Capítulo 42 - Un nuevo Café en Paris (+18)

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Algún tiempo después, tras arreglar muchos asuntos farragosos de formas poco convencionales para el resto de humanos, el ex modelo Des Aeva, encarnación del dios de la Muerte, quien pudo haber sido capitán del mayor ejército de oscuridad de toda la creación, azote de galaxias y devorador de mundos, se limitó a abrir su coqueto establecimiento que regentaba de nueve a diez, en turnos partidos, junto a un par de empleados a su cargo.

Encendió las luces. Conectó las cafeteras. Y mientras tarareaba internamente una canción levantó todas las persianas.

Una mañana más Café Ardent abría sus puertas.

Los clientes empezaron a dejarse caer, ya acostumbrados tras el inicial revuelo que el local causó, a ver a aquel apuesto y elegante joven todas las mañanas tras el mostrador.

-Tu es le plus beau garçon que j'ai jamais vu –piropeó de pronto un cliente sentándose en la barra junto al dueño. Y Des tan sólo mantuvo enarcada una ceja hasta que vio de quien se trataba.

-Buenos días Adrien. ¿Lo de siempre?

-Oui ma beauté –repuso el hombre en tono galante. –Y dime, ¿Me va a sonreír hoy la diosa fortuna contigo aceptándome finalmente una cita, o aún sigues con ese novio tuyo?

-Leo y yo seguimos muy bien, gracias por el interés. –repuso el supuesto ex modelo en tono tranquilo mientras preparaba la consumición. –Toma aquí tienes.

-Volveré a intentarlo la semana que viene entonces. –contestó el hombre en tono educado sin perder su sonrisa de don Juan.

A un costado, su empleada no pudo evitar reírse, mientras atendía al resto de clientes en las mesas.

Puede que Des Aeva ya no fuese modelo, pero seguía revolucionando a una buena parte de la ciudad, lo que en números se veía reflejado en las abundantes ganancias al final de cada mes.

Pese a sentirse un poco abrumado éste sonrió: las cosas le iban innegablemente bien.

Con gesto risueño el dueño continuó trabajando hasta el final de la jornada, cuando tras recoger y limpiar despidió a sus empleados y apagó las últimas luces del local.

En la trastienda había unas escaleras que conducían al piso de arriba. Des subió por ellas para llegar a su vivienda. En donde comenzó a preparar la cena hasta que un segundo ocupante entró en el domicilio, por una puerta distinta, con tal vez demasiado brío.

-¡ARG! –clamó Leo una vez estuvo dentro.

Des no pudo evitar dejar la cena a un lado para asomarse a recibir al otro hombre, al que rápidamente abrazó para darle un tierno beso en la frente.

-Te preguntaría que tal en el trabajo –repuso entonces. –Pero ya he visto como el tiempo ha estado un tanto irregular todo el día... así que me hago a la idea.

-Sí, lo sé –repuso el aludido avergonzado ante una acusación aún no realizada. 

-Intento controlarme. De verdad que lo intento. Ya sé que ahora tengo que tener cuidado con no exaltarme demasiado. No quiero provocar un monzón en ningún sitio. ¡¿Pero sabes lo difícil que es seguir explicando un montón de cosas que SABES que son mentira?! ¡Es todo tan estúpido!

-Bueno, los turistas vienen a divertirse, no tanto a aprender. Y tampoco es como si tuvieses la obligación de corregir ahora a los historiadores de todos los siglos. –repuso el más alto de los dos hombres en tono apaciguador:

-¿Además como podrías hacerlo? No puedes simplemente decirles: "Perdón pero esto no fue así. Y aquello no se usaba para eso. Y lo sé porque yo estaba ahí para verlo."

Apeiron [ AMOLAD ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora