Capitulo 25.

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El Valle de los Lamentos no fue un lugar muy conocido hasta después de su destrucción. Muy pocas personas sabían si quiera que existía. Fue el refugio de cientos de híbridos y donde vivió Rubius hasta los 6 años.

Antes no se llamaba así, tampoco tenía nombre, porque darle uno era reconocer su existencia y su nombre iría en boca en boca. Era demasiados peligros. Se le reconoció de esa manera luego de la cacería de híbridos y las personas de luto irían todos los días a llorar al pueblo. La gente que pasaban por ese lugar — viajando u ir hasta hay por morbosa curiosidad. — lo describía como una escena desgarradora.

Ver como los híbridos lloraban las perdida de su familia por el simple hecho de ser hibrido. Karmaland fue el primer pueblo en declararse abiertamente en contra las personas que los casaban. Les dio la bienvenida a muchos.

La primera vez que pudieron decir que eran híbridos tenían el corazón destrozado con heridas que no sabían que podían sanar, dando el primer paso dentro de Karmaland. Fargan fue el hibrido que les dio esperanza a muchos, es héroe e inspiración para los niños mitad humano mitad bestia.

Su propia llegada al grupo se consideró una sentencia, una seguridad para todos. Había un segundo hibrido entre los héroes, donde la libertad que todavía se consideraba vacilante. Fargan fue el comienzo, la esperanza, y Rubius el final, la seguridad.

Por eso surgió un entendimiento mutuo, respeto y amistad. Protegerse entre ellos porque saben la profundidad de un lado bestia. Mirar hacia sus pasados, ver la miseria en sus vidas y aceptar que pueden cambiar la vida de muchos niños híbridos. Hacer lo que nadie hizo con ellos, salvarlos.

Para Rubius, recordar lo que era el Valle de los Lamentos hace que un nudo se tense en su garganta mientras trata de no ahogarse en las memorias. Es difícil todavía contar que conoce las dos caras de ese pueblo. Cuando no tenía nombre y era el refugio para sus hermanos híbridos. Y el pueblo en ruinas que se redujo a nada más que llantos y gritos.

— Rubius. — llamo Vegetta, el oso lo vio entrar a su habitación. Su ceño fruncido está teñido de preocupación, le dio una sonrisa que espera transmitir tranquilidad, no lo logro. — no sonrías si no quieres sonreír.

Ah. — pensó Rubius. — ahora recuerdo porque quiero tanto a este hombre.

Este es el hombre que le dio un lugar seguro, un lugar donde vivir sin las constantes amenazas a su vida. Uno que se aferra a las legalidades pero soporta a un grupo de amigos desastroso. Al principio lo veía como un pobre idiota que no sabía con que se metía — ahora sabe que Vegetta estaba totalmente preparado para los ataques. — y con el paso de los años, Rubius decidió ser su porta voz y canal que conecta con los Dioses.

Una posición importante a los ojos de todos, el hibrido oso que tiene el favor de los Dioses. Fue satisfactorio mandar a todos a la mierda y decirles que no controlaran más su vida.

Salió de su cabeza cuando sintió un pequeño golpe en su nariz, parpadeo y vio a Vegetta sentado en la cama. Le mira con preguntas en los ojos — Rubius le dio el antifaz hace unas horas, pero Vegetta lo tiro sobre la mesa sin mirarlo. — no presiono en que hable, solo se quedó como un acompañante silencioso.

— ¿Luzu y Willy? — pregunto Rubius acomodando su cabeza en la almohada, Vegetta lo tapo bien con las cobijas. Hizo que el oso se sintiera cálido.

— Preparando algo para tomar, dijeron que estarían aquí pronto. — respondió honesto, Rubius sabía que no le dejarían pasar la noche solo con sus emociones siento tan inestables.

Tomando una decisión, levanto las cobijas y miro al otro. El señor legalidades lo entendió al instante, con una sonrisa suave se acomodó a su lado. Rodeándole con un brazo y arropándolo a los dos.

Side to side || Ruwigetta. ||Donde viven las historias. Descúbrelo ahora