En el año 2025 la sobrepoblación afectó al mundo consideradamente. Principalmente a los países asiáticos y americanos, inquietando no solo la estabilidad de la economía, sino el medio ambiente y los estándares de orden a nivel mundial. El gobierno d...
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CHAD
No pretendo dialogar, quiero actuar y hacerlo pronto. Su plan se me hace nefasto y tonto, la presidenta parece ser estúpida pero no lo es.
Me meto a la alcoba, quitándome la ropa para ponerme protección abajo, quizá muera, pero no lo haré al inicio de la rebelión, quiero estar presente en la revolución y ser yo mismo que corte la cabeza de la presidente.
Me coloco ropa limpia arriba, una gorra y guardo dos armas dentro de mi cinturón.
Respiro profundo para comenzar a armar el caos dentro de la ciudad falsa de los secundarios; lo único que debo hacer es ir por Yordy, y que me llevé dentro. Doy marcha, el camino no es tan largo como parece, y es más fácil entrar al área de control de los secundarios cuando llevas el uniforme puesto. Desde el atentado con la bomba no dejan pasar a mucha gente sin saber qué es lo que realmente van a hacer ahí dentro, pero al ser guardia, los incrédulos te dan pase directo.
Miro a mi alrededor y veo guardias jugando con cartas en la entrada; cuando atravieso el umbral, solo me saludan con un leve asentimiento, y vuelven a lo suyo.
Doy un respingo, tratando de no parecer perdido, y comienzo a caminar hasta el primer elevador que se ponga enfrente. Mis dedos tiemblan cuando están a punto de oprimir un botón.
En cuanto las puertas se abren entro, esperando pacientemente a que se cierren y me bajen. Pero alguien entra, saludando, bajo la mirada para que no me vea tan directamente. También bajo un poco más la gorra, tratando de cubrir los rizos que sobresalen de los lados. El hombre me mira de reojo, siento su pesadeces y temo que ha reconocido.
—¿Seis? —Se pregunta, y no quiero mirarlo—, ¿qué haces aquí?
Me mira de frente, viendo todo mi uniforme, tratando de encontrar una anomalía. Pienso, si le digo que vengo de paso, alertara a todos de que estoy aquí, incluso a la presidenta.
Observo una esquina, en donde la cámara yace bien puesta. Si lo asesino, me verán. Cierro los dedos en torno al mango de mi arma, justo la que tengo detrás del cinturón, me muerdo el labio por dentro cuando el hombre frunce el ceño.
Lo hago rápido, apunto mi arma a la cámara y la hago caer de una detonación, el hombre se sobresalta y corre al botón de auxilio, pero lo tomó con fuerza de su chaleco y cae al suelo. Cierro los ojos, colocando el arma en su sien, y disparo.
Mis manos tiemblan con más fuerza y en cuanto el elevador se abre, salgo de inmediato. No tendré mucho tiempo en cuanto se percaten de lo sucedido; camino de paso por donde están los guardias monitoreando la ciudad falsa.
Me detengo a mirar mejor, y poder ver entre los presentes a Yordy; pero no es necesario decir su nombre, porque un hombre de barba larga levanta la mirada y sé que es él.
No está contento, su ceño se frunce y sale de inmediato a mi lado.