15. La Confrontación.

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Siente las miradas, todas y cada una. Puede distinguirlas y puede descifrar lo que ocultan, ha estado en palacio el tiempo suficiente para ello.

—Las revueltas se han detenido. —Menciona el duque con cierto tono de sorpresa siendo apenas perceptible en su voz—. Ha hecho un gran trabajo, su Majestad. Pensé que le tomaría más tiempo doblegar la voluntad de los campesinos... con un ejército, tal vez.

—Se ha de actuar con astucia en estos casos. Lamento no haberte ofrecido un asiento privilegiado para que admires un campo de batalla, Oliver. —Siendo el Duque de Montfort su primo favorito, el rey no desconoce su interés en la guerra.

—Por supuesto, majestad. Más sin embargo, pensé que el príncipe sería quien respondiera a la situación. Después de todo, el peso de una nación está sobre sus hombros y deberá hacerlo algún día.

El príncipe no responde. Está tan ocupado en mirar con atención al lord Tomlinson comer el caviar, ajeno a la conversación. Tampoco es una sorpresa su desinterés por los asuntos de la Corona.

—Él hace lo que debe hacer. —La reina defiende a su hijo cuál leona, y Louis sonríe al escucharla.

—No lo dudaría ni por un segundo, Majestad.

La reina mantiene su mirada en el duque durante un largo rato antes volver a hablar cuando el sonido del tenedor contra la loza es lo único que se escucha en la habitación.

—¿Qué es lo que hace aquí, duque? Sin intención de ofender, pero su región se ha visto necesitada de atención mientras usted permanece en palacio desatendiendo sus deberes.

—No ha de juzgarme por querer permanecer cerca de mi familia cuando su primo es quien comparte la mesa con nosotros.

El silencio se presenta otra vez y Lord Tomlinson no abandona su voto de silencio cuando la voz del rey se eleva una octava cuando responde por él.

—Lord Tomlinson puede permitirse estar en cualquier parte, es su hermano mayor quien está a cargo de sus tierras. No siendo así tu caso, mi querido Oliver.

Oh, su hermano. Sebastian ha estado insistiendo en su regreso, todo se desmorona sin él. El rey lo sabe, pues ha sido él quien se ha tomado la libertad de leer sus cartas. Sin embargo, el monarca no permitiría su regreso y el lord no puede decirlo en voz alta cuando Oliver añade:—Podría mudarse a palacio y no le molestaría en absoluto a su Majestad, ¿no es así? De todos modos, ¿no está el Lord Tomlinson comprometido?.

—¿Cómo es que de repente se interesa tanto por el lord, duque? —Menciona el príncipe, mirándolo con la mandíbula apretada.

—¿Podría ser de otra manera acaso? Es un enigma.

—Caballeros, compostura. —Pide la reina bastante molesta—. Y no, Oliver, el Lord no está comprometido.

—¡Esto es una maravilla! Supe que la Duquesa de Brisbane le encuentra atractivo. Serían una pareja estupenda.

—Has esado frecuentando a los miembros de la Corte muy seguido. —El rey ha perdido su apetito y se recarga sobre la mesa mirando al duque—. Los cotilleos son no otra cosa que molestos.

—He sido privilegiado con un buen oído, primo y, me temo que la corte no es discreta en absoluto.

—¿Por qué habría de casarse con la duquesa? —Dice casi de inmediato el príncipe.

—No veo por qué no lo haría si es inteligente.

El Lord, quien se había mantenido en silencio, suspira llamando su atención.

No permite que su gesto cambie cuando levanta la mirada encontrando cuatro pares de ojos curiosos sobre él. Justo como al inicio de la comida. Sabe que el rey y el príncipe no habían dejado de mirarlo durante todo el almuerzo, mientras que la reina envía miradas furtivas de vez en cuando, mucho más discretas . En cuánto al duque, quien se permite a sí mismo sonreír con socarronería, Louis lo ha atrapado más veces de las que podía contar, y él no ha apartado la vista ni una vez.

—Les agradecería a los presentes que no hablaran de mí como si no estuviera también en la mesa. Es descortés. —Habla con soltura cuando aparta el plato vacío, siendo el único que ha terminado su comida ya que el resto de asistentes no han hecho otra cosa que hablar—. En cuanto al matrimonio... las campanas de boda han de sonar después de que lo hayan hecho durante la boda del duque quien, si no me equivoco, debería contraer nupcias durante el verano.

—De hecho...

—Permítame aconsejarle dejar de escuchar lo que dicen las damas de la Corte. Ellas, como quienes las escuchan, no tienen otro oficio más productivo que entrenerse con la vida de otros, duque. —Se permite decir el título con el acento mucho más marcado de lo normal, sonando discordante con su tono meloso anterior—. Pero dado que disfruta genuinamente de la compañía de la corte ha de prestar más atención a sus cuchicheos. —El lord toma el cuchillo y lo coloca junto al tenedor con gracia—. Encuentran desagradable que un hombre comprometido prefiera estar alejado de su prometida mientras visita a su familia, ¿por qué no ha traído a la condesa a palacio con usted?

—Yo...

—No me debe dar explicaciones a mí sino a su primo, nuestro querido rey. Quien, por supuesto, desconoce que la razón por la que nos bendice con su presencia es que ha decidido abandonar a la que sería su prometida desde el nacimiento por una aventura carnal y, que ha decido que su tiempo en palacio sea una excusa para ello.

—¿Eso es cierto, Oliver? —El rey no acostumbra a ser especialmente un moralista pero dadas las circunstancias que desencadenaron es plática, no puede hacerse el desentendido—. ¿Sabe tu padre lo que has planeado?

Los balbuceos del duque, quien ha dejado caer su máscara de seguridad han dejado de llamar la atención del Lord. Él levanta una copa y hace una venia hacia la reina que a pesar de mantener sus labios sellados, sus ojos sonríen.

El rey ha muertoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora