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CHAD
Día 5.
Una ráfaga de viento comenzó a movernos mientras seguíamos buscando agua. Había amanecido y nadie tenía ni un minuto de sueño.
Sentía que tenía piedras en lugar de zapatos, mis ojos fallaban y parpadeaban por la eminente falta de sueño. El calor, la falta de agua y de comida, nos iba a matar más rápido que otro secundario.
La sangre estaba seca y dura contra nuestros cuerpos, el olor era desagradable y sentía que pronto tendría arcadas.
Mery chistó.
—¿Qué ocurre? —susurré, mirándola.
Levantó el dedo, señalando entre las ramas, que se movían. Todos nos detuvimos a su lado, visualizando al animal que estaba arrastrándose entre la maleza.
—Debemos ser muy rápidos —hablé, pasando saliva para soportar la respiración y comenzar a caminar hacia él.
Tomé el cuchillo que Mery me dio, lo apreté con fuerza entre mis dedos, y di el paso, apenas haciendo audible mi pie contra el suelo. Di otro, acercándome de a poco al animal que todavía no se percataba de nuestras presencias.
Cerré los ojos, atraje más el aire y me lancé, tomándolo por las patas. Un pequeño cerdo, que chillaba por la fuerza que sostenía sus patas. Era fuerte, todos salieron y me ayudaron a sostenerlo, mientras clavaba el cuchillo muy profundo en su garganta.
Solté el aire, y un hueco se plantó en mi interior cuando lo vi apagar sus ojos frente a todos.
La compañera de Devon comenzó a quitarle la carne y partirla en pequeños trozos para poder masticarla.
—No podemos hacer un fogón —avisó Devon—, todos se percatarán que estamos aquí, gracias al humo.
Volteé los ojos, acercándome a la carne caliente. Traté de no tomarle el sabor, simplemente tragué, y tragué hasta que sentí el estómago lleno y estuve satisfecho.
—Come más —Le dije a Mery, cuando vi que simplemente comió un par de trozos.
Hizo una mueca, sentándose a mi lado.
—Lo que menos me preocupa es comer —mencionó, mirándome—, quiero saber qué tipo de trato hiciste con la presidenta.
La miré, un momento solamente, volteando a otro lado, viendo el pequeño cerdo despedazado en el suelo.
—No se supone que debo divulgarlo —aclaré, sin mirarla.
—Dime que, si salimos de aquí, estaremos juntos.
No dije nada, ni siquiera podría mirarla a la cara, y mentirle de frente, no me atrevía en lo absoluto.
Un estruendo libidinoso nos sacó de los cabales. Todos nos pusimos de pie, cuando el sonido se acercó. El estruendo parecía un oso hambriento, pero pronto se hizo más extraño, y cuando el crujir de los árboles se hizo presente, pude ver una ola gigante abriéndose paso entre la maleza.
—Carajo —farfullé, tomando a Mery para comenzar a correr.
—¡Es más rápida! —gritó Devon, provocando que todos nos detuviésemos y buscáramos ramas fijas para sostenernos.
Escalamos un árbol, no mucho, y nos aferramos lo mejor posible a las ramas sueltas. Apreté con fuerza el agarre de Mery cuando el sonido del agua se hizo prominente, y aspiré profundo cuando nos cubrió.
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La prueba ✔
RomanceEn el año 2025 la sobrepoblación afectó al mundo consideradamente. Principalmente a los países asiáticos y americanos, inquietando no solo la estabilidad de la economía, sino el medio ambiente y los estándares de orden a nivel mundial. El gobierno d...
