En el año 2025 la sobrepoblación afectó al mundo consideradamente. Principalmente a los países asiáticos y americanos, inquietando no solo la estabilidad de la economía, sino el medio ambiente y los estándares de orden a nivel mundial. El gobierno d...
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MERY
Mi corazón no soportaba más, no sabía qué me dolía más. Si las cortadas que la presidenta estaba creando en mi cuerpo, o el rostro hecho trizas de Chad.
Chad cayó de rodillas, suplicando, porque cada que lograba moverse, una descarga lo esperaba.
—Tómame a mí —murmuraba con las pocas fuerzas que le quedaban—, asesíname a mí. Por favor, te lo ruego.
Las risas de la mujer a mi lado, estaban transportándome a otro lugar, había perdido mucha sangre, no sabía cuánto soportaría.
—¡Suplica! —Le gritaba esta.
El dolor comenzó a desvanecerse cuando sentí que el cuerpo de dejaba de controlar. Fue tan fuerte que caí al suelo, rendida; lo único que pude pensar fue en la muerte, estaba lista, no podía seguir luchando.
Cerré los ojos, y ahí me quedé tratando de respirar cuando la presidenta dejó de tocarme.
—Eso es —murmuró—, que muera lentamente.
El sonido de la voz de Chad se volvió más y más débil, ya no podía escuchar nada. Y el dolor se clavó en mí, di una bocanada grande intentando recuperar el aliento que se me estaba acabando.
Abrí la boca, y tomé aire con fuerza.
—Mery, Mery, por favor —fue lo último que escuché cuando sentí que estaba por rendirme.
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CHAD
—Esto es lo que pasa con las personas buenas, Seis —Me dijo, mientras Mery se estaba desangrado en el suelo—, es tu culpa, y de nadie más.
Yo seguí de rodillas, tratando de alcanzarla. Entonces ella dio la orden de que me soltaran, y caí al suelo con mis manos todavía amarradas detrás, me puse de rodillas como pude, arrastrándome hasta donde estaba ella.
No pude tomarla entre mis brazos, no pude protegerla, no pude hacer nada. Chillé, colocando mi cabeza sobre su pecho, y bramé, bramé tan fuerte que sentí que la cabeza me iba a explotar.
—Por favor —susurré—, Mery, perdóname —chillé como un niño.
Una detonación sacó a todo de sus orbitas, la presidenta tiró una maldición.
—¿Ahora qué? —bufó lanzando la daga a un lado; la visualicé lentamente, esperando el momento para ir por ella.
Afuera se escuchaba un posible desastre, y pronto la presidenta se puso alerta.
—Parece que están peleando —apeló un guardia que se acercó a ella, y pronto los otros dos lo hicieron.
Me moví con sigilo para poder alcanzar la daga por detrás y romper las cuerdas que sujetaban mis muñecas. Pronto la puerta comenzó a ser golpeada. Y la presidenta comenzó a caminar hacia atrás, mirándome.
—Ni lo pienses —murmuró, corriendo por el bastón de electro choques; pero yo ya tenía la daga detrás, rompiendo la cuerda.
Y cuando ella corrió para darme con el bastón, rompí las cuerdas abriendo los brazos hacia enfrente. Levantando el pie para tirarla; los guardias voltearon, pero tenía tanta furia contenida que tomé a uno por la cabeza, girándola en un movimiento brusco, dejándolo caer al suelo, sin vida.
Uno seguía trancando la puerta, y el otro me estaba apuntando con su arma, mientras la presidenta intentaba ponerse de pie con esos largos zapatos que no se lo permitían.
Me quedé estático, esperando a idear algo para que no me disparen y pueda asesinarla. Los golpeas en la puerta fueron más insistentes; y el otro guardia comenzó a flaquear.
—Entraran —murmuró.
La presidenta estaba aterrada, su rostro estaba al punto de lloriquear.
—¿No qué siempre ganabas? —bufé, volteando mi codo para golpear al guardia que estaba detrás, cayó al suelo y corrí a ella.
Me tiré sobre su cuerpo, apretando su garganta con fuerza. Sentí las lágrimas invadir mi rostro por todo el odio contenido que ahora sentía.
—Ojala pudieras sentir todo lo que ella sintió —murmuré apretando más y más fuerte.
Sentí sus pies pataleando entre mi cuerpo. Y pronto un electrochoque me tomó por sorpresa, y aunque no solté mi agarre sí lo hizo débil. Pronto llegó otro, y me derrumbé.
Ella tomó aire con fuerza.
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Mi bebé ya ha sufrido bastante :'c
No falta mucho para el final
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