Lo mejor de la semana son los días que tengo academia, porque eso significa que, además de cantar, que es lo que más me gusta, estoy con Alex. Es lo único que me anima: pensar en esos días.
El buen rollo que se respira en las clases de canto, es muy diferente al que hay en el instituto, donde solo percibo rechazo e indiferencia. Aquí estoy más a gusto, aunque aún me cuesta un poco abrirme, pero, poco a poco, lo conseguiré.
―El sábado podemos cenar y, después, ir de fiesta -propone Kevin cuando salimos de la academia-. He oído que va haber karaoke en el bar Californian.
―Cena y karaoke, ¡guauuuu! -celebra Ruth, elevando el puño y sacándonos unas risas.
―¿Quién se apunta? -Kevin señala a cada uno de los que estamos.
Todos nos apuntamos, así que ya tenemos plan para este sábado y, realmente, estoy emocionada a la par que nerviosa. Va a ser la segunda vez que salga con alguien, en este caso, la primera vez que salga en grupo, desde que llegué a Zaragoza.
―¡Hola, Alex! Te vas a aburrir de verme tan seguido -bromeo mientras me siento a su derecha.
―Creo que eso no pasaría -se ríe.
―¿Lo de vernos tan seguido o lo de aburrirte de verme? -pregunto confusa.
―Lo de aburrirme de verte.
Me derrito con su sonrisa. Es tan perfecta. Chiara, ¿qué te está pasando?
―¿Hacemos lo de el otro día? -propongo y Alex asiente con la cabeza.
Tras comprar en el supermercado lo que va a ser nuestra merienda, nos dirigimos, de nuevo, a Fuente Dulce y ocupamos el mismo sitio que las dos anteriores veces.
―Creo que este lugar lo tenemos que bautizar como nuestro -bromeo.
Alex se ríe y, corriendo, se dirige hacia la fuente que se ubica en el comienzo de Fuente Dulce, se moja la mano derecha abundantemente y regresa corriendo. Yo le miro con curiosidad y extrañeza.
―Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo -recita mientras hace la señal de la cruz -como el banco de Alexiara.
―¿Alexiara? -pregunto aguantándome el ataque de risa que me ha dado desde que le he visto bautizar el banco.
―De Alex más Chiara -me explica, aunque ya lo había entendido -, o ¿prefieres Chialex?
Me tapo la cara para que mis risas no se propaguen por el aire y se escuchen desde lejos. ¡Qué ocurrencias tiene este chico!
―Piensa rápido o tendré que repetir la fórmula -me presiona Alex, continuando con la broma.
―Chialex mola más.
―Chialex. ¡Ya tiene nombre oficial! -aplaude y yo le imito.
―Y ahora procedemos al banquete para celebrar este acontecimiento.
Empezamos a merendar. En el transcurso de la tarde, dos grupos de personas jóvenes ocupan dos mesas, que se encuentran un poco alejadas a la nuestra. Escucho una voz, una inconfundible voz: la de Pablo. Con disimulo, miro hacia dónde está y descubro que se encuentra con algunos compañeros de clase. ¿Cómo él se ha podido integrar y yo no?
―Chiara, ¿estás bien? -Alex mira hacia donde estaba mirando y, después, a mí.
Antes de que pueda responder, Pablo me ve y sonríe cuando nota que yo le estoy mirando. Rápidamente, aparto la mirada para dirigirla hacia Alex, que está esperando una respuesta. Por el rabillo del ojo, capto que Pablo está viniendo hacia aquí.
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La riqueza del corazón || Alex Hogh Andersen || #Wattys2019
Teen FictionLas decepciones en sus amistades han hecho que Chiara no confíe en nadie y que haya perdido el interés en hacer amigos. Para ella, el maravilloso mundo de los libros es la mejor compañía. Los libros nunca te fallan, no te engañan. Alex, un joven de...
