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Sábado

Tras pasar la tarde con Álex, es hora de ir a casa de mis abuelos para cenar, aunque ellos no estarán. Cuando llegamos a la puerta del piso, noto que los nervios de Álex aumentan. 

―Tranquilo -le acaricio la mejilla -, todo va a salir bien.

―Eso espero -suspira, nervioso -. Quiero causar buena impresión a tu madre.

―Sabe que me ayudaste cuando me robaron, así que ya has conseguido una buena impresión -le beso -. ¿Estás preparado?

―Sí -asiente con la cabeza.

Entramos al piso. El rico aroma a pollo asado inunda nuestras fosas nasales. Mi madre sale de la cocina para recibirnos. Nos da dos besos a los dos.

―He traído esto para el postre.

Álex le entrega la bolsa con un paquete de galletas de la empresa donde trabaja. Mi madre la recibe con una gran sonrisa.

―¡Son mis favoritas! Muchas gracias, Álex. Pasar al salón, por favor -nos indica.

―¿Ayudo con algo, mamá?

―No. No hace falta, cariño -me acaricia la mejilla.

La mesa está preparada con todos los cubiertos y vasos necesarios, solo falta la comida. Mi hermano aparece y saluda a Álex con un apretón de manos tras presentarse.

―Álex, dime la verdad. ¿Cómo haces para soportarla? -bromea Ángelo.

―Con mucha paciencia, con mucha -se ríen, mientras yo les dedico una mirada de odio.

―¡Qué graciosillos! -ruedo los ojos.

―¿Acaso mentimos? -Gianluca arquea una ceja.

―Sí. No soy una persona pesada. Todo lo contrario.

―¡Se ha picado! -se burla mi hermano y Álex se ríe.

Ha dado en el clavo. Me he picado. Hago un gesto de resignación y me siento en el sofá. No quiero contestar a mi hermano y empecemos nuestro pique delante de Álex. Y parece que Álex sería su aliado en ese pique, por lo que serían dos contra uno. Batalla perdida.

―Ya os podéis sentar.

Mi madre entra en el salón con la bandeja de pollo asado con patatas y lo deja en el centro de la mesa. Álex y yo nos sentamos en un lado de la mesa; mi madre se sienta en frente de Álex y Gianluca, en frente de mí. Mi hermano sirve el agua, mientras que mi madre reparte la cena.

―Chiara me ha contado que estás trabajando en una empresa de galletas, ¿te está gustando trabajar allí?

―Sí y estoy aprendiendo mucho de mis compañeros. Es una sustitución de unos meses, pero por algo se empieza -se encoge de hombros.

―Eso es, poco a poco -mi madre le sonríe-. Tal y como está la situación del país ahora mismo, es muy difícil encontrar trabajo, así que lo que venga, bienvenido sea.

―Y aún es más complicado en mi situación -Álex hace una mueca triste.

―Si has encontrado este trabajo, podrás encontrar otro -apoyo mi mano en su rodilla en señal de apoyo -. No hay que perder la esperanza.

―Chiara tiene razón -concuerda Gianluca.

―¿Y a qué te quieres dedicar? -le pregunta Álex a mi hermano.

―A la mecánica. Si va todo bien, el próximo curso empiezo el Grado Medio de Mecánico. 

―Y Chiara si todo va bien, el curso que viene irá a la Universidad -comenta mi madre con cierta emoción en su tono.

La riqueza del corazón || Alex Hogh Andersen || #Wattys2019Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora