―No puedo creer que estés con él.
Pablo se apoya en la taquilla de al lado de la mí mientras estoy cogiendo el libro y el cuaderno de Historia.
―Tampoco puedo creer que estuve contigo, Pablo.
Cuando camino para ir a clase, Pablo lo evita cogiéndome de la mano. Me quedo quieta con los brazos cruzados y mirándole con dureza.
―¿En serio prefieres estar con él antes que conmigo?
―Sí. No volvería a caer en el estúpido error de volver contigo. Álex es infinitamente mejor que tú.
Y, sin más dilación, me voy sin darle tiempo a responder. Tampoco me interesa hablar con él. Entro a clase y ocupo mi lugar. A los poco minutos de empezar la clase, Vanessa (la orientadora) interrumpe la explicación del profesor y, tal y como he supuesto cuando la he visto, pide hablar conmigo.
Ninguna de los dos habla en el camino al despacho. Sospecho en qué dirección puede ir la charla y mi actitud es ya de cansancio, porque siempre es lo mismo. ¿No puede entender que estoy bien sola?
―¿Qué tal va todo? -me pregunta Vanessa, sentándose en su silla.
―Muy bien.
―Me alegro. ¿Ya has hecho alguna amiga en el instituto?
Ruedo los ojos.
―No -me encojo de hombros, mostrando indiferencia.
―¿Y fuera?
―Sí -respondo seca. No quiero hablar de este tema más, por eso no digo completamente la verdad.
―Eso está muy bien. Las amistades forman parte de nuestra naturaleza. Las necesitamos para desarrollarnos como personas.
La misma historia de siempre, que si los amigos nos ayudan a crecer como personas y blablaba. No estoy muy de acuerdo con eso en base a mis experiencias.
―Todas las amistades que he tenido hasta ahora me han traicionado, me han hecho sufrir con sus engaños y mentiras. No veo que eso ayude a desarrollarme como persona, al contrario -discrepo.
―No puedes dejar que tus experiencias pasadas te condicionen -me aconseja.
―He estado haciendo eso hasta este año. Dando oportunidades a muchas personas y sintiéndome defrauda por todos. Me han hecho ver que muy pocos, por no decir nadie, se merecen ese calificativo.
―Pero, me acabas de decir que tienes amigos.
Vale. Ya me ha pillado y voy a tener que explicar todo lo que siento y pienso acerca de esta cuestión.
―Sí, bueno. Por llamarlos de alguna manera. Me llevo bien con ellos, salgo con ellos, pero todavía no he hablado con ellos de temas importantes, solo de cosas superficiales, por así decirlo. O sea, cosas que no me importa que sean contadas a otra gente.
―¿Por si te fallan como amigos y van contando cosas privadas de ti? -adivina la orientadora.
―Exacto.
Ya me ha pasado un montón de veces. Los que consideraba como amigos han ido contando las confesiones que en un momento les conté y que eran privadas. Así que he creado una muralla y he decidido no abrirme a otras personas tan rápidamente.
―¿Cuándo los conocistes?
―Al comienzo de curso.
―En mi opinión, creo que, por tus experiencias pasadas, necesitas más tiempo para confiar en alguien. Si ya tienes un grupo con el que relacionarte, el proceso de confianza fluirá y, poco a poco, volverás a creer que la amistad existe.
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La riqueza del corazón || Alex Hogh Andersen || #Wattys2019
Teen FictionLas decepciones en sus amistades han hecho que Chiara no confíe en nadie y que haya perdido el interés en hacer amigos. Para ella, el maravilloso mundo de los libros es la mejor compañía. Los libros nunca te fallan, no te engañan. Alex, un joven de...
