Narrado por Terry
- Pecas ahora que vi pasar mi vida ante mis ojos, se me ocurrió una mejor idea, vamos a mi hotel - no moriré sin hacerle el amor a Candy, así que como aún falta el camino de regreso, deberé tomar mis previsiones.
- Terry... - ella se sonroja furiosamente, mientras analiza si estoy o no hablando en serio.
- Hablo en serio, tengo que recoger mi equipaje y podemos aprovechar de un rato de total privacidad- mi falo apoya la idea, endureciéndose al instante. Ella sigue mirándome pensativa y roja como una manzana.
- Pero vamos primero al banco, ya estamos aquí- traducido sería "Sí vamos".
- Vamos - ella apaga el motor, mientras un empleado del banco le abre la puerta, se baja y camina con ese vestido que me está volviendo loco, parece una muñeca, pero una muy sensual, sus pantorrillas son delineadas, más que perfectas y esa cintura me está haciendo soñar despierto más de lo que debería. Tomo su mano y no aguanto la tentación así que la abrazo fuertemente por la cintura.
- Terry... - me susurra. Esta sociedad hipócrita se escandaliza hasta por los abrazos apretados, así que suelto el abrazo. Entramos al banco y todas las miradas caen sobre nosotros.
- Señorita Ardley la estábamos esperando - es el gerente de la sucursal que se presenta y nos lleva a su bóveda dándole la respectiva llave.
- Albert me dio la bóveda para que guardara lo que quisiera, así que lo único realmente importante para mí y que no quería tener tan cercano porque me hacían llorar, eran tus cartas...- me dice lo último en un hilo de voz. La abrazo y le acaricio el cabello.
- Nunca me cansaré de pedirte perdón por el tiempo perdido y por haberte hecho sufrir - la beso en la cabeza.
- No digas eso, todo lo que pasó fue una decisión de ambos y ya no vuelvas a hablar de pedir perdón, por favor, que yo también tendría que pedirte perdón muchas veces- ella saca las cartas, regresa la llave y subimos al auto. Me siento de copiloto y rezo, hace mucho que no rezo pero esto lo amerita - ¿Qué haces Terry? -
- Meditar - miento.
- ¿Estás rezando? - Ya sé que va a ser imposible mentirle a mi futura esposa. No respondo.
- La hermana Gray estaría muy orgullosa de ti -
- Probablemente - nos reímos.
- Te prometo ir más despacio -
- Conduce como quieras Candy, es tu auto, pero nada más, no choques - ella me sonríe y conduce rumbo al hotel. Se parqueado de nuevo de manera temeraria - ¿Quién te enseñó a parquearte así? - aunque queda perfectamente acomodada, su rapidez y exactitud para los movimientos me pone sumamente nervioso.
- Archie me enseñó a conducir- con razón... aunque trato de evitarlo, la llama de los celos se aviva, lo que más me molesta es que eso se suponía que se lo tendría que haber enseñado yo, pero en cambio en ese momento que me necesitaba estaba lejos de ella, tratando de cumplir una estúpida promesa de honor, que nos hizo infelices a ambos. Cuando me doy cuenta ella me mira desde afuera del auto, sus preciosos ojos se fijan en los míos, toda ella es una visión celestial, creo que nunca me cansaré de admirar su belleza. Me bajo y de nuevo la abrazo atrayéndola fuertemente a mi cuerpo, de repente una lluvia de flashes nos ciegan. Ella trata de separarse pero no la suelto, que se acostumbren, no pienso andar de lejos solo porque un montón de pervertidos piensan que un abrazo es casi un apareamiento.
- Pecosa, ya tu tía le informó a todo el país que soy hijo del duque -
- Lo siento -
- Ya no tengo nada que esconder, es mejor así -
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Tu armónica
Fiksi PenggemarLemon - Terryfic Luego de casi tres años de la despedida entre Candy y Terry en Nueva York, ella recibe una carta de Susana, desatando varios acontecimientos. Lenguaje erótico solo para mayores de edad.
