Elizabeth decidió.
La gala de compromiso había sido la más grande nunca realizada.
Los días pasan y la dulce pareja disfruta de uno de sus paseos vespertinos. Se aproximan al laberinto. Sus pisadas lentas se escuchan tan cerca que Louis puede decir con exactitud los segundos que tardarán en llegar a él.
—Buenas tardes, Lord Tomlinson. —Saluda el rey con un movimiento de cabeza, su prometida enganchada a su brazo lo imita—. ¿Cómo están los rosales hoy?
—Buenas tardes, su Majestad. —Asiente hacia él y luego hacia ella—. Milady. —La saluda y puede ver el rubor en sus mejillas cuando sus ojos azules se encuentran con los marrones—. Espléndidos, Majestad. Puedo asegurarle que no he visto rosas tan magníficas desde que estuve en casa.
—¿Volverá pronto a La Península, mi lord? —Pregunta la joven duquesa, un dulce color rosa decora sus mejillas cuando alza la voz para ser escuchada. El brillante diamante brilla en su mano, resplandece incluso en la oscuridad, Louis lo ha visto antes.
—Eso me temo, milady. He estado lejos por un buen tiempo.
—¿Se quedará a la boda?
Louis está seguro que sus palabras fueron inocentes. Él sabe que no quiere ser quien clave un puñal en su costado.
Sonríe con tristeza que, es consciente, se interpretará por otra razón.
—No podré, milady. Sin embargo, estoy seguro que será una ceremonia grandiosa.
—Es una lástima. —Dice ella siendo más segura con sus palabras. Elizabeth escogió bien, Louis piensa—. Sé que es cercano a su majestad y todos aquí en palacio le guardan cariño.
Louis asiente.
—Estoy seguro que su Majestad entenderá las razones por las que no puedo estar en un día tan importante y me sabrá disculpar, ¿no es así? —La mirada pensativa del rey repara en el rostro del lord, suelta un suspiro que no sabía, estaba conteniendo.
—Por supuesto, mi lord. No tendría por qué enojarme. —El rey lo mira con súplica, sabiendo lo que causa cuando sus ojos parpadean de esa manera. El Lord hace un esfuerzo por mantenerse firme en su decisión—. El deber, es el deber.
—Así es, su Majestad. —El lord mira a las golondrinas alejarse en lo más alto del cielo y también se permite suspirar—. Debo irme, fue un placer verlos. Hasta pronto. —Louis hace una reverencia a la pareja para alejarse por el camino de estatuas de piedra que ha recorrido tantas veces.
La noche llega agonizantemente rápido. Las rosas se han marchitando en su cama y la fragancia de los narcisos ha desaparecido ya.
El rey ha entrado en su habitación una vez más, una última vez.
—Quédate.
Es un ruego. Una súplica.
Louis escuchó muchas antes.
—No lo haré. No podría.
—Por favor, no puedo hacer esto sin ti. —Se acerca al cálido cuerpo del Lord. Acaricia su mejilla y él deja que lo haga, complacido por la manera en que el simple toque lo hace sentir. Complacido de ser amado—. Te necesito.
—No lo haces. Tendrás una esposa dentro de unos días. Tendrás una reina que te hará compañía y ya tienes un reino que cuidar. No necesitas de un lord que ha abandonado todo principio y moralidad.
—No has abandonado nada.
—Él era un adúltero, Harry. Cometió muchos errores. Por favor, no quiero que hagas lo mismo. —Louis intenta que sus ojos demuestren aquello que sus palabras dicen. Sabe que no lo está logrando en absoluto cuando Harry está a centímetros de su rostro—. Ella no lo merece. Nadie lo merece.
—Mi corazón no podría serle nunca fiel aunque mi cuerpo lo intente.
—Quedarme lo haría peor.
—¿Me dejarás amarte esta noche? —Su mano llega hasta el borde de su cintura, justo antes del abismo al que desea saltar.
Louis no siente la lágrima que abandona sus ojos hasta que los amorosos dedos del rey la retiran. Hasta que sus labios amables eliminan su rastro. Louis asiente.
Él quiere sentirse amado. Harry quiere amarlo y adorarlo toda la vida. Sin embargo, como alguna vez el lord mencionó, no siempre obtenemos lo que deseamos.
Yacen en medio de espinas y pétalos dorados, temiendo el amanecer.
—Quédate hasta la boda, por favor.
Louis vuelve a negar, concentrado en dibujar figuras en el abdomen desnudo de Harry. Besa el rastro que dejaron sus labios hambrientos horas atrás, desea que su piel permanezca marcada toda la vida. Desea grabar con fuego aquella escena.
—Si me quedo...—Alza la mirada, el rey lo espera. Identifica la esperanza en los irises esmeraldas, se siente devastado—. Soy capaz de impedir la boda.
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El rey ha muerto
Fiksi PenggemarSilencioso y mortífero como el puñal en su mano. Nadie lo ha visto rondar entre los pilares de un hogar roto. Él tan solo acecha en la oscuridad seductora como sus caderas, sus labios venenosos susurran secretos falsos. Cuando el alba se presenta, l...
