Santino Rinaldi era el típico hombre de negocios que estaba harto de las mujeres fáciles, frente a todos era un hombre frío y sombrío, como si esa fachada era algo para cubrirse las espaldas. Luego de que su prometida lo dejara a un par de días de l...
—¿Ya se puede ver el sexo? —Sorpresivamente preguntó Sofía.
—No, faltan un par de semanas más, seguramente cuando vuelvan a venir, lo sabrán —La doctora sintió esa emoción que ambos sintieron.
—Está bien —La cabeza de Sofía era un tormento, tenía tantos pensamientos, ahora sentía más cerca al bebé ahora que lo vio.
Al terminar la consulta, le dieron unas copias de los ecos, Santino pidió llevarse alguna para mostrarle a Elettra. Sofía no quiso discutirle, sentía la ilusión que tenía Santino. Al regresar al auto Santino miró su reloj, estaba atrasado para una reunión.
—Alessandro, llévame primero al trabajo, tengo una reunión importante... —Dijo amargado.
—¿Todo bien en la empresa? —Interrogó Sofía. El italiano que la miró y su mirada se suavizó.
—Mas o menos, perdí a dos de mis socios y estoy tratando de recuperarlos.
—¿El señor Coppola? —Ella se había metido en el trabajo y sabía que ese hombre era de armas tomar y siempre amenazó con irse.
—Sí, es un dolor de cabeza, pero su hijo quiere seguir con los negocios, es el alivio que me da... —Santino estaba irritado esas semanas por todo lo que estaba pasando en la empresa.
—Me gustaría regresar a trabajar, luego de tenerlo... —Señaló a su vientre.
—Aún faltan un par de meses para eso, lo hablaremos cuando pase... —El sentía responsable por la vida de ambos, era su hijo y ella era amor de vida.
Cuando llegaron, Santino quiso despedirse de Sofía pero ella se bajó.
—Quiero ver a Elettra... —Explicó.
Ambos subieron al piso donde se habían conocido. Era nostálgico para Sofía, ambos habían vivido tantas cosas en ese lugar, un amor que creció por accidente pero que les había cambiado la vida. Ella volvió a sentir ansiedad, estaban en el ascensor, estaba recordando muchas cosas que vivió con Santino. Quien solo pensaba en la reunión que tenía.
—¡Sofía! —Elettra los vio llegar.
—Querida —Sofía estaba estaba feliz por verla nuevamente, le había echado de menos. Santino se perdió en los pasillos sin despedirse o decir nada. Elettra se arrodillo frente de la morena.
—Hola piccola o piccolo —La forma en la que le hablaba hizo que Sofía pensara que tener un hijo no era algo malo, sin importar del padre, no era solo su familia que tenía apoyándola sino que los Rinaldi estaban a su lado—. Vas a tener una familia muy loca, pero ya te queremos —Elettra le dio un besito a su vientre. En otro momento Sofía no lo habría permitido, pero hoy su corazón estaba abierto. La morena soltó un par de lágrimas.
—Gracias Elettra —Se limpió el rostro. La mayor se levantó del suelo y acarició su rostro. Estaba feliz por verla nuevamente, parecía que las cosas mejorarían pronto.
—Eres parte de la familia, eres mi amiga, Bruno te quiere muchísimo, Nicolás aún más... —Ella habló con el corazón—. Santino te ama más que a el mismo, no sé que tan sano sea pero estoy segura que ambos harán lo posible para que esto vuelva a ser como antes.
—Nunca tuvimos una relación normal Elettra... Lo sabes, no éramos de pelear demasiado, pero con su matrimonio y su padre, todo fue difícil... Ya no sé como sentirme.
—Pero van a tener un hijo, se que si ya no quieres estar con el, al menos lo dejarás ser parte de la vida del bebé, pero deben hablar...
—Sabes que el bebé no es de el...
—Claro que lo es, ya estabas embarazada cuando pasó aquello —Nadie prefería hablar de eso. Sofía se quedó en silencio, no quería discutir, aun era algo que estaba por verse, pero ella no creía que fuera de Santino y que estuviera haciéndose ilusiones era algo que al final le dolía.
—Debo regresar a casa, quiero descansar, el embarazo me chupa la energía —Sofía se despidió de su amiga y fue hasta el auto. Alessandro era un hombre callado y enigmático.
En el camino hacia la casa, ella comenzó a hablar, hacerle un par de preguntas sobre su vida para conocerle principalmente. Cuando llegaron a la casa ambos se despidieron, y la joven quiso hacer lo mismo con la mujer que ahora se encargaba de la casa. Solo que luego de darse una ducha y cambiarse de ropa.
El resto de la mañana y toda la tarde pasó con Gala, cocinando y comiendo, tratar con alguien mas que no fuera su familia, y de una forma tan natural hizo sentir muy bien. La noche cayó y luego de comer, la mujer caminó hasta su habitación.
Había dejado la puerta semi abierta cuando se acostó en la cama para leer un libro que llevaba un par de días consumiendo. Se lo había llevado a la consulta y ahí metió las eco, cuando llegó a la pagina donde estaban, vio lo que había guardado.
Ver a su bebé fue algo que le hizo sonreír, era su bebé. Acarició su vientre, no era tan grande pero era notable.
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—Hola piccolo —Le dijo como le había llamado Elettra—. Perdona por las cosas que he dicho... Prometo que seré una buena madre, te daré todo el amor que mereces, eres una luz entre toda mi oscuridad —Ella comenzó a llorar. El día había sido muy emotivo, para todos.
Hasta para Santino quien había llegado a casa, desanimado, le dio tiempo de ir hasta casa de su madre para visitar a su hijo y a su madre, mostrarle la eco. Pero ahora estaba del otro lado de la puerta, escuchando las palabras de Sofía. Su animo se había ido al carajo con eso, el se sentía culpable por todo.
La noche terminó para ambos bastante diferente, Sofía tenía una sonrisa en su rostro, estaba feliz por las conclusiones que llegó durante del día, las emociones que sintió. Por otro lado, Santino estaba echo mierda, estaba realmente mal, no tenía lugar para su corazón, recordar e imaginar las cosas que había pasado Sofía, lo llevaba a la mierda.