Chapter 28

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CONTENIDO ADULTO



~ S A N T I N O ~


Los besos de Sofía me estaban haciendo perder la razón, desde hace un tiempo que está mujer me hacía sentir como nadie, creo que desde que la conocía me traía a la vida y no podía dejar que se alejara de mí, no estaba dispuesto a perder lo único nuevo desde mi hijo.


—Sofía —Musité mientras dejaba que las manos de la chica me recorrieran la espalda. Ella estaba sobre mi escritorio y no había más que me hiciera sentir más excitado que esto. Mis manos rozaban sus piernas, el pijama apenas la cubría. Aunque no teníamos empleados, no quería que nadie más viera sus piernas. Comencé a rodar mis besos hasta su cuello, me gustaba escuchar los gemidos, no quería separarme ahora de ella.


De repente ella tomó la iniciativa, sin darme cuenta ahora estaba sentado en la silla. Alcé mis cejas cuando la vi quitarse la camisa. Tenía muchísimo tiempo sin tener sexo, no tenía ni tiempo para pensar en eso.


—Nena... —Mascullé apretando los puños pues tenía puesto ropa interior ligera de encaje.


—¿Te gusta? —Preguntó ella balanceando su cuerpo un poco hacia mí, jamás me habría imaginado verla de esa forma, no podía negar que me sentía atraído a la idea de que ella fuera como yo en la cama.


—Muchísimo.


Ya no podía aguantarme más, así que tomé su cuerpo cargándolo, no quería que nuestra primera vez fuera en mi oficina, aunque la idea me mataba por dentro. Cerré la puerta con uno de mis pies, me gustaba el olor que tenía la muchacha justo ahora. Deposite su cuerpo en la cama con delicadeza, me resistía a no quitarle lo que restaba de ropa. Pero no quería que ese deseo desenfrenado que sentía por ella me invadiera tan rápido. Mis besos descendieron hasta su pecho, el sabor de su piel era delicado, me volvía loco como su olor. No era dueño ahora de mis movimientos, dejé que una de mis manos viajara hasta su cadera, para apretar un ahí con algo de fuerza.


Los jadeos de la joven me estaban dejando sin aliento. Con mi mano libre decidí quitar su brassier, ella no tenía el control de esto, sus manos estaban en mi espalda mientras yo llevaba mi boca hasta uno de sus pezones, besándolos con lentitud, podía sentirla erizarse con mis roces de mis dientes en sus sensibles pezones erectos.


—Santino —Musitó Sofía arqueando su espalda. Aquello me dio oportunidad de meter una mano por ahí debajo, la que quería tomar por completo para saborearla por completo a mi gusto. No sé si me comenzaba a exceder con las mordidas, porque ella se quejó levemente.


—Lo siento —Lo menos que quería ahora era lastimarla, pero quería morderla por todos lados. Así que comencé a dar pequeñas y delicadas mordidas a lo largo de su abdomen, bajando poco a poco, hasta el pantalón de pijama que llevaba. Dejé caer su cuerpo para poder quitar esa prenda con ambas manos, llevándome consigo la ropa interior, me estaba matando tenerla con tanta ropa.


Su desnudez era una exquisitez para mí. No pude resistirme a abrir sus piernas y dejar mordidas su entrepierna antes de llegar a su sexo. Respirar ese aroma y hacerla erizar me complacía completamente. Las manos de la chica fueron hasta mi cabeza, ella quería también eso. Así que llevé mi boca hasta su sexo, mi lengua comenzó a jugar con su clítoris, aquello la había hecho soltar un intenso suspiro junto a un jadeo, su respiración estaba agitada y yo podía sentir como mi erección estaba por romper mi pentalón. No sabía que tiempo tenía ella sin tener relaciones pues cuando metí dos de mis dedos dentro suyo estaba bastante apretada. Respiré con fuerza cuando pude darme cuenta que la joven había tenido un orgasmo en mi mano.


—Santi —Suspiró ella cuando me alejé de su cuerpo. Verla tan vulnerable a mí, con una delgada capa en sudor por el previo orgasmo. Sonreí ladinamente y empecé a desabrochar cada una de los botones de mi camisa, quería torturarla un poco pues sabía que aun quería un poco más de eso, luego de la camisa seguí con mi pantalón. Mi ropa interior no ocultaba mi gran erección. Me toqué por encima de la tela. Así que cuando me lo terminé por desnudar, la vi tragar saliva. Sonreí nuevamente. Por uno momento se me olvidó que debía buscar un condón para poder seguir, así que volví alejarme de ella y buscar alguno en mis cajones, por suerte había un par ahí.


Me volví a acostar en la cama, justo encima de ella luego de ponerme el condón. La miré a los ojos, quité de su rostro algunos mechones de cabello que me estorbaban esa hermosa cara que tenía. Ambos sonreímos luego de mirarnos por unos segundos, largos segundos. Empecé a hundirme en ella lentamente, se quejó y aunque quería detenerme, pero un jadeo final y una sonrisa me hicieron darme cuenta de que le había gustado finalmente tenerme dentro de ella. Así que no vi razón por la cual cesar mis estocadas ligeras que poco a poco se habían intensificado. De mi boca salían algunos jadeos mientras que ella gemía con fuerza haciéndome sentir más y más completo.


—¡Santino! —Gritó con fuerza temblando, volví a sonreír bastante complacido. No dejé de moverme pues quería sentirla nuevamente de esa forma. No podía dejar de pensar que me hizo ver el cielo. Tomé una de las piernas de la joven llevándola hacia delante para poder hundirme con más fuerza en ella. Sus ojos se volteaban y yo mordía mi labio al mirarla como estaba.


Mi mano estaba sobre su cuello ahora, solo apreté con algo de fuerza, no quería excederme demasiado y que ella no disfrutara eso que por fin estaba pasando, ella no sabe cuántas veces había pensado en ese momento, pero era mucho mejor que ese día. No era normal sentirme de esa forma después de tanto tiempo, no quería parar. Ya hasta le había cambiado de posición un par de veces, su trasero tenía mi mano marcada y su espalda unas líneas hechas por mis uñas.


Ya no pude más, ahora podía ver su rostro. Ella se había compadecido de mí y ahora estaba sobre mí, con sus dos manos se impulsaba hacía delante y atrás o daba saltos que me volvían loco. Mirándola pude encontrar mi propio orgasmo, mi boca estaba seca y la dejé caer sobre mi pecho. Ella también estaba cansada como yo. La mañana se nos había pasado rápido, pero todo con ella era así. Magnifico.


—Te amo —Acaricié su espalda. Si no queríamos que Bruno nos encontrara ahí, debíamos recomponernos rápido pero no quería separarme de sus brazos. Así que me di el lujo de estar así un ratito más, podíamos correr en un momento, pero ahora necesitaba sentirme uno con ella... Una vez más. Así que la giré y la puse debajo de mí, quería divertirme.


EME.


BOSS || #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora