Capítulo 34

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For here comes the punchline so short and so neat, you're gonna break my heart tonight


—Hey — oí una voz a lo lejos y una mano agarrando suavemente mi brazo sacándome del trance en el que estaba y me di cuenta que era Oliver el que me hablaba y que no estaba lejos. Estaba al frente de mí. — ¿Qué haces parada ahí? Papá ya está en el cine esperando. — Yo limpié rápidamente una lágrima que se me había escapado — ¿Estás bien?

—S-sí, sí. — Respondí con la voz entrecortada.

—¿Qué pasa?

—Es solo que... hoy no ha sido un buen día. — dije, tratando de controlar mi respiración para que él no notara que estaba hiperventilando.

—¿Te estás tomando los medicamentos? — yo asentí. — Entonces vamos, de seguro se te pasa con la película — me sonrió y yo traté de hacer lo mismo pero fallando terriblemente.

Juntos caminamos hasta el cine donde papá ya nos esperaba en la fila para comprar los tickets. Oli caminó conmigo y me dirigió a una banca que estaba en la entrada del cine.

—¿Quédate aquí sí? — Me molestaba que me tratara como enferma pero la verdad en ese momento no quería discutir, mi mente estaba perdida en el recuerdo de Harry con aquella chica y en sus ojos cuando se encontraron con los míos ¿De verdad soy tan insignificante como para no tener ninguna reacción al verme?

Oli fue hasta donde estaba papá y le dijo algo al oído. Papá sólo me miro y asintió. Cuando compraron los tickets los dos caminaron hacia mí y yo me levanté de la banca.

—Vamos a ver La Crisis de los 50. — dijo papá con una sonrisa.

—¿Una comedia? — pregunté desanimada.

—¡Vamos! Así te animas — dijo Oliver dándome un pequeño empujoncito en el brazo. Papá me atrajo hacia él y me abrazó y los tres caminamos a comprar las palomitas.

La verdad es que no sé de qué se trató la película, no pude concentrarme porque las imágenes de lo que pasó seguían apareciéndose en mi mente. Cuando la gente reía, mi papá me miraba de reojo a ver si algo había cambiado en mi ánimo pero yo no me esforzaba para hacerle creer que eso había sido así, así que él solo me agarraba la mano y me la apretaba.

El camino a casa fue silencioso, al menos por mi parte. Oliver trataba de hacer bromas para que me riera pero yo no respondía. Me sentía muerta por dentro y nada podía hacer que reviviera.

Cuando llegamos a la casa, ya de noche, me disculpé y me dirigí a mi habitación.

—¿No vas a comer? — preguntó papá.

—No tengo hambre — respondí.

—Hannah... sabes que tienes que poner de tu parte. — Me cansaba siempre de escuchar lo mismo porque nadie entendía que cuando uno está en el fondo es muy difícil salir por más de que patalees y luches con todas tus fuerzas, pareciera que entre más que luchara me hundía más y por eso dejé de intentarlo.

—No tengo hambre — dije recalcando las palabras para que me dejara en paz. Igualmente no esperé una respuesta de su parte antes de subir corriendo las escaleras.

Cuando entré en mi cuarto tiré el libro que aún tenía en mis manos en el escritorio y me fui a acostar en mi cama. Me enrollé bajo las sábanas y por primera vez desde esa tarde empecé a llorar. No hacía ningún ruido, sólo dejaba que las lágrimas salieran libres.

No sé cuánto tiempo pasó pero cuando me pude calmar un poco ya me dolía el pecho tenía los ojos totalmente hinchados.

Una notificación llegó a mi celular y de mala gana lo agarré y lo miré. No pude evitar soltar una carcajada cuando leí el mensaje que había llegado. Era él y se atrevía a preguntarme "hey, cómo estás?".

Estaba viendo totalmente rojo y mis dedos escribieron una respuesta rápida sin que mi mente pensara primero las cosas.

"Que cómo estoy? Acaso eres tan sínico?"

Tiré el celular lejos de mí y me encogí en la cama. Volví a llorar esta vez un poco más desesperada que antes porque no podía contener la rabia que sentía hacia él.

De repente el celular empezó a sonar avisando que tenía una llamada entrante. Me senté y lo agarré y vi el nombre en la pantalla. Me limpié las lágrimas furiosamente y tragué para tratar que no se notara el nudo que se hacía cada vez más grande en mi garganta. Por fin contesté pero no tuve necesidad de hablar, él lo hizo primero.

—¿Qué te pasa? — preguntó. Yo no pude evitar soltar una risita.

—¿En verdad me estás preguntando qué me pasa Harry?

—Hannah...

—Te vi y sé que me viste. ¡Me viste y no te importó!

—Hannah, no tienes ningún motivo para ponerte así.

—¡Te besaste con ella Harry! ¿De verdad te importo tan poco que me tratas como si lo que vi fue solo un abrazo o algo así?

—Hannah...

—¡Además entraban los dos a una sexshop! ¡¿Para qué?! ¡¿Querían mejorar los jueguitos entre ustedes?! — escupí.

—Hannah, yo no tengo por qué darte explicaciones. Si la besé fue mi problema, tú y yo no somos nada así que no me vengas a reclamar cosas que no te incumben.

—Está bien, Harry — dije, respirando profundamente — Espero que te vaya bien con ella. Lo peor que me pudo pasar fue haberte conocido, igual y debí hacerles caso a todos porque tenían razón al decirme qué clase de persona eras...

—Hannah, no...

—Adiós Harry, y que disfrutes tus compras.

Colgué el teléfono y lo tiré lejos de mí. Volví a llorar sin poder controlarme pero esta vez me quedé dormida.

En mis sueños sólo se repetían las imágenes de él besando a la rubia una y otra vez. A veces podía escuchar cómo Harry le susurraba las cosas que le quería hacer antes de entrar a la tienda, otras se aparecía Emily al lado de Oliver y los dos me decían "te lo dije". Oliver me decía que ahora que sabía la verdad de Harry no iba a estar para mí y que me olvidara que tenía un hermano y Emily no dejaba de repetir frases como "No eres bonita Hannah" o "No eres su tipo de chicas, a él le gustan como modelos y mírate, das asco".

Toda la noche estuve dando vueltas en mi cama tratando de que esas imágenes desaparecieran de mi cabeza pero sin tener éxito. Me despertaba y volvía a cerrar los ojos rezando para que esta vez no aparecieran pero ahí seguían.

Cuando me desperté a las cinco de la mañana decidí no seguir durmiendo. Miré a la ventana y la luz aún no entraba por ella. Así que me di la vuelta y empecé a llorar, parecía que todo lo que no había llorado en todos esos meses por culpa del medicamento lo estaba soltando en ese momento y vaya que era mucho.

Abrí los ojos y me limpié las lágrimas cuando sentí pasos en el pasillo y solté una maldición entre dientes. ¿Ahora qué iba a hacer? Por fin todo estaba arreglado en la casa. A papá y a Oliver le caía bien Harry y Emily ya no se iba a meter más en mi camino pero al final y al cabo todos habían estado en lo correcto.

¿Cómo los iba a mirar a la cara y decirles que habían tenido razón y que el chico de ojos verdes que me sacaba sonrisas ahora me había roto el corazón y sólo me sacaba lágrimas?

Efímero | h.s (1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora