Corazón Libre

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La fiesta acabó tarde, regresamos a casa yo acompañada de Ann, pues Ryuji se había quedado en el Leblanc a resolver unas dudas con Ren. Al llegar a casa pasé el día de mi calendario y observé que el día siguiente era San Valentín. El 14 de Febrero estaba a la vuelta de la esquina y yo seguía sin un regalo y sin comprar chocolates de alta calidad, aunque cabía destacar que era pobre, lo único que llevaba ahorrado me lo gasté en rellenar la nevera que estaba a punto de quedarse vacía.

Al final decidí levantarme temprano al día siguiente para comprarle un mínimo detalle. No era mucho pero esperaba con muchas ansias que le gustase. También por mi mente se encontraba rondando  el hecho de contarle o no a Ryuji sobre mi partida hacia el nuevo caso que me habían asignado. En cuanto llamé a la agencia me explicaron por encima aquello que sabían (eran muy precavidos con los detalles) y al acto asentí a pesar de que me alejaría de mis compañeros un tiempo, probablemente medio año... Y eso implicaría decirle adiós a mi puesto de presidenta y aquello que más me importaba: Ryuji.

Suspiré mientras caminaba con una muchedumbre enamorada con su pareja cogida de la mano. Al fondo del mismo, justo en la plaza de Shibuya me encontré aquella cabellera característica roja la cual dejé cuando me quedé tumbada en la cama fingiendo mi desmayo. Miraba con asco a todas aquellas parejas y soltando algún que otro taco de por medio. Sin dudarlo me acerqué a él, después de todo me sobraba tiempo y el lugar de reunión con Ryuji era muy cercano a la plaza.

-¿Disfrutando de las vistas? -Burlonamente pregunté.

-¿Esa es la sensación que te doy? -Con asco me recriminó. -En fin, te estaba buscando. -Soltó sin más. -Cuando se giró de nuevo vi aquella cicatriz tan característica en forma de cruz sobre su rostro. -Me voy. Es hora de empezar ambos una nueva vida cada uno por separado.

-¿Así que te has acercado para despedirte? ¿Quién te ha enseñado modales? -Sonreí.

-¡Di lo que te dé la gana... yo ya he dicho lo que tenía que decir! -Era fácil molestarlo sobretodo cuando no estaba en su zona de confort. Tras una extensa pausa confesó. -He seguido tu último consejo y... he hecho un compañero.

-Nada me alegra más, la verdad. -Hablé. - Me alegra que ya no existan esos ojos apagados con los que me mirabas al principio. Es seguro que nuestros caminos se separen pero no des por hecho que no se crucen de nuevo.

-¡Como quieras! -Estiró su cuello, se acomodó la chaqueta y se puso en marcha. -Nos vemos _____ Akechi. -Fueron sus últimas palabras antes de fundirse con la muchedumbre de parejas. Una despedida fugaz pero así era él, directo al grano y sin preámbulos.

-Nos vemos Sho Minazuki.

Cuando miré el teléfono yo también me puse en marcha mientras revisaba mi libreta en la cual había apuntado todos los detalles de algunos de los posibles paraderos de mi hermano, releía una y otra vez las líneas y apuntando algún que otro detalle por si se me escapaba lo más mínimo. Tenía que salir de Tokyo para descubrir nuevos lugares y nuevas zonas y lo único que me permitía esa libertad era la posición de detective.

No quería tampoco malentender mi situación puesto que aparte de la búsqueda del famoso detective perdido podía impregnarme de la sabiduría de otros grandes detectives que estaban metidos en el caso. Encima había escuchado rumores sobre la familia Shirogane que estaría al tanto de la investigación a pesar de no inmiscuirse a fondo con la misma.

Por fin llegué a la puerta del cine de Shibuya, poco después y hastiado llegaba Ryuji que parecía haberse recorrido la maratón del siglo. Sin un buenos días ni un beso me cogió de la muñeca y como casi siempre me llevó a rastras.

-¡Ryuji, puedo seguirte el ritmo no hace falta tirar de...!

-¡Es importante _____! Cuanta más prisa llevemos mejor.

Persona 5 & RoyalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora