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n/a: escuchar con la canción en multimedia si gustan, ¡gracias y espero les guste tanto como a mí!








LOS RAYOS DORADOS DE LA GRAN ESTRELLA que los acobijaba en una fría mañana, no tardaron en hacer de lupa en la habitación de Izaro.



















Como de costumbre, ella siempre se despertaba primero al sentir la calidez de la nostalgia paseándose por sus desnudas piernas, más que nada los domingos por la mañana.

Mirando de reojo el reloj de su pared color ciruela chistó la lengua, era demasiado temprano para su gusto. Y aquel malestar lo resolvía colocándose una sábana encima de su cabeza, volviendo a dormir.

En realidad, todo lo resolvía durmiendo.

Acomodándose lentamente en la cama para no despertar a su acompañante, quien dormía plácidamente, se levantó de allí para entrar al baño privado que tenía.

No era la gran cosa, sólo tenía lo esencial pero en él había una bañera que logró ganarla en una subasta, y le encantaba.

Estando como su madre la trajo al mundo, se sumergió por un buen rato en el agua. No había ruido, ni el típico olor a café mañanero, y eso le daba mucha paz. De ésta manera, solía encontrarse a ella misma después de haberse perdido entre tanta miseria: sumergida en agua con aroma a rosas.

Cuando sus dedos comenzaron a arrugarse pensó que lo mejor sería salir de una vez por todas y volver a dormir junto a Paredes.

Saliendo del sanitario de puntillas y con el cabello húmedo sin cepillar, se dirigió a entrecerrar las cortinas, por si la luz molestaba a su compañero de estudio.

— ¿Izaro?

El tono somnoliento y áspero del varón hizo voltear a la muchacha, quien al verlo refregarse los ojos con una mueca en sus labios, y se acercó a él.

— Buen día, Gin. — saludó quitando sus manos de sus ojos.— Volvé a dormir, que seguro te despertó el sol en la ventana.

— Me desperté porque no te sentí a mi lado. — confesó, aún teniendo ese tono ronco que a Izaro le parecía tan desestresante de oír. — Durmamos un ratito más nena, por favor...

— Bueno vos ganas. —rió por lo bajo y acurrucándose nuevamente contra el rubio se dispuso a mirar el techo de su habitación, debía quitar esas pegatinas brillantes lo antes posible. —Algo más te pasa, no como así te despertas tan temprano.

Ginés guardó silencio ante la conclusión de la fémina a su lado. Si bien era por otra cosa también que se había despertado pero la razón de que no despertó junto a ella, lo descolocó y se hizo la cabeza. Suspirando inaudiblemente mientras acariciaba con sus dedos la piel acendrada de los brazos de su contraria, la miró.

— Tuve un sueño, relacionado a ti. —aclaró su garganta para luego mirarla con el ceño fruncido ante la mirada traviesa de su amiga.—Ostia, ¡qué mente cochina tienes!

—Perdón perdón, ¿qué soñaste?

Antes de contestar jugó con las hebras grisáceas de la muchacha, las enredaba en sus dedos o veía su brillo y sonreía débilmente.

— No quiero entrar en muchos detalles pero...

— Pero, ¿qué?

Ahora sí ambos se miraban fijamente y una mezcla de sentimientos se intercambiaban a través de pestañeos.

— Tiene que ver con Agustín, y creo que deberías de llamarlo. No te digo con firmeza de que, algo le haya ocurrido...pero prevenir antes que lamentar.

Volsk lo miró confundida por unos cinco segundos para después levantarse de la cama en busca de su celular, que lo encontró justo dentro de su mesita de luz.

Buscando con nerviosismo el contacto, dió con el mismo y no tardó en llamarlo.

Ginés siempre tenía razón en base a sus sueños y ésta vez no sería la excepción, más cuando sabían de la condición de alcohólico de Agustín.

Pero no sabían el por qué de todo eso.

Luego de casi cuatro tonos, la llamada tomó su curso dando pie a los sollozos y murmullos inentendibles del moreno. —¿Agustín? ¿Dónde estás?

Una queja lastimera se oyó por la otra línea, preocupando de cierta manera al español.

Estoy donde íbamos a enlazar nuestro amor, ¡y me dejaste plantado frente a t-todo el mundo! —vociferó para después bajar el tono de sus sollozos.—Siempre me dijiste que ésta Iglesia te transmitía a-algo, ¿quizás es su gran crucifijo dorado...? No, eso no...las columnas talladas..puede ser.

De repente las ideas de donde podría estar Cruz, dieron de lleno con una.

—Quedate ahí que voy a buscarte, por favor no te muevas de ahí. —presionando el teléfono contra su oreja se dispuso a colocarse las zapatillas rápidamente y un abrigo holgado.

Siempre espero a tu regreso, vida mía. —y la llamada se cortó, logrando que los mejores amigos se vieran totalmente asustados.

— Tenemos que salir cagando ostias de aquí e ir a buscarlo, vámonos Izaro.

Tomando lo esencial entre manos, se dispararon fuera de la residencia, entrando vorazmente al coche color escarlata.

— ¿Dónde?

—Es en la Iglesia San Francisco, a unas cuadras de acá.

— Vamos volando.

















joder lo ke se viene en el próximo jujuuuuuu

mustio ; acru. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora