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48: Esfuerzo

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CHAD

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CHAD

Emer no había mentido, sí tenía un entrenamiento muy exigente. Pero había ganado mucho peso muscular, fuerza y habilidad. Yordy soltó el tercer golpe, ese sí pude evadir, girándome para tomarlo por la cabeza y tirarlo de un ataque.

Emer sonrió desde lejos, aplaudiendo.

—Has mejorado bastante, Seis —Me animó.

Me sentía mejor cuando me daban el ánimo. Siempre había sido muy seguro de mí mismo, pero últimamente no estaba muy tangible. Trataba de superar lo vivido todos los días. Me reconfortaba bastante que Mery esté a mi lado, que me dé aliento y ánimos. Emer también me ayudaba mucho; y aunque aún no quería saber más de mi pasado, ella estaba ansiosa por contármelo.

Me quité las vendas de las manos, respirando irregular cuando sentí que el cuerpo se me comenzaba a enfriar. Fui por una franela para limpiar el sudor que emanaba por mi cuerpo.

—Descansa, Seis, lo necesitas —Señaló Emer, saliendo del lugar junto a Yordy.

La sala estaba llena todavía, claro, no éramos los únicos que entrenábamos, aquí abajo había mucha gente dispuesta a sacrificar todo por ganar la batalla. Me coloqué la franela en el hombro, saliendo de la estancia para poder ir a mi dormitorio y darme una ducha. Mery estaba recostada en la cómoda, y me miró cuando entré.

—¿Trabajo pesado? —pregunté.

Hizo un mohín, levantándose para colgarse de mi cuello.

—Todavía tengo algo de energía —susurró.

Sonreí, levantándola con un brazo para entrelazarla sobre mi torso. Ella me besó ferozmente, pasando sus dedos entre mis húmedos rizos. Levanté suavemente su franela, la saqué casi sin despegarnos del beso que estábamos compartiendo; Mery se movió, nos hizo caer en la cómoda y desató mis pantalones para bajarlos.

Respiré profundo, llenándome de su olor y su calor. Cuerpo contra cuerpo, esto cada vez se iba más de control; no podíamos estar despegados tanto tiempo, nunca imaginé que Mery tuviera tanta sed de placer...

Terminamos en la ducha, riéndonos de algunos recuerdos que llegaron de repente.

—¿Recuerdas cuando te encontré tocándote en el baño? —inquirió, y cerré los ojos de vergüenza cuando el recuerdo vino a mi mente.

—Eso fue tan vergonzoso —mascullé, cubriendo mi rostro.

Mery tiró una risotada que hizo eco en el cuarto de baño.

Había muchas cosas de mí que en ese tiempo no comprendía, por qué crecía más que otros, porque me desarrollaba más rápido. Y cuando Emer confesó lo de mi edad lo comprendí. Me sentí muy mal, peor que nunca; las chicas que estuvieron conmigo, ellas eran menores. Sin duda era de lo que más me arrepentía.

La prueba ✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora