Capítulo 11

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If I had the chance I'd ask the world to dance and I'll be dancing with myself


—¿Segura que sabes qué bus tomar para regresar? — preguntó Oliver por tercera vez mientras yo me quitaba el cinturón.

—Ya te dije que sí. — respondí.

—Pero...

—Déjala tranquila Oliver — dijo Emily. — Ella es una mujer independiente que sabe cómo hace sus cosas.

—Yo solo me quiero asegurar — le respondió.

—No le va a pasar nada ¿verdad Hannah?

—Sí — le sonreí por el espejo retrovisor. — Gracias por el aventón Emily.

—De nada.

—Adiós tonto — me despedí de Oliver y me bajé del auto.

—Adiós y cuídate — me dijo por la venta.

Caminé hasta la tienda no sin asegurarme que era el número correcto por más tonto que esto fuera porque lo que tenía al frente de mí era claramente una tienda de pinturas y artesanías.

Abrí la puerta y una campana sonó por el lugar.

Me acerqué al mostrador donde había una chica de aproximadamente 25 años con un delantal sucio y un pañuelo en su cabello.

—Hola — dije. Ella me miró y sonrió.

—Hola ¿en qué puedo ayudarte?

—Vengo a pagar el curso de pintura que empieza en diciembre.

—Claro — respondió —. Te recuerdo que sólo aceptamos efectivo.

—Sí, no hay problema.

—Son 150 entonces. —Yo saqué el dinero del morral que había traído conmigo y se lo di. Ella me pidió mi información para ingresarla en el programa y cuando estuvo listo me hizo firmar un documento.

—¡Listo! Las clases empiezan el lunes 9 de diciembre a las 4pm.

—¿Son en este lugar?

—Sí, son aquí.

—Entonces muchas gracias.

—Gracias a ti. Te esperamos el 9. — Yo le sonreí y salí de la tienda.

Una vez afuera me puse mis audífonos y le di play a la playlist que estaba escuchando en este momento.

Caminé unas cuatro cuadras hasta que encontré un Subway y entré en él. Hice mi pedido y cuando lo tuve en mis manos fui a una mesa y empecé a comer.

Antes me daba una ansiedad tremenda el imaginarme comiendo sola en un restaurante lleno de gente, pero una de las terapias que tuve desde que empecé mi tratamiento fue hacer cosas sola y a pesar de que en el fondo todavía me asustaba ya se me hacía un poco mejor el imaginarme haciendo esta clases de actividades por mi cuenta así que comí tranquila.

Cuando terminé arrojé la basura en el tacho y salí del local. Luego caminé una cuadra de regreso porque había visto un parque antes.

Crucé la calle y caminé hacia un árbol del parque para sentarme bajo su sombra.

Saqué el libro que había traído conmigo y me dispuse a leerlo.

—¿Será que si te leo te entenderé mejor como él dijo? — le pregunté a la nada y luego lo empecé.

La tarde pasó volando y no me di cuenta de ello hasta que muchos pájaros empezaron a llegar al árbol haciendo mucho ruido. Dejé el libro a un lado y me di cuenta que el sol ya se estaba escondiendo.

Me había perdido en las hermosas ilustraciones y la grandiosa historia. Había logrado leer dos tercios del libro y me había encantado. Al final Harry tenía razón y me había enamorado completamente de la historia y además iba entendiendo por qué el protagonista encerró a Evey.

Guardé el libro en el morral y caminé hasta la parada de autobús. Di gracias cuando lo paré y me di cuenta que no estaba lleno y que había asientos. Odiaba ir apretujada en el transporte público.

Cuando llegué tanto Oliver como papá estaban en la sala viendo una película en el televisor.

—Hola preciosa — me saludó mi papá. —¿Cómo te fue?

—Genial, ya estoy inscrita.

—¿A qué? — preguntó Oliver.

—A unas clases de pintura.

—¿Eso es lo que estabas haciendo donde te dejamos?

—Mmhm —afirmé.

—Ven, siéntate con nosotros — dijo papá.

—Prefiero subir y seguir leyendo el libro con el que estoy ahora.

—Está bien, tú te lo pierdes.

Subí las escaleras y me dirigí a mi habitación. Me quité mi chaqueta y la colgué detrás de la puerta. Saqué el libro del morral y a éste lo deje en mi escritorio. Me acosté en mi cama y seguí con la lectura.

Unos diez minutos después alguien tocó la puerta.

—¿Puedo pasar? — preguntó Oliver desde afuera.

—Sí, pasa — respondí. El entró y cerró la puerta tras de él. Se acercó y se sentó al borde de la cama.

—¿Cómo te fue hoy? — preguntó.

—Bien, me inscribí a las clases y luego estuve toda la tarde leyendo en un parque.

—Que bien...

—Sí. ¿Qué tal tú?

—Emily y yo hicimos un picnic y de ahí fuimos a ver una película. — Sonrió y pude ver como sus mejillas se ponían coloradas —No quiero decir que me estoy ilusionando...

—Pero lo estás — lo interrumpí.

—Solo espero que no termine mal.

—No puedes empezar algo pensando que las cosas van a terminar. Sólo vive el momento.

—Trataré pero igual no es por mí que estoy aquí — él cambió el tema.

—¿Entonces? — pregunté

—Papá me dijo que te habías sentido mal. Quería saber qué tal has estado.

—Ah es eso — suspiré —. No te preocupes por mí, no fue nada.

—Sabes que puedes confiar en mí, Hannah.

—Sí, es solo que vi una foto de Marie y me hizo sentir feo. No fue nada.

—¿Estás mejor? — yo asentí. — Hannah sé que ella era tu única amiga pero debes saber que yo te amo y que me tienes a mí también.

—Lo sé, tonto — los dos reímos. Él se acercó a mí y me dio un beso en la frente.

—Te dejo, voy a seguir viendo la película que está buena. — Yo sonreí y él salió de mi habitación.

Esa noche terminé el libro, por esta misma razón me dormí muy tarde, pero justo cuando estaba a punto de quedarme dormida agarré mi celular y entré en mis chats. Abrí el que estaba buscando y empecé a escribir mientras sentía como se aceleraba mi corazón.

"Tenías razón. Entendí todo"

Le di enviar y dejé el celular en la mesa de noche. Me di la vuelta y me dispuse a dormir.

Efímero | h.s (1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora