Dos jóvenes vikingos están enamorados, su destino es estar juntos. Pero un matrimonio indeseado se interpone entre su vida juntos y pone en peligro su relación. Esto pondrá a prueba su amor y lo que darían el uno por el otro. Ambos lucharán por pode...
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POV ASTRID
Tranquila, Astrid. Volverá. Ya lo verás.
Estoy angustiada. Temo que Hipo no vuelva. Seguro que tiene cosas más importantes que hacer.
− ¿Crees que volverá, Tormenta? –pregunté a mi compañera, que estaba tumbada en los establos. Yo estaba sentada a su lado acariciándola. Me gruñó y cerró los ojos. Suspiré frustrada. –Bueno, chica. Hasta mañana. –la acaricié la cabeza mientras me levantaba y me fui a mi cuarto.
Una vez allí, me puse el pijama y me tumbé en la cama. Me quedé unos segundos mirando al techo y luego me puse de lado. Miré fijamente el cajón de la mesita que había al lado de mi cama y decidí abrirlo. Del cajón, saqué un papel con un dibujo. El papel era de Hipo, el dibujo era yo. Lo encontré en la herrería y, como vi que tenía muchos más, decidí cogerlo. Hipo se dio cuenta de su ausencia, pero sólo me dijo que había perdido un dibujo importante, no me dijo nada más. Me sonrojé al pensarlo.
Me tumbé mirando el dibujo. Era yo, de cintura para arriba mirando mi hacha. El dibujo no era exacto. Pero seguía siendo perfecto, teniendo en cuenta que Hipo no pudo tenerme posando para dibujarme. Tuvo que hacer el dibujo de memoria. Y lo hizo. Cerré los ojos rápidamente. Quería dormirme ya, no quería seguir pensando en Hipo. Me duele demasiado pensar en él. Pensar en que no podemos estar juntos. Pensar en una vida sin él.
Por Freya, Astrid, duérmete ya.
Y así fue. Me dormí a los pocos minutos.
POV HIPO
Cuando llegué a Mema era ya de noche. Así que decidí irme a casa y dormir. Mi padre me preguntó por el viaje, pero yo no le dije nada sobre mi encuentro con Astrid. Prefería guardarlo de momento. O por lo menos no hablar con mi padre. Han pasado cinco años y sigue sin apetecerme conversar con él. Subí a mi habitación y me dormí.
A la mañana siguiente fui a la herrería. Seguí sin contarle nada a mi padre ni a nadie. En la herrería estaba Bocón trabajando.
−Buenos días, Hipo. –saludó Bocón sin pausar su trabajo.
−Buenos días, Bocón. –devolví el saludo y me dirigí a la mesa donde estaban los planos de mi nuevo invento en desarrollo.
− ¿Me has traído lo que te pedí ayer?
¡Dioses! Con lo de Astrid y nuestro encuentro lo olvidé por completo.
−A-amm... −pensé en una excusa convincente para no contarle lo que en realidad pasó.
−No lo has traído, ¿verdad? –dijo dejando la espada que estaba forjando a un lado. Negué con la cabeza. –Bueno, no pasa nada. ¿No había?
Ahí es a donde no quería llegar.
−Eeh... N-no. No había. L-lo siento, Bocón. –respondí nervioso. No, nunca se me dio bien mentir. Ya lo sé, ¿vale?
−Mmm... −me di la vuelta para mirarle y me observó de arriba abajo. − ¿Qué ha pasado realmente?