Capítulo 30 - Peor Imposible

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En algún momento las primeras luces del día comenzaron a picarle en la cara. Pero soñoliento y confuso, aún tardó algunos segundos en reparar en los brazos que aferraban su cintura, las piernas que reposaban contra las suyas, y sobre todo en el rostro que se encontraba respirando acompasadamente contra su cuello. Cosa que una vez despierto, le produjo un inesperado estremecimiento placentero.

Avergonzando por ello, Leo se giró con las mejillas prendidas. Sólo para confirmar que su plan para dormir sólo no había funcionado. Pues al final el pálido hombre que tenía frente a él, había decidido pasar de igual forma la noche en el suelo, sólo para poder dormir a su lado.

Las mejillas del guía se prendieron un poco más, pero decidido a no dejarse conmover ni siquiera por aquel tierno gesto, exclamó malhumorado:

-¡Des!

-Nostoy arepntido Loren... yesdiota erosmejhor mapsao nvida... -balbuceó entonces éste desde algún lugar más haya de la inconsciencia.

Leo frunció el ceño ante esto. No muy seguro de querer entender que estaba diciendo en realidad, por lo que volvió a gruñir:

-¡Eh! ¡Despierta!

-... ysiLeo ia nooude erme en ondiones nonporta, seréio qien... el oble ara ompensar ~~

En este punto Leo supo que realmente no quería saber con que maldita cosa estaba soñando el otro hombre. Por lo que le dio un codazo mientras trataba de ponerse en pie.

Sin embargo Des se mostró ágil en cuanto reflejos. Sujetando al guía con fuerza apenas abrió los ojos. Impidiendo que se levantase, y por consiguiente provocando que cayese sobre él.

-¡¿Pero qué haces?!

-¿A donde ibas?

Aún sobre él, Leo le miró con una ceja enarcada, como si la pregunta fuese algo completamente fuera de lugar. Por lo que Des avergonzado añadió:

-Vale. Si. Lo siento. Es sólo que sigo preocupado por ti. ¿Cómo esta hoy tu mano? ¿Te duele algo?

Y ante la pregunta, ambos al unísono, volvieron su mirada hacia la causante de todas las discusiones del día anterior. La cual a simple vista ni siquiera conservaba una simple cicatriz como recuerdo de lo acontecido.

-Algún día me explicaras que os daban para merendar a los niños en Italia. -bromeó entonces Des en un torpe intento por aligerar la situación. Más al ver la expresión enfurruñada de su pareja, añadió con rapidez :

-No me mires así. Es sólo que ya no sé como abordar todo esto. No encuentro ninguna maldita explicación para todo lo que nos está pasando. Estas últimas semanas realmente llegué a creer que... O tal vez sólo trataba de convencerme, de que nuestra mejor opción era conseguir esa cita que tenemos pendiente con el doctor William... Pero ahora ya no estoy tan seguro. Y eso me deja sin opciones.

-Ya, bueno, al margen de eso. -replicó Leo quien lejos de saber que contestar, sintió una punzada en el pecho ante la sola mención de su mejor amigo: -Ahora que sacas el tema, hay algo que llevo mucho tiempo queriendo decirte precisamente sobre ese "doctor"-

-¿Te había pasado ya algo como esto en alguna otra ocasión? Se sincero por favor. -le interrumpió Des de pronto profundamente expectante.

-¡Oh, por supuesto que si! ¡Todo el maldito tiempo! -exclamó entonces Leo inesperadamente ofendido ante él. Apartando con enojo algunos de los cojines con los que habían dormido de un rodillazo. -¡¿Cómo es que no te diste cuenta antes?! ¡Soy tan sobrenatural que hasta brillo como si estuviera bañado en purpurina cada vez que me da el sol de frente!

Apeiron [ AMOLAD ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora