~ S A N T I N O ~
El vuelo se me había hecho eterno, parecía que el destino no quería que yo regresara a Roma ese día, pues se atrasó el vuelo y tuve que esperarme mas de lo debido y luego en migración hubo un pequeño problema que nos retrasó a todos. Ahora me encontraba enojado, irritado y con pocas ganas de hablar, no sabía que hacer con todo lo que tenía en mi cabeza, sin embargo, una vez llegué a casa fui hasta mi habitación, yo conocían como estaban mis cosas y por eso me di cuenta que las cosas que faltaban de Sofía estaban en otro lugar, dejó sus documentos, su laptop, dinero. No había huido, le hicieron algo. Eso solo hizo que mi sangre hirviera aún mas. Bajé hasta el garaje, faltaba también mi auto. Sofía solía usarlo cuando tenía que salir y yo no estaba, aunque muy poco solía tomarlo, pues no le gustaba manejar mucho tiempo, así que el lugar donde había ido, no estaba muy lejos.
Tomé otro auto y me dirige hasta la casa de sus padres, sabía que estarían todos preocupados por ella, no era bueno que los dejara solos. Mientras tanto, recibí una llamada que no quería ahora mismo. Henry.
—¿Qué pasa? —Dije colocando el audio en Altavoz.
—¿Me vas a preguntar eso en serio? Hablé hoy mismo con Sofía, ¿Qué pasó debo preguntarte a ti? Siempre pasa algo con Sofía cuando está contigo...
—¿Estás echándome la culpa de esto a mi Henry? ¿Quieres hablar de culpa conmigo? —Comencé a alterarme.
—No, no quiero hablar ahora, solo quiero saber que es lo que sabes
—Lo mismo que tu, no sé nada, solo que debemos esperar un poco hasta saber noticias, pero cualquier cosa, te estaré diciendo.
—Gracias Santino, hablaré con mis contactos allá, para que te ayuden...
—¿No estás en Roma?
—Estoy en Estados Unidos, de eso estuve hablando con Sofía, la noté normal... Pero se que había algo que la atormentaba...
—Estoy llegando a casa de sus padres, cuando pueda te contaré lo que pasó. —Era la primera conversación sin una pelea que teníamos desde hace años, desde la muerte de su esposa que no habíamos hablado de esa forma. Bajé la mirada—. Mira... La amo, jamás haría algo para lastimarla Henry, si vas a ayudarme, por favor, no me eches la culpa de nada esto...
—Se que la quieres, así como yo también la quiero, te ayudaré en lo que pueda.
—Gracias Henry —Ahora si le colgué, me dolería ver a su madre llorando por lo que estaba pasando pero debía ser fuerte. Miré nuevamente mi celular, no era tan tarde como pensé. Caminé hasta el ascensor sin dejar de mirar el reloj de mi muñeca, me lo había regalado ella hace un par de semanas, no podía dejarme de esa forma, sentí mis ojos llorar por unos segundos, pero me contuve cuando las puertas del ascensor se abrieron. No era de mis lugares preferidos, pero venir a ese lugar me hacía recordar lo que habíamos vivido desde que nos conocimos. La última vez que sentí esto de que podía perderla, fue cuando estuvo en coma.
Creo que conmigo le han pasado demasiadas cosas malas, no sabía porque seguía a mi lado, yo no era bueno para ella, quizás lo mejor que debía hacer era alejarme de ella, dejar que Henry la conquiste para que la haga feliz.
Aunque me dolía lo que estaba pasando por mi cabeza, tal vez esos pensamientos eran por algo, sin embargo una vez entré a la casa de mi suegra alejé esos pensamientos de una vez, no quería sentirme aún peor.
—Santino —Me recibió su madre con un abrazo, no pude decirle nada mas que recibir sus brazos, dejarme llevar un poco por ese acto. Pero antes de que me diera cuanta se acabó, suspiré y la tomé de las manos. La conversación era bastante vaga, solo tomábamos café mientras que esperábamos un milagro.
Mi celular sonó poco después. Era Massimo Capio.
Me levanté de donde estaba para contestar la llamada, quien me decía que su gente ya estaba metida, la mejor de todo el cuartel, no faltaba mucho tiempo para que encontraran a Sofía y que solo debíamos tener un poco de paciencia, pero a mi se me había acabado hace mucho tiempo cuando aguantaba cosas de Lucianna. No podía hacer nada más que esperar.
~ S I N N A R R A D O R ~
—¿NO ESTAS ENTENDIENDO LO QUE TE ESTOY DICIENDO? —Gritó la mujer a Carlos quien estaba fumándose un cigarrillo, relajado, el no sabía quienes eran los Capio y tampoco le importaba, no era capaz de entender la gravedad de la situación.
Lucianna temblaba mientras pensaba que aquello había sido la mayor metida de pata, por su mente pasaba la idea de que debía salir de ahí y acusar a Carlos, tal vez podrían darle menos tiempo de prisión si hacía eso. Con el dinero que tenía podía conseguir un buen abogado que le hiciera el caso para que no fuera a la cárcel. Pero ahora nada de eso iba funcionar, cada minuto ahí estaba mas cerca de una muerte dolorosa.
—Ya la tenemos... No te puedes arrepentir... —Finalmente habló el hombre. El alzó su mano y golpeó el rostro de Lucianna, no era la primera vez que golpeaba una mujer y siempre que lo hacía se sentía tan bien consigo mismo, por eso pensaba que debía seguir haciéndolo. Mordió su lengua. Tenían a una Sofía sedada y amordazada en el sótano de la casa. Era el lugar perfecto para ellos, cerca de la playa y lejos de todos. Sería algo perfecto para el crimen.
Carlos no solo quería secuestrar a Sofía, quería matarla. Acabar con su miserable vida de una vez, pero primero se divertiría con ella un rato.
—Carlos... Es la mafia, nos mataran... —Le dijo la rubia tomándole el brazo pues sabía a donde se dirigía. El había hablado de las cosas que le haría a la chica una y una vez, perturbando a la mujer.
—Yo ya estoy muerto... Como tu y como ella —Se soltó bruscamente.
Salió de la habitación donde estaba Lucianna para ir a donde estaba Sofía. La rubia se quedó ahí. Escuchando como Sofía pedía ayuda, como pedía que se detuviera. Ella soltó una lágrima. No podía hacer nada, también le tenía miedo a Carlos y si salía de ahí, los Capio la matarían.
EME.
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BOSS || #1
RomanceSantino Rinaldi era el típico hombre de negocios que estaba harto de las mujeres fáciles, frente a todos era un hombre frío y sombrío, como si esa fachada era algo para cubrirse las espaldas. Luego de que su prometida lo dejara a un par de días de l...
