Ride or die, you and I
Estaba recostado en su moto. No sabía de qué marca era porque no sabía nada de motocicletas, sólo podía decir que era negra y muy grande. Él, por su parte, estaba vestido con unos jeans negros y una chaqueta también negra arriba de su camisa blanca.
Me acerqué a él muy lentamente porque estaba algo intimidada con su vehículo.
Me di vuelta porque algo me decía que papá estaba viéndome y efectivamente... Vi su cara por una esquina de la ventana pero una parte estaba tapada por la cortina. Estoy segura que no le gustaba lo que estaba viendo. Me estaba metiendo en problemas y lo sabía muy bien.
—H-hola.
—Hola — Harry sonrió. — ¿Lista? — Yo asentí. — Vamos entonces.
—Espera... — él se subió a la moto — ¿Me tengo que subir ahí? — pregunté señalando el vehículo.
—Sí ¿Por?
—Es que... nunca... me he subido a una moto.
—¿Es enserio? — preguntó. Yo asentí intimidada. — Tranquila. Susie no muerde, es muy segura.
—No estoy tan segura de eso — respondí.
—No te asustes, en serio es segura y te prometo que no voy a manejar muy rápido. — Con algo de duda caminé hasta estar cerca de él. Pasé la pierna por arriba de la moto y me acomodé en el asiento. Harry me paso un casco mientras él se ponía el suyo. —Agárrate de mí si quieres.
Pasé mis brazos por su abdomen abrazándome a él. Él quitó la palanca que mantenía la moto en posición y la encendió.
Cuando arrancó lo abracé con más fuerza y agarré su camisa en mis manos apretándola dentro de mis puños.
Cerré mis ojos para no ver lo rápido que estaba manejando y decidí concentrarme en mi respiración. Inhalé mientras contaba hasta cuatro, luego mantuve el aire otros cuatro segundos, después exhalé mientras contaba hasta cuatro y por último aguanté la respiración cuatro segundos.
Hice esto varias veces hasta que de repente paramos. Abrí mis ojos y estábamos en un semáforo.
—¿Cómo lo estás llevando ahí atrás? —Preguntó Harry.
—Solo lo estoy llevando. — Él apretó una de mis manos que estaban aún agarradas a él.
—Ya casi llegamos. — Yo no respondí pero di gracias internamente.
Pasaron alrededor de 10 minutos más y la moto entró a un estacionamiento subterráneo, Harry estacionó la moto y se quitó el casco
—Ya puedes bajar. — Como pude me bajé de la moto y alisé mi jardinera hasta que él goleó con uno de sus nudillos mi casco.
—Oh, sí, lo siento — dije mientras me lo sacaba. — Aquí tienes — se lo extendí. — ¿Dónde estamos?
—¿No te diste cuenta cuando entramos? — Yo no respondí. No quería admitir que estuve todo el camino con los ojos cerrados. —Estamos en un centro comercial. ¿Entramos? — Él me sonrió y yo asentí.
Caminamos hacia la puerta y luego nos subimos en las escaleras mecánicas.
—¿Cómo se llama este centro comercial? — Pregunté.
—Las Flores — respondió él — ¿No habías venido aún? Es el que más cerca queda de tu casa.
—Apenas llegamos el viernes, aún no salimos a conocer la ciudad.
—Pues te lo presento. Me encantaba venir aquí cuando vivía en tu vecindario.
Los dos caminamos por el centro comercial hasta que llegamos al área de restaurantes.
—¿A dónde vamos exactamente? — pregunté.
—¿Te gustan los waffles con helado? — el bajó su mirada para verme a los ojos.
—Sí — respondí.
—Bien, vamos — él agarró mi mano y me jaló hasta un puesto de helados al lado del puesto de Asadino, la cadena de restaurantes favorita de papá.
La chica que estaba en el mostrador me vio y sonrió, luego vio a Harry y se mordió el labio. ¿Acaso no puedes disimular?
—Bienvenidos a The Waffle House ¿qué les puedo ofrecer?
—Yo quiero un waffle de chocolate grande con helado de chocolate y vainilla — pidió Harry con toda confianza. — ¿Y tú? — me preguntó
—Ehh... ¿tienes waffles pequeños? — pregunté. Que estúpida me sentía. La chica asintió como si la respuesta fuera obvia. No era obvia para mí pero aun así sentí mi cara calentarse. —Dame uno pequeño de vainilla.
—El pequeño solo trae una bola de helado. — me dijo la chica.
—Lo quiero de cookie dough.
—Son 9 dólares — dijo la chica. Yo me quite el morral para sacar algo de dinero pero Harry agarró mi brazo impidiéndolo.
—Yo lo pago, no te preocupes.
—Pero...
—Nada. Yo te invité, de verdad... no es nada.
Le di una sonrisa tan minúscula que salió más como una mueca. Él pagó y la chica tomó su nombre para llamarlo cuando estuvieran listos.
Los dos fuimos hacia las mesas y nos sentamos en una de ellas.
—Así que te gustó el libro ¿No?
—Sí — no pude evitar sonreír — lo entendí todo.
—¿Qué entendiste? — preguntó él apoyando sus codos sobre la mesa y acercándose un poco más a mí.
—Ella prefirió la muerte antes que hablar. Superó el temor más grande que existe así que se convirtió en una persona completamente libre.
—¡Exacto! — Él rio — No sé cómo no lo pudiste entender antes.
—Tal vez porque sólo me concentré en sus torturas y no pude ver el mensaje final. Por cierto, a pesar de que ella superó ese miedo y eso, aún no estoy de acuerdo con que la haya tratado así.
—El fin justifica los medios, querida Hannah.
—Pues no estoy de acuerdo con eso.
Antes de que él pudiera replicar, la chica llamó su nombre y él fue por los helados. Cuando llegó me dio el mío y dejó las servilletas en la mesa. Fue muy rápido, pero pude ver como agarraba una servilleta que tenía unos números marcados en ella y como se la guardaba en el bolsillo.
Sentí un vacío en el estómago pero no dije nada. Solo me concentré en tomar mi primera cucharada de helado.
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Efímero | h.s (1)
RomanceTodos le advierten que no debería enamorarse de él pero ella no controla a su corazón. ¿Será que al final todos tienen razón? Hannah Gardner es una chica de 17 años que luego de la muerte de su madre se muda a una nueva ciudad con su papá y su herma...
