Chapter 39

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~ S A N T I N O ~


4 días.


4 días han pasado desde lo que pasó. 


4 días sin saber casi nada de Sofía. Me comenzaba a volver loco. No había regresado a la empresa por miedo a perderme algo, perderme que ella entre por la puerta y no me vea. No podía comer, ni dormir. Me estaba hasta comiendo las uñas, la madre de Sofía ha sido buena conmigo y me deja quedarme con ellos, dormía sobre el sillón junto a osito que era de Sofía, olía a ella y  por eso dormía abrazado a el. 


—¿Nada aún Santino...? —El padre de Sofía me habló. No lo había hecho desde que desapareció su hija. Lo miré y negué con la cabeza, no había mucho que yo supiera que ellos tampoco supieran. Suspiré y seguí tomando algo de café. Eran las 5 de la tarde, estaba lloviendo. Bruno se había estado quedando con mi madre y Nicolás, no tenía cara para ir a verle, aunque le llamaba todos los días. Debería ir a verle. Tal vez me haría bien. 


—Iré a ver a mi hijo... Si algo pasa, llámenme, yo haré lo mismo... 



Podía ver en sus caras que no estaban muy contentos con mi presencia. Aunque podía entender. Desde que estaba con su hija, no dejaba de pasar por ese tipo de cosas, yo no era bueno para ella. Sabía que debía alejarme, dejarla ir. Que fuera feliz. ¡MIERDA! La amaba tanto que imaginarla con alguien mas me volvía loco. Me haría tanto daño pero si ella salía lastimada cada vez que parecía que estuviéramos bien. Ella no era feliz conmigo. 



Golpeé varias veces el volante con las palmas de mis manos, no podía respirar bien, no había momento que no me echara la culpa de lo que pasó, no podía pensar en nada más que eso, la amaba tanto y quería que fuera feliz. Me estacioné en el primer lugar que encontré. No quería tener un accidente, pero ahí comencé a llorar. Mi corazón se estaba saliendo por mi boca, grité e intenté sacar todo lo qué tenía dentro de mi. Con la cabeza aún pegada al volante salté en mi asiento cuando el sonido de mi celular rompió el silencio que se había creado luego de eso. 


Levanté el aparato, sin ver quien era lo atendí. 


—¿Aló? —Traté de sonar lo más calmado posible. Podría ser de la empresa. 


—Santino... —Massimo.


—¡Capio! Hace días que no tengo noticias de ti... ¿Qué ha pasado? Dame buenas noticias por favor.


—Si te tengo buenas noticias... Allanamos la casa de Lucianna, encontramos pruebas que la culparían del secuestro de Sofía, lleva meses hablando con Carlos y acá hay ropa de hombre, supuse que no es tuya, así que seguiremos buscando para encontrar donde la tienen pero por lo que hemos encontrado, están en la costa.


Eso no me ayudaba, esto era como una isla, podría estar en cualquier lado. 


—Massimo, dime que la encontraras... 


—La encontraremos amigo, es cuestión de tiempo —Ya me estaba cansando de escuchar eso, pero gritarle al nieto del jefe de la mafia italiana, no era buena idea, menos cuando me estaba ayudando sin tener que hacerlo—. Créeme... 


—Gracias. Llamame si encuentras algo mas... 


—Claro amigo. 


Luego de eso no me sentía mejor,  eso no me hacía sentir bien. Lo contrario, me tenía mas intranquilo. Si ese hombre estaba loco podría estar torturando a Sofía o, peor, podría haberla... No, no podía pensar en eso. Tragué saliva y arranqué el auto nuevamente, debía ver a mi hijo, dormir a su lado. Ver a mi familia quizás me calme un poco. 



~ S I N  N A R R A D O R ~


Sofía se encontraba llorando. Estaba tirada en el piso frío, podía sentir como sus brazos se le dormían por estar en esa posición. Estaba sin pantalón y su camisa parecía rasgada. Por mas que gritara, por más que peleara, no podía salir de ahí. Carlos cada vez que bajaba a ese lugar dejaba arena por el lugar, con eso ella se había dado cuenta que estaba cerca de la playa. Pero no servía de nada saber eso si igual no podía correr o, siquiera, levantarse. 


—Buenos días querida... —La pequeña abrió los ojos. Carlos estaba agachado frente de ella con una sonrisa. Le había golpeado una y otra vez pero lo que más le gustaba era torturarla haciéndola creer que le había violado—. ¿Qué tal dormiste? —Sonrió. Ella no pudo hacer mas que comenzar a llorar. El la levantó para luego golpear su rostro—. ¡Cuando te hablo respóndeme!


Por mas que quisiera hacerlo, ella no podía pronunciar ninguna palabra, no era capaz de eso. De su garganta ya no salía ningún sonido que no fuera una queja por los golpes que le daba el mayor. 


—Sabes lo mucho que me divierto contigo... Igual de apretada que siempre...  —Susurró en su oído. Aquello siempre terminaba rompiéndola por dentro. Terminaba llorando y pidiéndole a todos los dioses que conocía para que la sacaran de ese lugar, ya no aguantaba, en cualquier momento moriría. El estaba haciendo con ella lo que quisiera—. Vamos pequeña... Antes no llorabas, antes te encantaba cuando te tomaba con fuerza. 


La fuerte risa del hombre rebotó por las paredes de esa habitación semi-oscura, así como el llanto de la mujer. Nuevamente quedó sola para que ella misma se torturase con pensar en que las palabras de Carlos eran de verdad.  Se sentía sucia, solo pensaba en eso. Pero justo en ese momento pensó en Santino, luego en Bruno. Sonrió entre dientes mientras comenzaba a quedarse dormida, era lo único que hacía desde que estaba ahí. Parecía que han pasado semanas. No comía casi nada y apenas le daban agua. 


<<Por favor, ayúdame>>


Miró al techo, pensando que eso le haría sentir mejor, hablar con Dios, con quien estuviera escuchándola, podía eso, a lo mejor, reconfortarla. 


—Déjala por favor... —Le pidió Lucianna a Carlos cuando le vio pasar a la cocina.

 

—¡TU NO ME DICES QUE HACER! —El nuevamente alzaba la voz y hacía temblar a la rubia—. Sirve para algo mas que quejarte... 


EME.


BOSS || #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora