En el año 2025 la sobrepoblación afectó al mundo consideradamente. Principalmente a los países asiáticos y americanos, inquietando no solo la estabilidad de la economía, sino el medio ambiente y los estándares de orden a nivel mundial. El gobierno d...
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CHAD
Recoger los cadáveres fue lo más difícil, sin dudas; la gente estaba llorando sus pérdidas, y eran demasiadas. Devon y Rick estaban bien. Lynn había traído ayuda cuando pensamos que todo estaba perdido. Gracias a ella, ahora Mery respiraba.
Mery era tan fuerte, su corazón estaba débil pero no se dejó rendir. Ambos, ambos estaban a salvo; y yo demasiado feliz por ello. Aliviado.
Cavamos alrededor de cien tumbas de los nuestro; y entre los cuerpos perdidos, y los que no encontramos debido a que murieron en explosiones; eran quizá, ciento cincuenta.
Me restregué las manos, limpiando el sudor que emanaba con mi manga; la lluvia estaba por caer y las personas seguían en filas mirando las tumbas.
¿Cómo se lo tomaría ahora la gente de la ciudad?
Los pocos que quedaban de allá, se habían rendido, pedido perdón y jurado que solo seguían las órdenes de la presidenta para proteger a sus familias.
Emer les concedió el perdón, y los mandó a la ciudad para que den aviso de dejar salir a los secundarios, que se reúnan con sus familias. Que ya no se haría daño. Que podían vivir en paz.
—Es tu decisión, Seis —habló Emer junto a mí—, vivir con nosotros o regresar a la ciudad.
Miré el horizonte, y la puesta de sol que marcaba la pequeña brizna que comenzaba a caer sobre nosotros.
—Mery —murmuré—, ella lo decidirá.
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MERY
Dos semanas después.
Pude abrir los ojos, lastimándome con el color blanco de la habitación. No sentí el dolor que había sentido cuando me quedé dormida. Me sentí muerta, en serio sentí que había muerto.
Giré el rostro, encontrándome con el de Chad, dormido.
Los recuerdos vinieron a mi cabeza, y un sufrimiento paso por mi mente. Instintivamente me llevé la mano a mi vientre.
—Chad —murmuré, provocándole un sobre salto.
—Mery —Se levantó un poco para verme mejor.
Tomó mi rostro con ambas manos y dio un cálido beso sobre mi frente.
—El bebé —susurré, y vi una resplandeciente sonrisa en su rostro—, lamento no decir nada...
Chistó, en una melodía que emanaban sus labios.
—Está a salvo, tú también —recargó su frente contra la mía—, todo terminó.
Chillé, rodeándolo con los brazos, sintiendo la plenitud de estar libre.
Las cicatrices quedarían eternamente sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras almas. Las perdidas ahora tenían sentido, ella ya no estaba y todo se sentía como paz.
La gente en la ciudad clamó la libertad y el recuperar a sus hijos.
—Mery —Noah apareció en mi campo de visión.
Me había dado de alta, pero todavía me costaba caminar. Lo miré, sin sentir remordimientos; él estaba intentando salvar a mis padres. Yo no hubiera hecho lo mismo, pero cada quien es dueño de sus propias decisiones.
—Noah —lo abracé—, me da gusto que estés bien —respondí.
—Regresaremos a la ciudad, Lion también —Me miró la cara, pude ver el tatuaje de culpa inundar sus ojos—, lo lamento.
Negué.
—Estamos aquí, ahora —Le di ánimos, tocando su hombro—, ya no importa nada que haya pasado antes.
Me abrazó con un cálido apretón.
—Saluda a mamá y papá de mi parte —Le pedí.
—¿No volverás?
Negué, mirando el metal que nos rodeaba ahora.
—Puede que ahora no lo parezca, pero pronto esto se volverá en nuestro hogar —Sonreí—, pienso criar aquí a mi hijo.
Volvió abrazarme.
—Recuerda que siempre serás bienvenida, si decides regresar —añadió, soltándome.
Y lo vi alejarse, junto con el grupo que había decidido regresar a la ciudad. Chad llegó después, tomando mi mano.
—Yo todavía quiero freír su pellejo —murmuró, tomándome por la cintura para abrazarme.
—No es necesario, ya ha aprendido su lección.
Levanté mi mano para desearles buena suerte. Y ambos se despidieron, saliendo de la base cuando un guía los llevaría de vuelta.
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Todavía falta el epílogo...
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