Capítulo 35 - Dulce Venganza

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-Esto está dejando de ser divertido...

Vanidad, subida en la más alta cornisa de aquel edificio, miro con desidia las calles desiertas de la ciudad. Algo bastante comprensible después de los últimos acontecimientos. Pues aunque los ciudadanos no pudiesen entender plenamente lo que estaba pasando, todos habían huido para ponerse a salvo. 

Por su parte Guerra se detuvo a su lado, pasando a acariciar de forma sugerente su estrecha cintura a la par que le proponía en tono meloso:

-Podríamos volver a Ithis. Conozco algunas formas interesantes de mantenerte distraída... Ya volveremos después a terminar el trabajo.

-¡NO! ¡Este es mi juego! ¡Sólo mío! -repuso la mujer exacerbada zafándose del arrumaco del otro dios. -¡Deja de tratar de interferir! ¡No has sido tu quien ha estado más de quinientos años solo y amargado! ¡Viendo como la persona que más odias al final vuelve a frotarte que él sí puede estar con su ser amado! ¡Jugando a coquetear delante de ti en todas partes! ¡Incluso en el maldito Baile de Otoño! ¡NO! ¡No pienso darles más tiempo!

-¡Además! –continuó ésta en tono autoritario cambiando su puesto de vigilancia hacia otro punto cardinal. -Seguro que si me descuido otra vez, en muy poco tiempo esos dos estúpidos volverían a estar disfrutando de la vida, asentados en algún lugar exótico, en una bonita casa junto a la playa, con tres o cuatro perros... ¡Y no pienso permitirlo! ¡Nunca más! ¡YO SOY LA ELEGIDA DE NIM! ¡Y AHORA SOY YO QUIEN DICTA LAS NORMAS!

Ante aquella declaración tan reveladora, Guerra no pudo evitar mirar a su pareja enarcando una ceja. E inevitablemente, pese a lo que su lógica le dictaba, se encontró cuestionándola con cuidado:

-Querida... No estarás empezando a tomarte en serio tu propia patraña ¿verdad?

Vanidad pegó un pequeño respingo ante esto, antes de empezar a reírse en tono falso, tratando de quitarle importancia al asunto:

-Por supuesto que no... ¿Me tomas por necia? Sólo- solo estoy disfrutando de mi juego. Divirtiéndome con mi papel. ¡Así que deja de distraerme! ¡Y vuelve a Ithis de una vez! ¡Vete! ¡Me distraes!

Guerra frunció el ceño claramente disconforme, antes de advertirla:

-Vanidad... te estas apresurando. Tengo experiencia en esto y puedo decirte que para que un juego salga como esperas, lo primordial es la paciencia.

-¿PACIENCIA? ¡JA! ¡Me vas a hablar a mí de paciencia! ¡A MI! ¡Siempre esperando por algo! –repuso la aludida con deje irritado e incrédulo, mientras sus dedos se posaban de forma distraída sobre el refulgente obre de su pecho. Aquel cuyo poder oscuro le había permitido alzarse sobre todos los demás dioses.

Dando la conversación por insalvable, Guerra se limitó a adoptar una mueca molesta antes de desaparecer. Dejando a la mujer sola tal y como había pedido, quien siguió oteando las calles en busca de su objetivo, mientras sus yemas continuaban acariciando de forma distraída la fría superficie de la relampagueante esfera que sobresalía en su pecho. 


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-¡¡¿Y cuando pensabas decirme que Sabiduría y Amor también están como nosotros?!! –clamó Vida como un gato enojado con todo el bello de la espalda erizado.

Muerte bajó los brazos -que había subido por puro instinto de auto conservación-, antes de exclamar nervioso:

-¡Me preocupaba que te sintieras presionado si lo sabias! ¡No quería condicionar tu decisión!

Apeiron [ AMOLAD ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora