En el año 2025 la sobrepoblación afectó al mundo consideradamente. Principalmente a los países asiáticos y americanos, inquietando no solo la estabilidad de la economía, sino el medio ambiente y los estándares de orden a nivel mundial. El gobierno d...
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CHAD
La noche llega muy oscura, escucho los grillos danzar. No veo nada, Tyron sigue caminando dentro de un hierbero demasiado desagradable. Y los vemos meterse a una cueva. Todos se detienen a tope, pero yo no, lo sigo, y al darse cuenta que lo hago, vuelven a reafirmar su paso.
Seguimos caminando ciegamente. Hasta que una pequeña luz sale del fondo, muy en el fondo. Y pronto la tenemos de frente, golpeándonos los ojos con dolor. Tyron se detiene frente a una compuerta de hierra, digitalizado por un infrarrojo de seguridad. Nos mira, nos cuenta y traza un digito en la máquina de un lado.
La puerta hace un ruido infernal cuando se abre, más de uno se sobre salta cuando pasa esto. Un pasillo reluciente y blanco nos espera; Tyron cella la puerta, y nos guía dentro. El sonido de personas dentro se hace audible, un olor diferente, demasiadas personas reunidas en medio de un gran salón, que nos deja a la vista un lugar grande, impecable, habitable y con mucha estabilidad.
La gente nos mira, aunque solo reconoce a Tyron. Nos sonríe de todas formas.
—Hasta que llegan —musita Emer saliendo de la multitud.
Nos da una ojeada, me mira y asiente, le regreso el ceño.
—No los atares más, Emer, dales habitaciones, todos necesitan descansar —murmura Tyron, ella asiente, moviendo la cabeza para llamar a alguien entre la multitud.
Una mujer joven sale y nos mira.
—Síganme, los pondré cómodos —La seguimos sin replicar.
La base es grande, muy grande, hay paneles de oxígeno, todo es de un blanco llamativo, y aunque hay poca luz, el color ayuda. Nos metemos a un pasillo lleno de puertas. Aunque todo este bajo tierra el lugar es muy fresco. Hay niños que corren y juegan, mujeres, hombres. Personas felices. Personas que parecen no preocuparse por nada.
—Les daré habitación a cada uno —menciona la mujer—, aunque si quieren compartir, no hay problema.
Se detiene, nos da una tarjeta. Los padres de Rick comparten, y Mery toma una para nosotros, sin decir nada.
—Hay ropa cómoda, ropa para entrenar y calzado, si no hay de su talla pueden presionar un botón rojo que hay dentro del armario, ahí mismo podrán pedir unos —Nos explica—, hay ducha y todo lo esencial para su cuidado personal.
Nos sonríe.
—¿Preguntas? —Nadie habla, estamos demasiado agotados para hacerlo—, el desayuno es a las ocho en punto, el almuerzo a medio día, la cena a las cinco y la merienda a partir de las ocho —Todos asentimos y sin decir más, se marcha.
Nos separamos, cada quien introduce su tarjeta para poder meterse a descansar. La habitación aunque es pequeña, parece acogedora; hay una cama en donde caben dos perfectamente, un cuarto de baño pequeño, pero bien distribuido, un armario, y un escritorio con linterna.