14. La Cacería.

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Otro pétalo cae al suelo y el príncipe no puede estar más absorto en el movimiento de su mano destrozando la rosa como en ese instante.

—¿Quieres ir a cazar?

El Lord le mira con una sonrisa. La flor se ha quedado sin pétalos que arrancar.

—¿Por qué no? Es una magnífica tarde. —Acepta con dulzura, admirando a las golondrinas emprender su viaje muy lejos de ellos—. ¿Una cacería nocturna es lo que propone?

El príncipe sonríe y asiente. Louis no puede estar más complacido al comprobar sus hoyuelos decorando su rostro.

La temperatura desciende mientras avanzan en el bosque, un par de caballeros los acompañan a una distancia prudente mientras los nobles buscan una presa que valga la pena la extenuante marcha.

Louis ve al venado a poca distancia. El sol aún ilumina el claro y la brisa agita su cabello cuando tensa el arco dispuesto a tirar. La flecha corta el aire y en menos de un parpadeo, el animal ha caído al suelo.

—Está hecho. —Anuncia el lord con expresión estoica y victoriosa.

Él admira la mirada feroz que tiene el lord cuando va de caza, sin embargo, ésta no se asemeja en absoluto a la que le obsequia durante escasas noches.

Cuando el camino lo guía a él de manera irremediable. Una sonrisa decora su rostro aceptado su destino, que ha sido sellado desde el primer momento en que se atrevió a posar sus ojos en aquel ser capaz de mover los hilos de su existencia a su antojo.

El Lord Tomlinson agita la batuta y el reino entero se inclina a sus pies.

Ellos no lo saben, pero alguien nuevo ya se ha sentado en el trono y nadie sería capaz de quitarlo de ahí.

El rey ha muertoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora