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LOS HIPIDOS DESGARRADORES del murciano se oían entre el escaso gentío que tenía la cabeza gacha y el pecho oprimido.
Lo inevitable ocurrió, el ciclo se cerró, los párpados se cayeron, el cielo se nubló, la tierra se quebró y ese gran lobo grisáceo aulló en señal de duelo junto a su manada. Las flores marchitas entre las amarillentas hojas de algún libro, dejaron de tener esa magia y se desintegraron entre el papiro y la tinta.
Los bolígrafos ya no tenían tinta, los horneros se escondieron en su pequeña casita de barro, las margaritas se habían ido a dormir y Cruz podía oír las lúgubres campanadas resonar en su cabeza.
Se negaba a creer en lo que estaba presenciando. Se pellizcaba el dorso de su mano mientras tensaba su mandíbula, pero esa molestia en su piel morena le dió luz verde de que, todo esto era más que real.
No había derramado lágrima alguna, pero su corazón lloriqueaba como un niño cuando le quitaban algo tan preciado y suyo. En realidad, sólo tenía la mitad de éste.
La otra se moría de amor, y veía cómo la sepultaban en un cajón de roble.
Su respiración se volvía más pesada a medida que los encargados de la funeraria tiraban tierra fría y oscura sobre el cajón que yacía a cuatro metros abajo del prado. Y la primera perla derretida cayó tristemente hasta su mentón cuando divisó cómo el murciano le dejaba un trozo de papel con algo escrito, desconocido para él, en la lápida junto con una sonrisa de dolor y un beso que, era de la despedida.
El beso que jamás le pudo dar.
Sorbiendo su nariz, se mantuvo firme en su lugar sin volver a mirar el tumulto de tierra que luego sería adornado de rosas. Haciendo una mueca de nostalgia, miró el ramo de lirios y campanillas azules que llevaba en manos.
FLASHBACK !
-La pasé genial, enserio.-afirmó desabrochándose el cinturón de seguridad mientras reía débilmente.
-Menos mal, y perdón si te pregunto todo el tiempo eso, pensé que había algo que no te agradó del vivero.
Negando con una sonrisa, tranquilizó olímpicamente al rapero poeta. -Me encantó todo, y más los lirios.
-Hablando de eso...
Ambos se miraron de reojo y ésta no tardó en reír por los nervios.
-Ay no, ¿qué hiciste? -indagó con curiosidad.
Y con una expresión tímida mezclada con una sonrisa ladina, le mostró un ramillete de lirios y campanillas azules dentro de una botella de agua.