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32: La rebelión

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MERY

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MERY

Me senté para descansar, el turno había sido muy largo. Coloqué mi mano sobre mi mejilla, tratando de no quedarme dormida. Ayer habían venido a sacarme medidas para el vestido de novia. A Noah no lo eligieron; y quería estar en su lugar. Había llorado tanto estos días que me sentía seca, sin ganas de nada. Me sentía tan indefensa y chillona como antes, cuando estaba en las celdas. Mi corazón no podía asimilarlo, aunque mi cabeza estaba repitiéndoselo todo el día.

Guardé todas mis cosas como de costumbre, pero Tyron levantó dos dedos para hablarme; miré a los lados, viendo como los demás ya se iban.

—Ven un momento —volvió a hablar y dejé mi bolso para ir a donde estaba.

—¿Qué pasa? —inquirí cuando me hizo seguirlo dentro, en donde había enfermos conectados a aparatos.

—Quiero que me acompañes a visitar a los abandonados —mencionó muy despacio, mirando a todos lados.

—¿A los abandonados? —quise saber, mirándolo con mucha incógnita.

—Quisiera mostrarte cómo viven fuera, y cómo ayudamos muy pocos aquí dentro.

Me detuvo un par de minutos a pensar en lo que quería que haga, no me parecía correcta la idea de romper las reglas; era secundaria y el papel decía que a la primera se acaba todo.

—Mañana es mi boda, necesito dormir porque me han contado que es un proceso muy largo —Quise zafarme con esa, pero Tyron alargó el ceño, insistente.

Escuché que dio un suspiro, y asintió poco después.

—De acuerdo, pero quiero que sepas que después de la boda, tu marido te dirá qué hacer —amenazó.

Lo recordaba, mi madre me lo dejó claro, la presidenta tenia leyes en contra de la libertad de la mujer. Mi cabeza estaba bloqueada entre hacer lo que quería u obedecer.

No encontraba valentía.

—Está bien, iré contigo —susurré, y Tyron alargó una sonrisa.

Caminé tras de él, mirando a todos lados para que nadie del turno nocturno nos viera pasar. Pero al parecer sabía por dónde irse, y no ser visto. Me incorporé a su lado, tratando de llevarle el paso.

—Esta gente está muy manejada por la presidenta —comenzó a platicarme—, no ayudan ni a su vecino, Mery, hemos trabajado por años para ser aceptados, tener una vida mejor.

—¿Eres de afuera? —pregunté asombrada.

—Me incorporé a la ciudad hace mucho, la presidenta me dejo quedarme porque tenía demasiados conocimientos para su medicina —detalló todo—, pero al poco tiempo me tomó del pie, comenzó a amenazarme; y ya no pude seguir con mi deseo.

La prueba ✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora