-Bien, entiendo que está cansado y desea irse a casa. Pero por favor ayúdeme a repasar una última vez toda su declaración señor Spindler...
Sentado en lo que bien podría haber sido una sala de interrogatorio, envuelto en una manta térmica y con una taza de café caliente entre las manos, éste se limitó a cabecear de forma torpe.
-No conocía de nada al conductor que arrolló su puesto de trabajo. Así que cuando le dijo a la inspectora que era su culpa que su compañera de trabajo hubiese muerto, lo dijo desde un punto de vista puramente... er... ¿kármico? porque piensa que ha sido su mala suerte la que ha causado el incidente. ¿Es esto correcto?
Incapaz de hablar, el guía cabizbajo, afirmó de nuevo.
Llevaba un par de minutos moderadamente calmado, tal vez mentalmente ausente. Su respiración era aún un tanto nasal. Su nariz estaba congestionada. Y sus ojos profundamente enrojecidos estaban prendidos en la taza de bebida caliente que tenía entre las manos.
El policía frunció el ceño poco convencido, mirando los documentos que tenía entre las manos y después al hombre que tenia frente a él. Tamborileó sobre los papeles con su bolígrafo.
-¿Cree usted que su compañera de trabajo tampoco conocía al acusado? -le cuestionó entonces algo irritado.
Mas la mera alusión de la mujer arrancó a Leo de la frágil e inestable paz en la que estaba sumido. Provocando que se estremeciese una vez más. Llevándole a soltar la taza caliente a la que había estado aferrado de forma reservada, tan sólo para cubrirse los ojos con un brazo, tratando entonces de ocultar su rostro de alguna manera. Lo cual no evito de forma alguna que su respiración tornándose entrecortada una vez más, pudiese ser escuchada por todos los presentes de la sala.
-N- ¡No lo sé! -replicó de forma rota. Casi en un lamento. Antes de morderse los labios tratando así de contener un sollozo más audible.
Frente a él el policía se frotó el puente de la nariz con aspecto cansado. Pues a sus ojos la imagen que presentó en ese momento el joven moreno que tenía frente a él, fue la de un hombre profundamente devastado, que trataba de usar sus últimas fuerzas para mantener la poca entereza que le quedaba.
-Entiendo. –exclamó en ese punto el representante de la ley mientras cerraba su libreta de notas:
-Vamos a dejar esto aquí por hoy. Le llamaremos otro día para tomarle declaración de otro caso abierto. Pero por el momento, y dadas las circunstancias, puede irse por ahora.
Tardó aún un poco de tiempo en reaccionar. Después, ignorando todos sus arañados y raspaduras, Leo tuvo que ayudarse de sus brazos para poder ponerse en pie. Y sin soltar la manta térmica se encaminó tambaleante hasta la puerta.
Tras ella, en una pequeña habitación adjunta, le esperaban William y Loren. Aguardando por él impacientes y preocupados.
Will había sido llamado por el propio Leo, pese a que difícilmente pudo explicarle toda la situación en pleno ataque de ansiedad. Sin embargo el hombre de gafas había entendido lo suficiente como para saber a donde tenía que ir, llamando a Loren para que le acompañase como refuerzo positivo en tan necesitado momento.
Por lo que nada más verle aparecer, ambos se pusieron en pie. Recibiéndole con los brazos extendidos para poder brindarle su apoyo mediante un sentido y fraternal abrazo. Trataron entonces de reconfortarle mientras acariciaban su espalda y cabello con profundo afecto.
Loren hasta se puso de puntillas todo lo que pudo para poder darle varios besos en la mejilla. Pero pese a todo esto, tras un rato, Leo con tono desgarrado repitió escueto:
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Apeiron [ AMOLAD ]
RomantikTras su última discusión Vida y Muerte realmente llegaron a pensar que tal vez nunca podrían volver a hablarse de nuevo. Pero las cosas nunca son tan simples y Vanidad tiene otros planes. Este fic continua la historia original desde el "presente"...
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