14: Confesión

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...

MERY

Cubrí lo que quedaba de mi cabello con un pedazo de tela que había cortado con las mismas tijeras. Me deshice del cabello y mi plan era mantener mi cabeza oculta todo el tiempo que se me permitiese.

Estábamos entrando a diciembre y faltaba tan poco para la última prueba que sentía que esto era todo.

Estaba hambrienta, pero no quería salir de cama nunca. Las lágrimas habían cesado por ahora, y sentí que el sueño me venció muy de pronto.

...

Cuando desperté todos estaban mirando lo que sus padres les habían dejado en las bolsas que traían; instintivamente me toqué la cabeza y me percaté que el trozo de tela estuviese muy bien puesto.

Chad no estaba, y no me extrañaba para nada. Tomé las revistas y las arrojé a su casa, volviendo a recostarme en la mía.

—¿No has ido a comer? —inquirió Yami, que se acercó a mí.

Se me quedó mirando como si ya supiese lo que había hecho con mi cabello; tomó mi mano, dándome aliento.

—Debes ayudarme a hacerlo —susurró, y supe a qué se refería, quizá sus padres le dieron el mismo consejo.

Confirmé, moviendo un poco la cabeza.

Pero la angustia se volvía a instalar en mí, cuál era la razón por la cual cortar nuestro cabello.

—¿A ti te dijeron de que trataba? —Le pregunté, pero negó.

—Nada con exactitud —miró a Rick de reojo—, pero creo a él le dijeron algo.

Lo miré unos segundos y se notaba preocupado; incluso más que yo.

—Rick —lo llamé, y me miró.

—No sé si decírselos, o si sea cierto —habló, caminando a nosotras. De inmediato Devon se interesó y se unió—, mi madre mencionó indirectamente que debemos matarnos.

Fruncí el ceño.

—¿Qué? —examiné.

—Eso fue lo que deduje, Mery, te dije que no sabía si era cierto —se encogió en hombros.

Todos compartimos miradas, sin decir nada; esto cada vez se ponía más y más extraño.

Chad entró, mirándonos con rareza cuando nos vio tan juntos.

—¿Reunión? —preguntó, levantando una ceja.

Bufé sin querer, y me acomodé en mi cama.

—Díselo Ricky —le pidió Yami, y Chad levantó una ceja, mirando al chico a su lado.

—No sé si sea cierto, repito —mencionó, mirándome—, pero mis padres han mencionado algo confuso sobre la última prueba.

Chad pareció interesado, y se sentó en mi cama; mirando de frente a Rick.

—Tenemos que matarnos entre nosotros —soltó, y Chad hizo la misma expresión que yo hace unos minutos.

—¿Qué? —preguntó—, ¿por qué querrían eso?

—Eso explica el entrenamiento —habló Devon—, y pedirnos cortarnos el cabello.

Chad me miró de pronto al escuchar eso, y me encogí en mis hombros, fingiendo no sentir su mirada, pero seguro él ya lo había notado.

—¿Cómo demonios mataremos a noventa chicos? —inquirió Chad, volviendo la mirada a todos—, chicos con los que hemos convivido siempre.

Sentí un nudo en la garganta.

La prueba ✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora