

―Voy a tener comida para dos semanas -celebra y sus ojos le brillan.

Estoy super feliz de haber podido proporcionarle dinero para comer durante tantos días. Es genial poder contribuir a esa felicidad.

―¿Te puedo hacer una pregunta?

―Claro, sin problema.

―Espero no ofenderte ni incomodarte, no es mi intención. Solo quiero conocerte un poco más: ¿tienes familia? Si no quieres, no contestes. No pasa nada.

―Tranquila. No tengo familia. Me abandonaron cuando tenía siete años. Estuve en un orfanato, pero nadie me adoptó. Suelen adoptar a los más pequeños. Cuando cumplí la mayoría de edad, me echaron del orfanato sin tener nada. Te dejan a la aventura, que te busques tú mismo la vida -me explica.

Una lágrima desciende por mi mejilla. Me apena su historia. Me duele saber que ha sido abandonado y que le han dejado solo. No se lo merece. Nadie se lo merece. No puedo imaginarme cómo le ha podido afectar eso, en todos los niveles. Tiene que ser duro.

―¡Hey! -me llama la atención. Le miro. A pesar de que lo que me está diciendo es triste, él mantiene la sonrisa -. No llores. Hay que aceptar las cosas para poder seguir adelante. Y en eso estoy ahora: en seguir adelante sin dejar que mi pasado me afecte. No lo puedo cambiar, solo puedo aceptarlo y centrarme en el presente.

―Te admiro, de verdad -le confieso -. No sabes cuánto me has enseñado en los dos días que hemos estado juntos. Seguro que el futuro te deparará algo bueno. Quien lucha, lo consigue. Y deseo que así sea.

―Gracias -me sonríe -. Hay que tener esperanza.

―Sí. ¡Esa es la actitud! -nos sonreímos. Miro mi reloj -Tengo que irme ya -hago una mueca de tristeza.

―No pasa nada -me tranquiliza -. Me ha encantado esta tarde contigo -me sorprendo de esta confesión y él lo nota -. ¿Por qué te sorprende?

La timidez vuelve a mí, por primera vez con él.

―Eh... Porque casi nadie me lo ha dicho antes -respondo tímidamente, sin atreverme a mirarle a los ojos.

―Pues te lo tendrían que decir más, porque es agradable estar contigo -me asegura con una gran sonrisa, mientras yo me ruborizo.

―Eh... Bueno... Supongo -Alex se ríe para sí mismo -. Tengo que irme, Alex.

―Vale. Muchas gracias por todo, otra vez -me repite, sonriendo.

―Otra vez, no hay de qué.

Me estoy yendo cuando escucho la voz de Alex, llamándome. Me giro. Él se ha levantado del banco, supongo que para ir a donde tenga que ir.

―¿Nos volveremos a ver? 

La riqueza del corazón || Alex Hogh Andersen || #Wattys2019Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora