Rubius pasó menos de una semana en este lugar y ya quiere volverse. Ser cura tiene sus malos momentos ¿Porque tuvo que aceptar la misión de Merlón? Irse a otro universo donde todo lo que conoce es al revés y sin compañía, hace que se cuestione su d...
Vegetta se dio cuenta que estaba comenzando a sentir cosas por Rubius a mitad de su plan para hacerle una casa del árbol al chico. En un momento pasó de sentirse orgulloso por su obra a sentirse aterrorizado por ver su propio esfuerzo.
Había detenido la construcción de la casa de la sorpresa, inhalo todo el aire que pudo para no entrar en pánico. Solo había pasado un año de su ruptura, darse cuenta de que estaba sintiendo cosas por un amigo desequilibró toda la estabilidad que tanto le logró conseguir.
En el camino de regreso a su mansión prácticamente se arrastró hacia allí, el cambio brusco de ánimo le canso y una parte suya no quiere analizar esta revelación que tuvo.
Sabe que la negación no es camino a seguir.
Nunca lo es.
Ni Vegetta ni Rubius merecen esto. Ser sutil no es una habilidad que tenga en su larga lista de virtudes en su hacer, sabe que de alguna manera u otra hará algo que lo delate — más tarde, le presentó la casa de árbol a Rubius y Luzu no dejaba de mirarlo fijamente. — en este momento, se siente asqueroso consigo mismo.
Un año, ese es el tiempo que le tomó conocer a Rubius y sentir. Un año desde que se separó de...Willy. Willy, su mejor amigo, el primero de sus compañeros, su amigo de la infancia. Alguien de quien Vegetta había estado enamorado años antes de llenarse de valor y confesarse, de la misma manera en que su papá lo hizo con su madre y compartieron una historia de amor que Vegetta anhela tener.
Pensar en cómo acabó todo todavía lo llena de dolor, la mera sensación de recordar lo que fueron lo hace llorar. Pateo una roca del camino con un suspiro tembloroso.
— ¡Veegg!
Sobresaltado se dio la vuelta, vio el sujeto de su crisis amorosa corriendo hacia él con una bolsa más grande que su espalda, una espada que brilla demasiado para ser legal y una sonrisa que hace iluminar su ser de la mejor manera. Se sintió relajarse en contra de su voluntad.
Abrió los brazos para que Rubius salte a abrazarlo, tragando saliva se dejó por unos segundos entregarse a esa calidez. Cerró los ojos, sin percatarse de que era abrazado con la misma fuerza — lo hizopor la noche antes de dormir.—
— ¡Adivina lo que encuentre! — balbuceo Rubius alegre, abrió un bolsillo de su mochila y dejó su mano dentro. — Si lo haces, te lo regalo.
— Aja. Se nota que eres el héroe más carismático que tenemos. — masculló el híbrido, Vegetta no necesito verle la cara para saber que rodó los ojos. — Sigue intentando.
— ¿Una espada? — Vegetta levantó una ceja mirando la espada ahora tirada en el suelo, no tiene dudas que esa espada rompe el reglamento.
Rubius hizo un gesto indiferente con la mano, soltó un risilla de duendecillo y Vegetta se cuestión todos sus gustos en persona. No tuvo tiempo ni siquiera de despreciarse a sí mismo antes de que el híbrido oso se estrellara nuevamente en su vida, la crisis que estaba teniendo fue aplastada con fuerza por un abrazo.
Rubius no espero a que adivinada en su impaciencia, saco lo que sea que trajo de su mochila y un sombrero de mago fue puesto frente a sus ojos. Se sintió abrir la boca sorprendido, entre una o y una sonrisa, movió sus manos de la emoción.
— ¡Un sombrero de mago! — grito Vegetta, se lo agarro de las manos para mirarlo mejor.
El sombrero es negro pero cuando le da el sol tiene reflejos violetas, es puntiagudo con un gema que cuelga de ella. Tiene pequeñas estrellas casi imperceptibles para el ojo por toda la tela, siente la magia en ella y está seguro de que debe dar algunas habilidades.
— ¿De dónde lo has sacado? — pregunto poniendoselo. Le queda perfecto.
— De por aquí, de por allá. Da igual. — respondió Rubius encogiéndose de hombros, Vegetta levantó una ceja pero no insistió. — Es tuyo.
¿Qué? Está bastante seguro de que no adivino el objeto. Su pecho se sentía cálido, la duda fue eclipsada por una risa — siempre termina con risas, siempre. — miro a Rubius mientras el híbrido comenzó un monólogo dramático y detallado sobre las aventuras que tuvo hoy, le falta el aire como si alguien le incrustara una espada en el medio del pecho.
Sonrió viéndolo — eso debería dejar de ser un monólogo constante en su mente, siempre riendo, siempre sonriendo.— caminaron de regreso a la casa de Vegetta hablando.
Más tarde, cuando Rubius se quedó dormido en la habitación de invitados, volvió a la casa del árbol oculta — gracias a Merlon y los Dioses, la casa y el árbol serán movidos el 13 de febrero. — y trato de terminar los planes que tenía antes de que su crisis apareciera.
Aprendió algo hoy, los sentimientos no tienen que dar miedo y tiene tiempo. Está seguro de que Rubius no le dejara entrar en pánico, consciente o no de ello.
Continuara...
Hi, gente. Tenia que sacarme esto del pecho y aquí se los dejo.
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