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MERY
Las personas bailaban alrededor de la sala. Me sorprendió ver a Lion ser el alma de la fiesta; realmente no conocía a nadie, no quería bailar.
Aprecié infinidad de veces las miradas de Chad en mi dirección; junto a la presidenta que ya iba con varios tragos encima. Nunca fui buena fingiendo nada, y ahora mismo quería correr y gritarle qué es lo que pasaba con él.
Había mucha gente, podría asegurar que toda la ciudad había venido a la fiesta.
Tomé mis faldas y caminé al baño, tratando de pasar por la puerta que le quedaba pequeña a mi vestido. Vi a un puñado de guardias seguirme, mirándome desde la entrada; ni siquiera podía meterme con facilidad al baño, dudaba mucho poder escapar.
Me mojé las manos para sentirme fresca; estaba cansada y quería dormir, pero no podía irme hasta que todo esto terminase. Y en mi cabeza no dejaba de rondar la idea de Tyron, la idea de poder comenzar a levantar la voz.
Me senté sobre el suelo helado del cuarto de baño, tratando de no derramar las lágrimas, tomando las pestañas postizas de mis ojos y arrancándolas con fuerza, tirándolas a un lado.
La puerta se abrió y me dio un sobresalto.
—Mery —Era mi hermano—, ¿qué pasa?
Se sentó frente a mí, mirándome directamente. No podía acostumbrarme a su rostro. Y yo solo me pude encoger de hombros, respingando con fuerza.
—Yo tampoco quería casarme, de hecho, me sentí muy contento cuando no salió mi nombre en ninguna chica —explicó, estirando la mano para limpiar mi lagrimas—, y es que a la presidenta no le gusta lo antinatural.
Lo miré de prisa, tratando de entender sus palabras.
—¿Sabes lo que hace con los homosexuales, Mery? —inquirió y negué con angustia—, los mete al calabozo, los prostituye.
Sentí un hueco enorme.
—¿Te gustan los chicos? —quise saber con todas las palabras.
Noah asintió muy despacio, sonriendo de lado.
—No quiero emparejarme con una mujer, nunca —aclaró y asentí.
Tomé su mano, y la apreté con fuerza.
—Saldremos de aquí —susurré—, te lo prometo.
La puerta se volvió abrir y esta vez ambos brincamos. Un guardia nos miró desde la entrada.
—Fuera, ambos —ordenó, Noah fue el primero en hacerle caso y aunque no quise, me levanté; tratando de acomodar mi maquillaje frente al espejo.
El guardia me tomó con fuerza del brazo y me sacó de un jalón fuerte, el vestido tronó cuando pasó el umbral, y yo me arrebaté de su agarre.