26. Larga vida al rey.

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El Alba ha llegado y la noticia recorre cada rincón del reino.

—¡Ha sido asesinado!

—¡Qué horror! ¡Qué barbarie!

—¡Ha muerto el rey!

Gritos en lugar de susurros. Ahora no escupen mentiras en las esquinas ni murmuran secretos en las rendijas de las paredes.

Una sola verdad se cierne en el reino entero.

El rey ha muerto.

Y el peso de aquella verdad no es tan pesada como en el palacio.

La reina llora. Sus lágrimas resbalan por sus mejillas de porcelana dándoles el brillo característico del dolor. El príncipe consuela su llanto y la acompaña en su tristeza. El Lord es su apoyo más preciado.

Ojos acusatorios en los rincones, lo señalan y lo culpan. Él no los mira.

El Concejo se reúne. La Corte se reúne. La servidumbre se reúne. El pueblo se reúne.

Todos esperan una decisión final.

—El rey ha muerto. —Anuncia el Concejero más viejo entre todos, considerado el más sabio, cuando la multitud reunida en el gran salón ha hecho silencio al fin. Toma la corona y la coloca sobre los rizos achocolatados del príncipe, que antes arrodillado con humildad frente a él, se levanta con decisión—. ¡Larga vida al rey!

—¡Larga vida al rey! —Responde la multitud al unísono, no siendo conscientes del todo de la transición.

El rey recorre la multitud y se detiene en un par de ojos azules que centellean a lo lejos. Sonríe de lado y deja que lo guíen hasta el trono. Se sienta en él y suspira viendo cómo todos se inclinan con respeto.

Cuando todos se levantan nuevamente, Louis continúa ahí, sonriéndole a Harry –su nuevo rey– desde la distancia.

El rey ha muertoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora