Capítulo 16

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You're the one that I want at the end of the day


—¿Hola?

—Hola Hannah — escuché la voz grave y rasposa que se estaba volviendo tan familiar para mí.

—Harry — dije — no esperaba tu llamada. — Su risa resonó al otro lado de la línea haciendo que sintiera un vacío en mi estómago.

—¿No molesto?

—No, no. Claro que no — respondí rápidamente. Alargué la mano y deje mi vaso de jugo en la mesa de noche y me acomodé mejor entre mis almohadas.

—Es que estaba escuchando una canción y me acordé de ti. Pensé que tal vez sería bueno hablar contigo. — Sonreí.

—¿Puedo saber cuál era la canción?

—Sí. Era Brown Eyed Girl de Van Morrison. — Respondió — Solo pude pensar en tus ojos.

—Pues la escucharé entonces.

—Vale. ¿Ya leíste el libro que compraste el miércoles?

—Aún no lo termino, me faltan como dos capítulos.

—¿Y qué tal?

—Pues es solo una novela romántica más del montón, pero son mi placer culposo.

—No creo en los placeres culposos.

—¿Por qué?

—No deberías sentir culpa por algo que te trae felicidad. La culpa no te permite amar las cosas por completo por eso es mejor disfrutar de lo que te gusta sin remordimiento.

—¿Entonces no tienes ningún placer culposo?

—Te mentiría si te dijera que no — respondió. — pero es diferente. Mi único placer culposo es disfrutar el tiempo que paso con una persona con la que no debería pasar tiempo. Sin embargo lo hago, no me privo de esos momentos.

—Es bonito cuando tienes ese tipo de momentos con una persona.

—Sí. ¿Alguna vez los has tenido? — preguntó.

—No — sentí mis mejillas arder.

—¿Acaso nunca has tenido algún novio con el que hayas compartido ese tipo de momentos?

—No, Harry.

—¿O sea que aún no experimentas lo bonito que es que te regalen flores o que te den algún detalle?

—Pues nunca me han regalado flores, aunque creo que puedo vivir sin eso. Pero sí he recibido detalles de parte de mi familia.

—La familia no cuenta.

—Para mí sí. Son ellos con los que compartes los mejores momentos.

—Pero son momentos diferentes. Ya pronto conocerás la diferencia. — Yo sonreí y me acomodé mejor en la cama quedando completamente boca arriba. — ¿Qué hay de lugares?

—¿Cómo así? — pregunté.

—¿Hay algún lugar que sea tu "placer culposo"? ¿Algún lugar cliché que ames? ¿Al que quieras ir?

—Sí — respondí — es el lugar más cliché del mundo, pero no puedo evitar amarlo.

—¿Cuál es?

—París. Siempre me ha encantado París.

—No me jodas

—¿Qué? — Reí.

—Es mi lugar favorito del mundo — respondió — tenemos algo en común Hannah. — Yo no pude evitar sonreír y sin darme cuenta me mordí el labio. — ¿Has ido alguna vez?

—No, pero quiero ir cuando me gradúe del instituto.

—Podríamos planear un viaje juntos y así vivir una aventura tú y yo. ¿Te imaginas? ¿Nosotros caminando en las calles de París o tal vez en una cafetería mientras tú lees un libro y yo intento leer un periódico que no entiendo porque está en francés? — No pude evitar reír.

—Claro Harry — respondí — podríamos viajar juntos cuando acabe el último año de instituto y tú de universidad.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

Los dos hablamos hasta pasada la media noche.

Harry me contó de lo emocionado que estaba por que llegara febrero y así empezar su último año de universidad. Amaba la carrera que estaba estudiando y la verdad estaba sacando buenas notas.

Yo le comenté mi indecisión sobre qué carrera elegir una vez acabara el instituto. Me ayudó a hacer una lista de las cosas en las que era buena, una de las cosas que me gustaba hacer y otra de lo que definitivamente no disfrutaba y al final, de acuerdo a esas listas, me dio cinco opciones de carrera que tal vez me vendrían bien y se lo agradecí infinitamente aunque no le dije que no era algo en lo que quisiera pensar cuando faltaba un año por delante.

Él decidió que era mejor cortar la llamada porque yo no podía evitar bostezar cada cinco minutos así que prefirió que me fuera a acostar.

—Descansa Hannah. Siempre es un placer hablar contigo. Por alguna razón disfruto mucho tu compañía y me alegra que por fin nos estemos conociendo.

—Gracias, supongo. La verdad no sé qué decir — dije con timidez.

—No tienes que decir nada, sólo con que me escuches es suficiente.

—No es tan difícil.

—Para ti no lo es, y es lo que más me gusta y es raro porque tú no eres el tipo de chicas con las que acostumbro a hablar.

—¿Con quienes hablas?

—Me encantan las rubias.

—Yo no soy rubia.

—Pero tienes el encanto que muchas no tienen y eso me gusta.

Esa noche me fui a acostar con una sonrisa en elrostro y no pude evitar soñar con esa voz rasposa que me hablaba al oído y medecía que todo iba a estar bien. 

Efímero | h.s (1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora