Gracias a la lluvia

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Fuimos a un restaurante japonés, porque era su favorito y también porque estaba alejado de los paparazis. El lugar era muy discreto pero la comida estaba más que deliciosa. Amaba el sushi desde que tenía quince años, cuando mi papá me llevó a comer a uno de los mejores restaurantes de comida japonesa de mi país.

 Durante toda la cena la pasamos excelente, conversando de nuestras aficiones y algunas anécdotas que nos hacían reír mucho. Cuando los silencios llenaban la mesa, ya sea porque estábamos comiendo o bebiendo, siempre la mirada de uno de los dos buscaba al otro, y al notarlo formábamos una conexión que podía decir mucho más que mil palabras. Pero cuando la cuenta llegó toda la armonía terminó. Ambos sacamos nuestras tarjetas de crédito al mismo instante. Nos miramos, pero ya no quedaba nada de dulzura ni ternura, solo desafío.

--- Emilia, preciosa, guarda tu tarjeta- dijo comprensivamente- Eres mi invitada, yo voy a pagar por tu cena.

--- Kyle, querido, ya no estamos en el siglo IX, déjame pagar a mí lo que me corresponde.

--- Pero eso no quita la caballerosidad- se estaba enfadando.

--- ¿Es eso Kyle? O es porque lastimaría tu ego.- yo también estaba saliéndome de mis casillas.

--- ¡Claro que no!- levantó la voz- Deja de ser infantil, y guarda tu tarjeta.

--- ¡No! Y ¿sabes qué? Yo pagaré también tu parte- me crucé de brazos.

--- ¡Eso ni loco!

--- Señores, ¿pueden pagar la cuenta de una vez?, están haciendo un escándalo y no creo que usted señor Franklin quiera que los reporteros estén aquí- intervino el mozo que había presenciado toda la discusión.

--- Yo pagaré y punto final- Kyle me fulminó con la mirada y le entregó su tarjeta al mozo.

La rabia se instaló en todo mi cuerpo. ¿Me creía indigente? ¿Me creía una damisela en apuros que no puede valerse de sí misma? Odiaba que la gente me subestime. Mientras introducía su clave para terminar la transacción, me levanté de la mesa y me dirigí a la salida. No lo esperaría, tomaría un taxi e iría a casa. Lo único que cambiaba mis planes, es que como dije antes estaba alejado de la ciudad para que no lo encuentren los paparazi, por lo tanto no había taxis circulando por esta zona.

No me importó, y comencé a caminar, pero entonces escuché la voz de Kyle llamarme. Comencé a correr, no quería hablar con él, estaba muy enfadada. Sé que lo que hizo fue tierno y caballeroso, pero también hirió mi orgullo y lamentablemente debido a mis genes era una persona muy orgullosa.

A decir verdad era muy buena en atletismo por lo que cuando dejé de correr, me había alejado lo suficiente como para que él no pudiera alcanzarme a pie. Pero muy pronto escuche a un auto a mi lado. Giré, y sí era Kyle. Sabía que no podría atraparme con dos pies, pero había olvidado que tenía cuatro ruedas que lo ayudarían.

La ventana del copiloto estaba abajo, y su velocidad era mínima para ir a mi ritmo. Ya no tenía energía como para correr, así que me limité a ignorarlo y seguir andando.

--- Emilia, no sabía que te molestarías tanto. Enserio lo siento. Sube de una vez- repetía incesablemente.

Aún no encontraba algún taxi en el cual irme y Kyle continuaba ahí, rogándome para que entre a su auto. De vez en cuando sonreía, me parecía tan lindo pero no me iba a doblegar por nada.

Y en ese preciso momento, como digno clima irregular inglés, la lluvia comenzó a caer. No era muy fuerte, pero lo suficiente para mojarme.

--- Emilia te vas a resfriar, ¿puedes entrar para poder irnos de una vez?- replicó algo cansado.

Mientras RespireDonde viven las historias. Descúbrelo ahora