AFTERWORD + spin off

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GISSELE:

Al encontrarme con el cuerpo durmiente de mi hermano en el sillón hice una mueca. ¿A qué hora se pensaba levantar? Eran más de las dos de la tarde.

Flojo culiao.

Abrí la puerta del departamento para encontrarme con el repartidor de pizza afuera. Le pagué y dejé las cajas encima de la mesa de la cocina con cuidado.

— ¡Luciano! —exclamé, mientras abría una caja pa' robarme una aceituna. — ¡Llegaron las pizzas y si no te apuras ya no le quedarán aceitunas a la nuestra!

Él soltó un dramático "No" desde la pieza. Llegó corriendo hasta el comedor con una polera en sus manos.

Miró al Max dormido en el sillón y rió.

— ¿Lo vamos a despertar o...?

Un ronquido interrumpió la pregunta del ruliento.

— Estaba cansado cuando llegó anoche. —recordé. Ambos mirábamos a mi hermano durmiendo con la boca abierta y doblado como churro, abrazando una almohada mientras roncaba. — Dejémoslo dormir un rato más, le guardaré la pizza que le gusta en el horno.

El poodle asintió mientras procedía a ponerse la prenda que llevaba en sus manos. Sonreí al ver que era una camiseta de las panteras.

— El Max tiene este departamento hecho un desastre. —me quejé, sentándome en un taburete de la mesa.

La cocina tenía el comedor incorporado, junto al living. Era un departamento pequeño, pero con todo lo necesario.

— Que rico. —murmuró el poodle, acercándose a sentarse.

El poodle se acercó a sacar un pedazo de pizza y se la llevó a la boca hambriento. No habíamos desayunado, despertamos tarde y nos dedicamos a ver películas en lo que quedó de mañana.

Un fugaz pero sonoro peo de mi hermano resonó en toda la habitación

— ¡Max por la concha...! —el fétido olor me detuvo la chuchá. — ¡Que asco!

— ¿Por qué dejamos que este weón durmiera en el living? —el Luciano dejó el pedazo mordido encima de la caja. Mientras hacía una mueca de asco por el olor. — ¡Agh, ¿qué comiste, Max?!

Me levanté rápidamente para abrir el ventanal. Luego fui hacia el sillón y moví repetidas veces el hombro de mi hermano hasta que reaccionó

— Papito te juro que me levanto en cinco. —suplicó con los ojos cerrados, dándose una vuelta en el sillón, aferrándose más a la almohada.

— Max, dejaste de vivir con el papá hace meses. —le recordé. Seguí moviéndolo para que despabilara. — Levántate por fa

— Mas ratito. —suplicó otra vez, abriendo los ojos de a poco. Al terminar de abrirlos, notó quién le hablaba. — Estoy cumpliendo mi profecía de dormir en su sillón mientras son una pareja feliz, déjenme.

Negué. Llevaba diciéndome eso desde que llegamos con el Luciano de visita a Santiago. Hace dos días.

Lo removí del sillón cansada.

Te debo unaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora