En mi anterior instituto iba con mi ex-amiga Verónica, mi ex-novio Pablo y alguno de sus amigos, pero me sentía más sola que la una. No es un sentimiento agradable, como tampoco lo es recordar cómo terminó mi relación con ellos.
Me aguanto las lágrimas. No quiero llorar delante de ella. No. Sacudo lentamente la cabeza para espantar los recuerdos que piden salir de su escondite.
―Sé que duele sentirse sola aún estando rodeada de gente, pero aquí puedes hacer que eso cambie, que tu vida cambie de dirección.
Se me escapa una carcajada de incredulidad. Cómo si no lo hubiera intentado ya...
―Instituto nuevo, nueva vida, ¿no? -niego con la cabeza -Lo típico, pero no siempre es así. No solo influye el ambiente, sino también la manera de ser de la persona.
―Y, ¿cómo eres?
¡Qué difícil cuestión! ¿Cómo soy? Nunca he profundizado en mí, tampoco he hablado con alguien sobre temas así. Solo con Alex me he abierto un poco, pero nada más.
―Tímida, insegura, introvertida... Sé que en el instituto no tengo amigos, pero tampoco siento la necesidad de tenerlos -me encojo de hombros -. ¿Esa respuesta sirve?
―¿No quieres que te busque amigas aquí?
―No te preocupes, estoy bien. Los libros son mis mejores amigos.
Seguiré estando en mi banco, leyendo en el recreo. Es el mejor plan, sin dudas. La orientadora da por finalizada la visita, eso sí, sin olvidar aconsejarme que intente hacer amigos.
Por la tarde, acudo a la Academia Musicalité. Es mi primera clase y no puedo evitar ponerme un poco nerviosa. ¿Cómo serán las clases? ¿Cómo será el profesor? ¿Cómo serán los compañeros? Me acuerdo de Fátima, la chica con la que hablé el día de la audición. ¿Le habrán aceptado?
Entro al aula donde se dará la clase, ya hay algunos alumnos sentados en las pocas mesas dispuestas para tal efecto. Nada más entrar, me saludan amablemente.
―Debes ser la nueva, ¿no? -una chica rubia, de ojos marrones, alta y bien vestida se acerca a mí mientras yo asiento con la cabeza -Soy Ruth. Encantada.
―Chiara. Igualmente -le respondo tras darle dos besos.
Después, Ruth me presenta a Kevin y a Andrés, que también me reciben con dos besos.
―¿Qué tal son las clases?
―Oh, un espanto -el chico moreno, rueda sus ojos verdes.
―No le hagas caso a Kevin -Andrés se ríe -. Siempre está bromeando, pero, en el fondo, sé que las disfruta.
―Fuera bromas, es muy divertido y se aprende mucho. El profesor es muy bueno y sabe las mejores técnicas vocales para mejorar -responde Ruth.
―Es la primera vez que estoy en una academia -admito.
―¿Has aprendido sola o con tutoriales de Youtube?
―Tú siempre tan cotilla, Ruth -bromea Kevin, ganándose un puñetazo juguetón de su amiga.
Apenas llevo cinco minutos con ellos y me siento a gusto, tranquila. Al revés que cuando llegué al instituto. Es una sensación agradable. Se nota que son personas simpáticas y que se llevan genial. Entran dos alumnos más, Laura y un nuevo alumno que, como yo, consiguió la otra plaza que quedaba libre. Se llama Lucas y también es bien acogido por mis compañeros. A los pocos minutos, Eduardo entra, dando así comienzo a la clase.
Antes de salir de la Academia, Ruth nos pide a Lucas y a mí el número de teléfono para meternos en el grupo de WhatsApp de la clase. Abro la notificación de la aplicación que me muestra que me han metido a un grupo y me río al leer el nombre del grupo: "Musicalitáticos". Es ingenioso aunque no tenga significado alguno. Me despido de ellos y voy al supermercado, donde he quedado con Alex.
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La riqueza del corazón || Alex Hogh Andersen || #Wattys2019
Teen FictionLas decepciones en sus amistades han hecho que Chiara no confíe en nadie y que haya perdido el interés en hacer amigos. Para ella, el maravilloso mundo de los libros es la mejor compañía. Los libros nunca te fallan, no te engañan. Alex, un joven de...
