Un crimen sin pistas, reabre los casos sin resolver atribuidos a un asesino en serie. Una pareja de detectives deberán armar aquel rompecabezas , corriendo contra el tiempo, ya que el viajero está empeñado en dejar su marca.
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Al tercer día todo empezó a parecerle rutinario a Melisa. Todos estaban en la oficina de investigación, cada quien en su mundo privado. Entonces ella aprovechó aquel instante, y mientras fingía ver sus informes, inició un diálogo consigo misma. Lo hizo en el afán de pasar más rápido el tiempo, pero tenía un objetivo ulterior.
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Mel convocó a sus pares a una reunión, incluso a la lujuriosa. Todas estaban sorprendidas porque esa invitación era algo inédito en su historia.
Cuando estuvieron juntas, la gerente las invitó a una sala que emulaba al cuarto de reuniones de la delegación. Lo único distinto era que la mesa de aquel sitio imaginario era circular en lugar de cuadrada.
Ellas se sentaron con curiosidad, y se quedaron a la expectativa.
Entonces la jefa habló de forma pausada y bastante seria:
— Las he reunido porque tengo un anuncio importante...— Luego de una pausa continuó: — La división termina hoy. No podemos seguir por el mismo camino... estar en guerra entre nosotras es lo peor que podemos hacer, si continuamos con esta forma de manejar las cosas, un día de estos, vamos a lamentarlo.
Las otras empezaron a comentar con su par afín acerca de las primeras palabras de Mel. Pero esta no las dejó continuar, porque siguió con su discurso.
— Los hechos de los últimos días solo confirman mi punto, unas tomaron el control para satisfacer sus urgencias, pero comprometiendo nuestra estabilidad en el trabajo; las otras realizaron un ataque para defendernos de una amenaza ilusoria, que solo originó que perdiéramos al único amigo que hemos tenido en años....Así que de ahora en adelante, ya no habrá secretos. Todo se discutirá en este pleno, y por medio del debate se decidirá el mejor curso de acción. Aunque siempre habrá espontaneidad para ciertas cosas, en los grandes temas y decisiones que nos afectan, todas las opiniones se tomarán en cuenta.
Entre el público había expresiones de molestia e incredulidad.
Pero la Melisa central no se inmutó, y continuó con su exposición:
— Por eso, y como primera decisión que traigo ante esta sala, solicito su opinión para lo siguiente: pedirle perdón a Wilmer por lo que dijimos en el velorio de su madre.
— ¿Estás loca? ¿Cómo se te ocurre ese desatino? Eso es lo peor que podemos hacer...— saltó la prejuiciosa con el garbo que la caracterizaba.
— ¿Y entonces qué debemos hacer para reparar el daño? — inquirió Mel con actitud suspicaz.
— ¿Daño? ¿A cuál daño te refieres? Solo... — de repente se quedó muda porque se fijó que las otras la miraban con cierta ironía.
— Insultamos al tipo en un velorio...Yo creo que eso no es correcto — dijo la agresiva con seriedad.
— Eso fue mezquino y bajo — indicó la sensible con voz apenada.
— ¿Yo?... — dijo la estirada sin completar la frase porque no había ningún argumento que se le ocurriera para justificarse.
— ¿Qué opinan...debemos disculparnos? — preguntó Mel invitando a las otras a hablar.
— ¡Es lo que me indica el corazón! — dijo la sensible con voz segura.
— Estar a la defensiva todo el tiempo...es cansado — añadió la agresiva.
— Es la opción más lógica — habló la detective
— Yo no estoy de acuerdo — objetó la moralista.
— Bueno...puede ser que al final nos perdone... y quien quita que podamos tener sexo con él otra vez — elucubró la lujuriosa al tiempo que las otras la volvieron a ver con estupor, por lo que exclamó un poco a la defensiva: — ¡Hey! ¡Eso es lo que yo pienso!
— Yo opino que es la forma de empezar a reparar el daño, y coincido con ella — indicó Mel, y señalando a "la fácil", continuó hablando: —...existe la posibilidad que no nos perdone, y que se convierta en un "extraño cordial"... solo en "un compañero de trabajo más"...pero eso dependerá de él.
Las otras, que no habían contemplado esa posibilidad, mostraron un rostro de preocupación ante ese escenario.
— Pero saben qué — dijo Mel abandonando su tono serio, y volviéndolo confidencial: — Él en realidad me agrada... quizá porque es mayor, y sin duda porque tenemos asuntos edípicos sin resolver, pero creo que es distinto a otros sujetos con los que tuvimos intimidad en el pasado...
— A nosotras nos gusta desde que lo vimos — comentó la sensible señalando a su par que solo asintió de forma lánguida.
— Yo quiero seguir aprendiendo de él — agregó la detective.
— Yo me siento tranquila a su lado — indicó la agresiva.
— Prefiero no opinar — replicó la última con rencor.
Los comentarios continuaron, y la Melisa central sintió que si esta dinámica funcionaba, quizá el futuro podría ser distinto. Era tiempo de dejar ciertas cosas atrás y madurar, así que regresando a su papel de moderadora, volvió a tomar la palabra:
— Además les anuncio que en el corto plazo...le pediremos perdón a papá también...
Todas se quedaron sorprendidas por aquella noticia, pero su estupor se vio sobrepasado cuando escucharon una voz a su lado:
— ...lisa... ¿Melisa?
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La detective volvió a ver asustada percatándose de un par de hechos bastante obvios, y a la vez espantosos. El primero, que su imaginación la había hecho abstraerse tanto que no se dio cuenta cuando su jefe y Ticas se habían retirado. Y el segundo, y más aterrador, se había quedado sola con Wilmer en la oficina. El hombre estaba de pie a su lado con una cara de extrañeza... Ella estaba así porque solo había decidido pedirle perdón, pero no se había planteado ni la forma ni las circunstancias bajo las que actuaría. Ahora estaba cara a cara con su compañero, y se había quedado con la mente totalmente en blanco.