...
MERY
Nos miramos entre sí, pude ver a Lynn y su compañero, preguntándome si serían los primeros en pensar matarnos. Devon había sido reasignado a una nueva pareja, y me sentía terrible de no saber los nombres de nadie.
En diez días estarían muertos noventa chicos de esta sala; y no quería imaginarme, cuáles serían.
Comenzamos a caminar escalera abajo, entrando a la sala, en donde muchas personas estaban afuera, viéndonos. Entre ellos nuestros padres. Pude distinguir desde donde estaba, mi madre, tirando lágrimas.
—¡El desfile de luto se dará por toda la ciudad! —informó la presidenta, levantando las manos con cautela y emoción.
Los presentes hicieron bulla, y un par de trompetas comenzaron a sonar cuando los guardias nos tomaron y nos comenzaron a subir a autos flotantes, que contenían sillones de terciopelo.
Todo, descubierto para que todos los secundarios podamos vernos con perfección.
En ese momento pude ver a la presidenta muy de cerca, la cantidad exagerada de maquillaje, las pestañas que le llagaban a la frente, sus labios operados y lo extravagante que era su cabello, sumamente falso.
Sonrió, mostrando sus dientes perfectos y blancos.
—Pasen a sentarse con sus compañeros —indicó, moviendo una mano para invitarnos a subir.
Chad me tendió una mano, tirando de mí y rompiendo el contacto visual que tenía con la presidenta, que pareció notar mi descaró al mirarla.
—Vamos 201, sigue a tu compañero —Se había dirigido a mí, y eso me hizo temblar.
Y aunque ya había subido al auto, yo seguía con el cuello torcido para verla, y ella, a mí.
Chad me ayudó a sentarme con el vestido muy justo, sentí que le di un tiron que chirrió cuando por fin puse mis glúteos sobre el asiento.
Respiré profundo, sintiendo el sol, el sol real, el viento real.
Pero eso ya no me animaba de ninguna manera.
—Aquí el luto no nos parece triste —explicó la presidenta, que pasó hasta enfrente—. Al contrario, nos hace muy felices.
El cuerpo se me erizó.
Apreté la mano de Chad que seguía unida a mis dedos; la presidenta indicó unos retoques a su peluca, las trompetas seguían sonando con ímpetu en el exterior. Parecía que toda la ciudad sonaba al son de ella.
Los edificios blancos, todo era blanco en este lugar, excepto los atuendos de la presidenta.
—Hay un guardia en cada costado —continuó la presidenta cuando terminaron sus retoques—, siempre hay intento de suicido.
Una pequeña risa salió de sus labios.
—No parezcan triste, quiero que saluden a público —Cuando dijo eso, pareció diferente, y su rostro se contrajo, después alargó de nuevo la sonrisa, y se volteó.
El auto se movió, y miré a Chad, que parecía igual de incierto que yo.
Las calles estaban abarrotadas de personas, todos vestidos igual a nosotros, niños y niñas moviendo banderines blancos, echando espuma, lazos y todo, blanco. Mis ojos me lastimaban ver tanto color así.
Los gritos eran demasiados, no podía descifrar nada de lo que escuchaba.
Pero pude ver un cartel digital, una niña pequeña lo levantaba apenas.
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La prueba ✔
RomanceEn el año 2025 la sobrepoblación afectó al mundo consideradamente. Principalmente a los países asiáticos y americanos, inquietando no solo la estabilidad de la economía, sino el medio ambiente y los estándares de orden a nivel mundial. El gobierno d...
