La vida en la Península es maravillosa, el lord Tomlinson puede dar testimonio de ello. No hay demasiado calor ni frío que impida su gratificante estadía permanente.
Sin embargo, sí hay algo que aqueja su tranquilidad. Algo perturba sus pensamientos y le causa pesadillas.
Soledad.
No es que se encuentre solo. Un numeroso séquito está siempre a su disposición. Su hermano aún lo visita durante sus largas tardes en el estudio. Recorre el muelle y saluda con los lugareños, ellos le adoran. Su madre aún sonríe para él cuando toca su pieza favorita en el piano.
Puede sentir la calidez de un hogar que, a pesar de tener su apellido, ya no considera suyo.
El esplendor del jardín, que con tanto cuidado hizo florecer, no se asemeja a aquel donde pasó tantas tardes. Los rosales no igualan el estupendo carmesí.
—¿Se siente bien, señor?
Louis suspira, levantando la mirada y deteniendo sus dedos en una melodía rota.
—Mi querido Giuseppe. —Mira con cariño al mayordomo que lo ha visto crecer y ha sido su cómplice en más de una travesura—. A veces me aterra lo bien que me conoces.
—Supuse que querría algo de té. Hace un poco de frío afuera.
Louis asiente y agradece. Se hace a un lado e invita a su viejo amigo a sentarse con él. Mira las suaves arrugas que surcan su rostro. Recuerda la primera vez que pudo identificar a Giuseppe. Estaba montando a caballo sobre el regazo de su padre y el mayordomo lo ayudó a bajar, le ofreció una margarita.
Unas felicitaciones bien recibidas. Louis aprendió a amar las flores con aquel pequeño gesto. Identificar a las personas con flores era, sin embargo, algo que surgió por necesidad.
—Disfrutó su estadía en Palacio. —No es una pregunta y Louis sonríe.
—Por desgracia, sí.
—¿No ha salido todo como lo deseaba?
—Ha resultado mucho mejor y me temo, que es la razón de mi agonizante estado que te ha obligado a prepararme un té.
—¿Acaso no es gratificante el resultado? —La duda en la voz de Giuseppe lo hace sonreír—. ¿Qué es aquello que no le permite disfrutar de su victoria?
Aunque intentara explicar con palabras lo que su corazón sentía en aquel momento, no sería capaz. No puede conseguir expresarlo con nada más salvo por las tristes melodías que se ha dispuesto a interpretar. Tal vez con su andar decaído hubiera sido suficiente, tal vez con su semblante serio.
Tal vez por su constante silencio.
—En toda cacería, hay algún daño. El cazador asesina a su presa ¿a cambio de qué?
—Alimento.
Louis asiente.
—¿Qué sucede cuando el cazador no necesitaba cazar? ¿Qué sucede con su alma cuando, teniendo suficiente alimento para sobrevivir al invierno, continúa cazando? —Louis desvía su mirada al humo que desprende su taza de té. Las ondas giran libres en el aire mientras se evaporan—. ¿Sabe el cazador que debería haberse detenido luego de la primera presa?
—No comprendo, mi lord.
Louis vuelve a sonreír. Tan triste que solo es una mueca en una máscara preciosa.
—He lastimado a alguien, Giuseppe. —Mira a su amigo una vez más, quien espera paciente que continúe—. Y en el afán de hacer las cosas correctas, me he lastimado yo mismo.
—Pero le ha entregado un reino próspero al heredero. Al legítimo. —Menciona el mayordomo—. No hay más disturbios. La gente ya no especula. Luego de muchos años, hay paz. Sé que ha sido usted tras el telón, quien ha logrado calmar a fieras que llevaban años devorando a inocentes.
Y eso era. Nada más que un mediador. Alguien dispuesto a sacrificar su alma por el bien del reino. Alguien dispuesto a abandonar toda moral por su gente.
—Lo he hecho.
—Supe que han sentenciado al asesino del rey. Lo ejecutarán por la mañana.
Louis lo mira, dudando.
—¿Quién ha sido?
—El asistente del chef. Un alquimista rebelde. Había envenenado su vino.
Louis vuelve sus ojos a la taza vacía. La deja sobre el piano y asiente. Vuelve a tocar su pieza musical favorita, que a pesar de ser alegre, aquella tarde suena especialmente melancólica.
ESTÁS LEYENDO
El rey ha muerto
FanfictionSilencioso y mortífero como el puñal en su mano. Nadie lo ha visto rondar entre los pilares de un hogar roto. Él tan solo acecha en la oscuridad seductora como sus caderas, sus labios venenosos susurran secretos falsos. Cuando el alba se presenta, l...
