37: Demanda (Parte 2)

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...

Nos quedamos un rato en el fuego, la noche es fría y Tyron sigue discutiendo puntos con Emer.

—¿Crees que esto resulte? —pregunta Mery, sentándose a mi lado.

Puedo ver el fuego iluminar una parte de su rostro, y como irradia por sus mejillas rojas; toco su mejilla y sonrío. Ella se cohíbe, agacha la cabeza; me parece sorprendente como todavía siente pena ante mi toque.

—Solo es sacar a los secundarios e irnos —murmuro, mirándola a los ojos—, no es mucha cosa.

Mery me mira de vuelta y asiente, tomando mi mano que poso sobre su mejilla, besándola con delicadeza. Cada fibra de mi cuerpo reacciona y se convulsiona, se eriza mi piel y suspiro.

—Volveremos a estar juntos, Chad —dice en voz baja—, tendremos la vida que siempre quisimos.

La idea me hace querer seguir, acatar las órdenes que me dan sobre la rebelión y la revolución. Todavía no sé si saldré con vida de esto, pero quiero hacerlo, no moriría sin ver a Mery libre y a la presidenta muerta.

—Dime que ese tipo no te ha querido tocar, Mery —Lo murmuro, porque si lo hago con más fuerza, soy capaz de gritarlo, y aunque la ira quema mi sangre, intento contenerme.

Mery aprieta mi mano con fuerza, y niega, tranquila.

—No lo ha hecho, y no lo hará —habla tan despacio como yo—, no debes preocuparte por eso.

Aunque la respuesta es reconfortante, no me tranquiliza nada.

—¡Vámonos! —sale Tyron de la tienda de Emer y nos indica salir.

Mery y yo compartimos miradas, y lo seguimos de inmediato. Emer ya no sale detrás y Tyron no nos dice nada hasta que llegamos al túnel.

—Necesitas reunirte con Yordy lo antes posible, Seis —Me comenta, mientras subimos al túnel y hacemos marcha entre la suciedad—, te dirá que hacer.

Asiento, tomando a Mery para que no resbale con sus zapatos de enfermera.

—Mery, tendrás que enfrentar a tu amigo cincuenta tres y el ochenta —Habla de Rick y Devon—, los necesitamos.

Veo que el rostro de Mery cambia, reviviendo los fantasmas de su pasado, y sé que le será difícil hablar con Rick después de lo culpable que se siente. Pero también sé que Rick no le tendrá rencor, todos entramos a la prueba sin saber qué pasaría, ni siquiera yo sabía que el trato era por Yami.

—Y sé que el numero cuarenta querrá unirse, pero después de lo que paso en la última prueba, dudo que no quiera hacerles daño —Ahora habla de Lynn, y concuerdo con él, la última vez que la vi estaba furiosa—. Un paso a la vez —Termina, con la voz agotada.

Llegamos al punto en donde debemos irnos de nuevo a la ciudad, Tyron se adelanta y me quedo mirando de frente con Mery.

—Ten cuidado, ella es guardia del colegio —Le advierto—, Rick es profesor.

La preocupación está plasmada en su rostro, y temo por ella, aunque debo aprender a darme cuenta de su valentía. Mery no se ha rendido en todo este tiempo, incluso cuando no puedo estar ahí para protegerla.

Después de todo ella tenía razón, ya no estábamos dentro de las pruebas, ya no era la niña que temía por todo; y ahora era mucho más fuerte que yo.

—Solo no hagas tonterías, Chad —Me reprende, y me es imposible no soltar una risotada—, te conozco.

La abrazo con fuerza, siento su olor y me lleno de él.

—No prometo nada —respondo, besando su frente con delicadeza.

No dice nada, ella me conoce mejor que nadie; siento sus manos apretar mi piel tras la espalda.

—Bésame, Chad —pide y me congelo en ese momento, no sé qué hacer.

Mi cuerpo comienza a temblar, la miro a los ojos y no me atrevo hacerlo. Los recuerdos de la presidenta me atormentan cuando pienso en besar a Mery de nuevo.

Posa su mano sobre mi mejilla, y estoy estático. Me digo a mi mismo que debo moverme, pero mi cuerpo no lo hace. Mery se apoya en mis hombros, y se pone de puntillas para alcanzar mis labios, su aliento choca contra el mío y mi cuerpo reacciona de golpe, siento que me derrito.

—Mery... —murmuro, y ella solo hace un ruido con la garganta, sus suaves labios chocan con los míos, y mi corazón se suelta con un vuelco.

No soy capaz de besarla bien, y me hiere no hacerlo, pero ella está conforme, con el simple rose de nuestros labios ella sonríe y me vuelve abrazar.

—No te preocupes, lo comprendo —murmulla. 

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La prueba ✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora