Dos veranos ya han transcurrido y el Lord sólo puede ver sus gardenias florecer con complacencia.
La noticia del primer cumpleaños del príncipe llega con su invitación.
Él no ha ido al Palacio desde la boda. No pretende ser descortés e ignorar la invitación del rey. No obstante, de haber asistido, sabe que no hubiera podido contenerse de cometer más actos impropios de él. Tiene una condena larga en el infierno y no necesita sumarle cargos.
Además, la reina espera un segundo hijo.
Las cosas, después de todo, resultaron bien.
Su prima Elizabeth lo mantiene al tanto. Sin embargo, a él ya no le interesan sus cartas. No desea leer cómo el amor de su vida es feliz con alguien más. No desea saber cómo su corazón ya ha sido conquistado.
Sabe que no es verdad. Sabe que sus pensamientos son sólo una cortina que envuelve los verdaderos, porque sabe que el rey también lo extraña y no quiere sentirse culpable por abandonarlo.
La brisa de la tarde mueve su cabello. Lo ha dejado crecer y disfruta de las caricias ondulantes del viento peninsular. Ha ido al mar tantas veces, esperando que sus aguas purifiquen su alma. Ha esperado junto a los rosales tanto tiempo.
Una de las gardenias cae al suelo. El lord la recoge y admira a la pequeña flor, que a pesar de la intemperancia ha podido ser tan maravillosa.
—Señor. —Llama Giuseppe en cuanto llega hasta él en el jardín. Louis levanta la mirada indicándole que continúe—. Tiene una visita.
No dice nada más, tan sólo lo sigue al interior de la residencia. Desea haber preguntado. Su mente tan sólo se puede enfocar en ondulaciones mortales y labios carmesí en cuanto llega a la sala.
—Buenas tardes, mi lord.
El saludo consigue que sus piernas tiemblen y que su corazón amenace con abandonar su pecho. Suspira, liberando la respiración que no había notado que sostenía, cuando se acerca y lo abraza.
—Ha sido tanto tiempo.
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El rey ha muerto
FanfictionSilencioso y mortífero como el puñal en su mano. Nadie lo ha visto rondar entre los pilares de un hogar roto. Él tan solo acecha en la oscuridad seductora como sus caderas, sus labios venenosos susurran secretos falsos. Cuando el alba se presenta, l...
