❀ 20 - Caos ❀

773 93 24
                                    

Itachi

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Itachi

Regresábamos a casa, en silencio. Sentía la mirada de Deidara en mi perfil, sabía que toda su atención estaba encima de mí, que estaba preocupado y que si fuese por él aliviaría toda la pena que no parecía tener ganas de irse de mi alma. Llegó para quedarse y yo estaba plenamente consciente de eso.

La vista me parecía nostálgica, era exactamente la misma que veía cuando mamá nos llevaba de compras a mí y a Sasuke a la ciudad vecina, nos regalaba un helado a cada uno y nos acompañaba a la plaza para que jugáramos un rato. Ahora, esas memorias estaban teñidas de tristeza e incluso una parte de mi corazón quería erradicarlas completamente para así dejar de pensar en todo lo que perdí.

Pero, no había manera. Los recuerdos iban y venían como un torbellino, estrujaban mi corazón y me dejaban tieso, quebrado y cansado. Quería dormirme y que para cuando despertase todo fuese una pesadilla. Quería tener a Deidara al lado, que compartiese con mi madre y con mi hermano. Simplemente deseaba tener a mi familia completa, pero era imposible.

De pronto sentí que la mano tibia de mi rubio agarraba la mía, enredando nuestros dedos y sujetándome con firmeza. Un toque que fue suficiente para sacarme de la espiral de soledad y negatividad en la que estaba cayendo sin remedio.

Su dedo pulgar acarició mi piel, lenta y cuidadosamente. Mi máscara indiferente tembló y enseguida supe que su gesto fue impulsado por lo que vio a través de ella. Él sabía que nunca hablaba abiertamente de lo que me atormentaba, que me encerraba en mí mismo y esperaba a que por arte de magia todo desapareciese, pero en esta ocasión no sería así. Acumulé demasiado durante todos estos años y ahora no era capaz de ignorarlo.

—¿Por qué no duermes un rato, cariño? —Desvié mi mirada lánguida hacia él. Me ofrecía un poco de descanso, un poquito de paz en medio de la tempestad y me aferré a ella de inmediato.

—Vale —susurré.

Soltó mis dedos y rodeó mis hombros con uno de sus brazos, obligándome a que me apoyara en él, otra vez me sujetó la mano y me acurrucó en su pecho, abrazándome con la tibieza y la tranquilidad que desprendía. Todo aquello que no tenía y necesitaba con desespero.

—Gracias por estar aquí, Dei —murmuré y adiviné que probablemente esbozaría algún tipo de sonrisa.

—Siempre estaré contigo, Ita —contestó con suavidad, dejando caricias en mis manos y en mi cabello—. Trata de dormir.

Cerré los ojos, me perdí en la oscuridad de mis párpados e intenté conciliar el sueño con todas mis fuerzas. Me concentré en la presencia de Deidara, en todo lo que su persona significaba para mí, en su calma y en su cariño. Lo materialicé como aquello que me mantenía con los pies en la tierra, impidiendo que perdiera la cabeza. Mi ancla, mi compañero.

Recordé lo débil que lo vi alguna vez, llorando por ese hombre que lo engañaba y lo utilizaba para sus deseos carnales, los que no podía satisfacer con su esposo. Recordé cómo lloró a mi lado en el hospital, cuando descubrió que su mejor amigo estaba involucrado en la muerte de una antigua amiga suya y también en la de su amante. Lo juzgué, creí que era excesivamente frágil, que incluso era un poco idiota.

El Asesino | ItaDei [Editando]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora