49: Meta

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CHAD

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El silencio se tornó incómodo. La sala se sentía presionada, nadie sabía qué podíamos hacer.

—No podemos dejar que atraviesen la zona —repitió Emer—, no podemos poner a nuestra gente el riesgo.

—Pero si atacamos, nos exhibiremos, ellos sabrán que queremos ir por la ciudad —repuso Yordy.

—Debemos buscar la forma de llevarles ventaja —habló Rick, y todos lo miramos de un golpe—, Formar dos grupos, unos deben ir tras la ciudad, si la presidenta ha mandado gente, eso significa que debo un poco desprotegido allá. Podemos sacarla, y otros quedarse aquí cerca para proteger la base.

Emer compartió miradas con Tyron, y la verdad era el mejor plan que había escuchado hoy; no podíamos dejar aquí, pero tampoco meternos todos. Lo razonable era ir partidos.

—Formaremos los dos grupos, uno ira con Yordy y el otro, conmigo —Repuso Emer, saliendo de la sala.

—Prepárense para una posible salida por la mañana —Avisó Tyron—, duerman y guarden fuerzas.

Todos asintieron, y fuimos saliendo. Me quedé recargado sobre el escritorio.

—Debemos tener en mente que cualquiera puede no regresar —Escuché a Tyron decirlo, mientras todos asentían—, los que se quieran unir, diles eso.

Mandó a alguien. Me pareció malo pensarlo, era mejor pensar que regresaras, que triunfaras. Que ganaremos.

—¿Todo bien, Seis? —Me preguntó, tocando mi hombro.

—Lo está —respondí—, ¿hay algo malo? —inquirí porque me miró de una forma muy poco llamativa. Además él no era de los que más me preguntaba eso.

Negó.

—No, simplemente noto que tienes preocupación en el rostro —aclaró—, creí, bueno, no es nada.

Sonrió, caminando para dejarme. Fruncí el ceño, sintiendo que me estaba ocultando algo. Y entonces comencé a seguirlo.

—¿Le pasa algo a Mery? —Lo hice que volteara, porque supuse que era ella, trabajaban juntos.

Movió una mano, negando mientras lo hacía.

—No —compuso—, ella debe estar muy bien —cerró los ojos mientras me decía eso.

Asentí, sin poder creerle del todo. Pero no le dije nada más, lo dejé irse. Pero hice paso firme al dormitorio.

Cuando abrí la puerta, Mery estaba recostada en la cama, durmiendo. No quise despertarla, me quité los zapatos, y me recosté a su lado, abrazándola por detrás. La escuché suspirar.

—¿Todo bien? —inquirió con la voz ronca.

—No del todo, quizá mañana partiremos —murmuré contra su cabello—, no sé si podré dormir con eso en la cabeza.

La prueba ✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora