20. El enamorado.

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El eco del andar de sus botas desesperadas puede escucharse por todo el palacio. El príncipe recorre los pasillos con premura, precisa encontrar a alguien.

El invierno está acechante con su frialdad y belleza características. Justo como aquel a quien busca.

Las ocupaciones que han caído sobre sus hombros son exigentes. Su reino espera por él y el príncipe solo anhela poder ver sus ojos una última vez antes de partir en su viaje.

—¿Su alteza? ¿Se encuentra bien? —Le pregunta un guardia al verlo andar sin rumbo fijo—. ¿Puedo hacer algo por usted?

—No hace falta. —Duda por un momento. Sus ojos están fijos en las baldosas doradas que lo dirigen hasta el ala de su madre—. Tan solo busco a la reina, ¿está en su habitación?

—Sí, su alteza.

Susurra un gracias y avanza hacia su reina.

Cuando abre la puerta de la habitación la ve sentada al borde de la cama, un geranio oscuro decora su tocado. Ella gira su rostro y sonríe cuando lo ve, su sonrisa no es capaz de llegar a sus ojos.

—Mi niño, ¿qué haces aquí?

La voz de la reina siempre es un bálsamo para cualquier herida.

—Quería verte.

Avanza con temerosos pasos hasta su madre sentándose a su lado. Ella sonríe y besa su mejilla.

—Sé a qué has venido.

—Claro, te lo he dicho yo.

La reina acaricia su mejilla con cariño. Un rastro de incipiente barba es áspera contra la suave mano de su madre.

—El brillo en tus ojos ha cambiado hace mucho y pareces no darte cuenta.

—¿Darme cuenta de qué?

Ella toma un mechón marrón y lo coloca tras su oreja. El príncipe ha dejado crecer su cabello, ahora le llega a los hombros. Él ha dejado crecer su barba y ha dejado la cacería en segundo plano. Sus facciones se han endurecido como el roble que han plantado años atrás.

Sin embargo, su mirada –antes aburrida–, es más dulce que nunca. Resplandece en la oscuridad y da vida a todo lo que mira.

—Mi dulce niño, te has enamorado.

El rey ha muertoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora