En el año 2025 la sobrepoblación afectó al mundo consideradamente. Principalmente a los países asiáticos y americanos, inquietando no solo la estabilidad de la economía, sino el medio ambiente y los estándares de orden a nivel mundial. El gobierno d...
Perdón por no actualizar, mi perrita enfermó y estuvo muy grave, luchó bastante por su vida pero al final no lo logró, tuvieron que dormirla para que dejase de sufrir. Me cuesta mucho superar la muerte de mis mascotas; pero me consuela que ahora esta descansando de tanto dolor.
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CHAD
—Déjame tocarte —susurra, colocando ambas manos en mi abdomen, tocando la zona alrededor.
Siento que baja la mano, tocando debajo de mi vientre, hace tanta fuerza que me lastima.
—¿Qué pasa, Seis? —inquiere, todavía meneando la mano en esa zona—, ¿quieres que te inyecté como la última vez?
Respiro profundo, tratando de concentrarme y que todo esto acabe. Me concentro en esa zona, sin abrir los ojos, sintiéndola en mí, moviéndose y jalando mi cabello con fuerza. Los ruidos que hace me perturban, me da asco.
Entierra sus uñas en mi piel y me muerdo el labio sobrellevando el dolor que me marca la espalda y mi zona, sus movimientos son demasiados fuertes, como si quisiera acabar conmigo de una vez por todas.
Grita y se deja caer sobre la cama, me levanto de un salto y me dirijo al baño para vomitar, sacando la bilis con amargura. Me siento mareado y meto mi cuerpo desnudo debajo del chorro de agua caliente, tratando de sentirme vivo de nuevo, limpio, liberado.
Me caigo sobre el suelo helado, bajo el chorro de agua caliente que me cubre por completo, intento respirar, y no volver a vomitar.
—¡Seis! —grita del otro lado de la habitación, y no respondo, espero hasta que las copas de más le hagan efecto y se quede dormida, que no me vuelva a tocar.
Chillo bajo el agua, aguantando las ganas de correr a ella y asesinarla con mis propias manos. Salgo cuando escucho sus ronquidos por toda la estancia, me pongo ropa ligera y me voy de la habitación.
Los guardias me siguen con la mirada, pero no me importa, de todas formas, nadie dice nada, la odian tanto como yo.
—¡Seis! —escucho tras de mi pero no me giro, sigo mi paso para salir—, no puede irse, la presidenta me ha dejado la orden.
Lo miro, un guardia un poco mayor me mira, tomando su arma en su cinturón; y sigo mi paso.
—¡Debe quedarse! —grita antes de que yo atraviese el umbral, y vuelvo para encararlo.
—Me importa una mierda lo que ella ordene —escupo con ira, caminando y viendo como comienza a caminar hacia atrás, cohibido—. Ya he cumplido por hoy, y tengo derecho a irme —bufo, dejándolo pegado a la pared de las escaleras.
No dice nada, y solo me mira irme. Tengo tiempo, ella estaba ebria y no despertará hasta que el sol le pegue en el rostro. Ya es media noche y voy tarde para encontrarme con Mery y Tyron, me darán indicaciones y yo haré de todo para poder formar un ejército con los secundarios, antes de que entren a su prueba final.